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En medio del dolor,esperanza. Jesús Boquillaza sostiene en brazos a su hijo Rafael Jesús, el primer bebé nacido después del terremoto del miércoles. Nació ayer en una tienda de campaña. (LA PRENSA/AP/A. OGERZOGO/ANDINA)
Caos y angustia
El drama de Perú
GUADALUPE, PERÚ/AP

Cientos de damnificados por el terremoto que afectó esta zona de Perú salían de los escombros el sábado para abalanzarse sobre carros que llevaban alimentos, en medio de la desesperación de otros miles de afectados en varias localidades.

El ministro de Defensa, Allan Wagner, dijo a la AP en Pisco, otra de las poblaciones devastadas por el movimiento telúrico, que la cifra de muertos ascendía a 540, mientras que la de heridos era de más de 1,500 y hay 80,000 damnificados.

Los pobladores de este lugar, a unos 230 kilómetros al sureste de Lima, permanecían acurrucados dentro de endebles cabañas fabricadas por ellos con palos y toldos de bolsas plásticas, tras la caída de decenas de casas de adobe.

Entre la polvareda y el brote de enfermedades respiratorias, niños, ancianos, padres y madres aguardaban la ayuda bajo el frío, mientras que algunos levantaron trincheras improvisadas en las calles para evitar que los extraños ingresen a robar lo poco que les queda.

Tras el anuncio del arribo de un envío de suministros, la gente se abalanzó a una pequeña camioneta que llevaba algo más de 60 bolsas con fideos, aceite, latas de atún, agua y arroz.

“No he comido nada más que unos dos vasos de leche. Yo vivo sola, pero estamos pidiendo algo de comida para los niños que tienen hambre. Nosotros también estamos afectados y no nos llega nada de ayuda”, dijo a AP Libaña Sánchez, de 52 años, que luchaba por conseguir algo para sí entre la multitud.

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