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(LA PRENSA/O. Miranda)
Nueva estrategia para los SAM-7
Lo inimaginable ocurrió a finales de julio: el presidente Daniel Ortega, feroz defensor de los misiles conocidos como SAM-7, dijo que destruiría 651 de ellos a cambio de ayuda médica de EE.UU. para algunos analistas, si la oferta se llega a concretar sería un éxito de la administración sandinista
Carlos Salinas Maldonado
domingo@laprensa.com.ni
Acuerdo necesario: paso a paso

El especialista en temas de Defensa y Seguridad, Roberto Cajina, que ve optimista la propuesta del presidente Daniel Ortega de destruir 651 misiles SAM-7 a cambio de apoyo humanitario por el Gobierno estadounidense, dice que los pasos para hacer efectiva esta iniciativa incluyen:

La preparación de un documento oficial por parte de las autoridades del Ministerio de Salud en el que se especifique las principales necesidades en equipo y medicamento, que se darían a cambio de la destrucción de los misiles.

El Minsa enviaría este documento a la Cancillería, encargada oficialmente del procedimiento, y que además recibiría información del Ejército, por ser este el encargado de la destrucción de los misiles.

El Gobierno deberá pedir a los diputados de la Asamblea Nacional que aprueben la destrucción de los misiles, de acuerdo con lo establecido en la Ley General de Armas. Según Cajina, el visto bueno de la Asamblea sería la garantía que tendría EE.UU. sobre la destrucción de los SAM-7. “Esta es una de las pocas propuestas que ha encontrado un consenso general: prácticamente nadie está diciendo que está en contra. No veo problema que la Asamblea Nacional abra el candado. Es un paso interno en Nicaragua. Si la Asamblea acepta la propuesta de los EE.UU., hay certeza de que la destrucción se va a dar. La parte política está en la Asamblea”, afirmó el analista.

Tanto EE.UU. como Nicaragua debería crear comisiones negociadoras encargadas de estudiar las propuestas oficiales, firmar un documento oficial de compromiso, y establecer fechas para el cumplimiento de los acuerdos de destrucción de los misiles y entrega de la ayuda.

¿Cuánto vale una bomba atómica? Kim Jong-il, el enemigo de Estados Unidos en el Lejano Oriente, le puso precio en marzo pasado. El dictador comunista, líder de Corea del Norte, lanzó una propuesta que sacó de su órbita a las potencias occidentales: renunciar a armas atómicas, cuyas primeras pruebas había realizado el 9 de octubre de 2006, a cambio de ayuda económica y energética. La fórmula dio resultado y EE.UU., por el momento, descansa aliviado de la “amenaza norcoreana”.

Al presidente Daniel Ortega, la iniciativa de Jong-il parece haberlo iluminado. Después de varios años de férrea defensa de los misiles tierra-aire SAM-7 —abastecidos por la disuelta Unión Soviética al Ejército Popular Sandinista en la década de 1980— ahora el mandatario ha dado un giro en su postura y, copiando a su homólogo oriental, anunció el 31 de julio que está dispuesto a destruir 651 SAM-7 a cambio de que EE.UU. entregue a Nicaragua tecnología médica y medicinas.

“Ahora vamos a intercambiar: les entregamos y que se lleven, si quieren llevarse, esos 651 cohetes (...), pero a cambio que nos entreguen medios tecnológicos. Que nos den los aparatos y todos los medios para atender determinado número de pacientes cada año (...), que nos den medicamentos. Por esos cohetes, que nos den tomógrafos, que nos den aparatos para diálisis y medicamentos para atender a los enfermos con cáncer”, fueron las palabras del mandatario, durante la celebración del XXVIII aniversario de fundación de la Fuerza Aérea.

Para los analistas, la oferta de Ortega es “pragmática e interesante” y hasta tiene el visto bueno del gobierno estadounidense, que desde la caída del régimen sandinista de 1980, ha presionado al país para que destruya los misiles, considerados una amenaza para su seguridad nacional.

La iniciativa del Presidente necesita, sin embargo, una llave que abra el candado de la Asamblea Nacional, única institución capaz de decidir si se destruyen o no los misiles. Estando en la oposición, Ortega forjó ese candado legal, que le restaba facultades al Ejecutivo: en 2004 se aprobó con los votos de los diputados sandinistas y liberales constitucionalistas —amarrados por el Pacto de 1999 entre Ortega y el ex presidente Arnoldo Alemán— el dictamen favorable a la Ley Especial para el Control y Regulación de Armas, que en el artículo 142 establece que la Asamblea Nacional tiene la facultad de aprobar la compra, venta o destrucción de armas de las instituciones del Estado.

La idea era darle un golpe a la autoridad del ex presidente Enrique Bolaños, que en 2004, en un gesto de “amistad” con EE.UU., le prometió a Donald Rumsfeld, entonces secretario de Defensa de la administración Bush y que había llegado de visita al país, destruir 1,000 misiles SAM-7. (En ese entonces el Ejército publicó un informe advirtiendo al Ejecutivo que sólo podrían ser destruidos 651 misiles, y que los 400 restantes deberían quedar como garantía de defensa nacional)

Ahora los diputados de la oposición parecen querer hacer sentir a Ortega lo que sentían sus antecesores cuando él estaba en la otra acera de la política, aquellos momentos cuando se entretenía “gobernando desde abajo”, oponiéndose a toda decisión del Ejecutivo que le molestaba.

El diputado liberal constitucionalista Enrique Quiñónez, presidente de la Comisión de Defensa y Gobernación de la Asamblea, se frota gozoso las manos y no la piensa dos veces al afirmar que ahora Ortega “está en manos del Legislativo”, y que no puede hacer una promesa de destrucción de los misiles sin el visto bueno de los diputados.

“El Presidente no tiene que ver absolutamente nada en esto; con quienes podrían conversar los norteamericanos es con la Asamblea Nacional y no con el Ejecutivo. Somos nosotros los que vamos a tomar esa decisión”, recalcó Quiñónez.

¿Se puede esperar una “vendetta” por parte de los diputados liberales ahora que Ortega lanza como líder del Ejecutivo una propuesta considerada viable y que pondría fin a la larga novela de los SAM-7?

Quiñónez dice que el candado, por el momento, se mantendrá cerrado: su partido y la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) suman un total de 47 votos, uno más de los necesarios para decir cuándo, cómo y dónde se destruirán los misiles, según una reforma aprobada el 14 de julio de 2006 al artículo 139 de la Ley General de Armas, que reducía el número de votos para aprobar la destrucción de 56 a 47, y que los 38 diputados del FSLN rechazaron.

Y el diputado hasta se mofa de la propuesta de Ortega, catalogando de “chantaje indirecto” el hecho de que el Presidente condicionara la destrucción de los misiles a “un amigo que siempre te ha dado apoyo”.

Olfateando la pelea que se avecina, el Ejército se ha lavado las manos sobre la propuesta lanzada por Ortega. En entrevista concedida la semana pasada a Domingo, el jefe del Ejército, Omar Halleslevens, dijo que esta institución no puede tomar una decisión respecto a la destrucción de los 651 misiles, y que mientras se mantengan los 400 restantes bajo la administración del Ejército, “el resto es voluntad política”.

Con su propuesta pacífica a las potencias occidentales, Kim Jong-il logró lo que quería. Los banqueros de Occidente desbloquearon fondos retenidos a funcionarios norcoreanos después de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impusiera, el 14 de octubre de 2006, fuertes sanciones económicas a Corea del Norte. Los puertos se abrieron a mercancías occidentales y del resto de países orientales, y Corea del Sur, el país más temeroso de las pretensiones nucleares de Jong-il, se comprometió a exportar dos millones de kilovatios de electricidad por día para hacer frente a la crisis energética norcoreana.

Tal vez consciente de ese éxito, el presidente Ortega ha decido importar la “fórmula norcoreana”. Roberto Cajina, consultor civil en temas de seguridad y defensa, dijo que con la oferta lanzada por el Presidente, tanto EE.UU. como Nicaragua ganan.

En la lógica de este especialista, el gobierno de Ortega podría recibir un espaldarazo con medicamentos y tecnología médica, que impulsarían los proyectos sociales anunciados por el mandatario durante su campaña electoral del año pasado, mientras que Washington se aliviaría de la carga que significa tener el armamento en su traspatio, y que, según el discurso gringo, podría ser utilizado por terroristas o el narcotráfico para atentar contra aviones civiles estadounidenses.

“Creo que se resuelven los dos problemas de una sola vez: por un lado EE.UU. se quita al menos el peso de esos 651 misiles, y Nicaragua podría resolver en parte un problema sentido por la población: poder contar con instrumental de salud, tecnología médica; que pudiera permitir tomógrafos, aparatos para las diálisis, y medicinas”, dijo el analista.

Y si se atiene a las opiniones dadas por funcionarios del gobierno estadounidense después de conocerse la propuesta de Ortega, todo indica que Washington estaría dispuesto a una negociación directa con el Gobierno.

Domingo consultó a la Embajada de EE.UU. sobre si existe ya un contacto oficial entre ambas naciones para abordar el tema, pero un portavoz de la sede diplomática dijo que no darían declaraciones oficiales al respecto, y que se limitaban a repetir las afirmaciones hechas por el embajador Paul Trivelli luego de que Ortega lanzara su oferta.

Trivelli dijo el 31 de julio que consideraba “muy buena” la propuesta del Presidente y que con “mucho gusto” la expondría a la Casa Blanca.

“Me alegra saber la posibilidad que aparentemente abrió el Presidente sobre ese asunto (...) En un mundo donde hay tanto terrorismo, tanto tráfico de armas, creo que vale la pena tener un programa para destruir de una vez por todas esos misiles”, declaró el diplomático.

Tom Casey, portavoz del Departamento de Estado, dijo en Washington un día después del anuncio de Ortega, que el gobierno estadounidense “acogía” la oferta, y que esperaría una propuesta formal por parte del gobierno nicaragüense.

“Estoy seguro que nuestros representantes allí, así como acá, estarían interesados en hacerlo (negociar la oferta de Ortega… Creo que lo importante que se deriva de esto es que acogemos las declaraciones hechas por el Presidente nicaragüense de que están interesados en ser responsables de enfrentar este tema y ver que esas armas sean destruidas”, dijo Casey, según un reporte de Associated Press.

Para los analistas, este es un “jaque” del Presidente. No sólo respalda el mensaje pacifista ambientado con la música de John Lennon que utilizó en su campaña del año pasado, sino que lo muestra como un líder abierto a las negociaciones.

“Da pie para entender”, explica el especialista Roberto Cajina, “que el presidente Ortega pudiera tener en su política exterior una actitud más pragmática. Si la propuesta de Nicaragua es aceptada, se podrían explorar otras áreas con esa misma actitud”.

Sin embargo, la ambigüedad discursiva del mandatario se dejó sentir de nuevo a inicios de esta semana, cuando aseguró que el atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, que dejó casi tres mil muertos, era “insignificante” frente al lanzamiento de las bombas atómicas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial.

A parte de controversias por los deslices dialécticos de Ortega, los analistas creen que la propuesta del Presidente en el tema de los SAM-7 es la más inteligente hecha hasta ahora, y que al gobierno estadounidense no le quedará de otra que “tomarle la palabra” cuando Nicaragua presente oficialmente la lista de la ayuda a cambio de las armas. Si la fórmula resulta, será un gran éxito para la administración sandinista.

Se cambian los Sam-7
LA PRENSA/ARCHIVO
El presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, feroz defensor de los misiles conocidos como Sam-7 dijo que destruiría 651 de estos a cambio de ayuda médica de Estados Unidos. Para algunos analistas, si la oferta se llega a concretar sería un éxito de la administración sandinista. Además, estiman que la oferta de Ortega es “pragmática e interesante” y hasta tiene el visto bueno del Gobierno estadounidense que desde la caída del régimen sandinista en 1990, ha presionado al país para que destruya los misiles, considerados una amenaza para su seguridad nacional.
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