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Noticias >> Nacionales
Nicas varados en México
Familia entera rumbo al sueño americano
Juan de Dios García Davish
CORRESPONSAL CHIAPAS/ MÉXICO
nacionales@laprensa.com.ni

Edgar Eduardo Romero Bonilla, un ex trabajador del Ministerio de Salud, se encuentra varado, junto a su esposa, tres hijos, una prima y su familia, en el municipio de Arriaga, en Chiapas, México, esperando poder cumplir con su sueño de llegar a San Francisco, en Estados Unidos.

Romero Bonilla y su familia no tienen dinero para cumplir con su meta, pues según declaran, fueron asaltados y despojados de los 220 dólares que llevaban consigo por policías judiciales, por lo que se encuentran varados en espera de que el ferrocarril reinicie operaciones para continuar su viaje.

Según narra Romero Bonilla durante el viaje han corrido con mala suerte. “Tenemos mala suerte, pero no nos quejamos. Unos policías judiciales nos quitaron 220 dólares el sábado cuando intentamos rodear la caseta migratoria. Nos pararon, nos subieron a una camioneta y nos llevaron a una casa, en donde nos desnudaron y nos quitaron el dinero. A una de las mujeres la besaron y nos advirtieron que no nos quejáramos. No nos conocen ni los conocemos”, recuerda que les dijeron.

Posteriormente, fueron liberados. “(…) fuimos a la iglesia de Huixtla a pedir apoyo, pero el sacerdote nos corrió y amenazó: ‘Váyanse de aquí o les echo a la Migración’. Ante la insistencia de las mujeres de que no hacíamos nada malo, el cura metió su mano a la bolsa de su pantalón y sacó siete dólares, nos los dio y nuevamente nos pidió que saliéramos de la iglesia”, expresa Romero Bonilla.

Su infortunio, según dice, lo atribuye a la difícil situación económica que atraviesa Nicaragua.

Sin que mediara pregunta alguna, amplía su explicación sobre los temores que lo llevaron a salir de su país.

“Ya hay más desempleo, más pobreza y lo peor es que Estados Unidos no quiere a los sandinistas, todos pensamos que podría regresar la violencia, y con los 1,800 córdobas que ganaba mensuales (equivalentes a unos 95 dólares) — no me alcanzaba para vivir”, expresa con tristeza.

Romero Bonilla viaja junto a su familia, compuesta por su esposa, Guillermina Espinosa Moreira, y sus hijos Carlos Eduardo, Gonzalo Domingo y Edgar Vicente, de 9, 15 y 19 años; su sobrina, Alma Ninoska Martínez de 20 años; su prima Janeth Chavarría Calero y el esposo de esta Jaime Alvarado. “Ellos son de Chinandega, nosotros de Managua”, dice.

“Y ahora que llegamos a Arriaga nos dicen que ya no hay tren. Que tenemos que caminar hasta Ixtepec, Oaxaca, situada a unos 180 kilómetros, para tomar el otro ferrocarril que va a la frontera”, agrega.

—¿Continuará a pie?

—¡No, a pie no! No voy a arriesgar a mi familia. Voy a quedarme aquí hasta que venga el ferrocarril o junte dinero para continuar adelante. Allá, adelante están asaltando, están robando y violando a las mujeres.

A escasos metros de Romero Bonilla está su esposa, quien recibió la noticia de que le habían entrado a robar a su casa, situada en el barrio Monseñor Lazcano.

Uno de sus hijos la abraza y consuela, el más grande parte la verdura y prepara la fogata para cocinar sopa de res con pollo, mientras el cielo presagia una tormenta.

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