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Las divagaciones del Presidente

Han transcurrido ya casi ocho meses de gobierno del presidente Daniel Ortega y lo que ha hecho a favor de los pobres y de la clase trabajadora en general durante este tiempo es un buen indicador de lo que hará en el resto de su período.

La gestión de Ortega ha sido de mucho bla, bla y de pocas obras. Aparte de mantener el pasaje del transporte colectivo en dos córdobas con cincuenta centavos y de hacer gratuito el servicio médico de los hospitales públicos —servicio que en muchos sentidos va perdiendo calidad— Ortega no ha dado pasos sustanciales para sacar al país de la pobreza, a pesar de sus infladas promesas electoreras.

Dichas promesas se las ha llevado el viento mientras la ciudadanía enfrenta estoicamente la diaria lucha por la supervivencia. La gasolina sigue aumentando de precio y, asimismo, la carrera del taxi, los productos de consumo diario, el almuerzo en la comidería y el servicio de agua y de electricidad a pesar de que los apagones duran de cuatro a seis horas al día. Estos racionamientos generan pérdidas para los comerciantes grandes, medianos y pequeños y crean la sensación de que el país va caminando hacia atrás, de que no hay prosperidad, sino retroceso.

El gobernante nicaragüense no enfrenta como debe este y muchos otros problemas y espera soluciones caídas del cielo que no van a llegar. Desde que asumió el poder, Ortega grita consignas a favor de los pobres del mundo pero, mientras tanto, los pobres de Nicaragua se aprietan el cinturón hoy más que nunca. Irónicamente, en vez de crear nuevos empleos —como dijo que haría— el gobierno de Ortega ha enviado al desempleo a miles de trabajadores, independientemente de su capacidad profesional, simplemente porque no son sus partidarios.

Además, el presidente de Nicaragua exhibe una retórica altisonante y extemporánea contra Estados Unidos a quien desafía por medio de un insulso acercamiento a Irán, un país oscuro, conectado en varias formas con el terrorismo internacional y condenado por las Naciones Unidas por negarse a detener su programa nuclear. Ortega desafía sin razón a EE.UU. siendo una caja de resonancia del autoritario mandatario venezolano, Hugo Chávez, un ex coronel del Ejército que se caracteriza por el vituperio de los que difieren de sus posiciones.

Con su actitud, el presidente Ortega ha sembrado incertidumbre en la población al punto que muchos nicaragüenses están sacando sus ahorros a plazo fijo en córdobas y comprando dólares para abrir cuentas de ahorro en esa moneda, por miedo a lo que podría pasar en el futuro cercano. La gente prefiere tener su dinero en moneda dura y al alcance de la mano.

Por otro lado, el gobierno de Daniel Ortega ha demostrado ineficiencia e incapacidad en la ejecución de los proyectos y programas presupuestados. Los funcionarios del Gobierno no están usando el dinero que se les asignó para ejecutar diversos programas y proyectos en beneficio de la comunidad como, por ejemplo, construcción de calles y carreteras. Esto significa que el Gobierno no sabe qué hacer con el dinero, el cual permanece durmiendo en las arcas del Estado.

Los sandinistas criticaban fuertemente a Enrique Bolaños precisamente por mantener altas las reservas. Pero al menos Bolaños lo hacía a la par que ejecutaba los proyectos presupuestados, mientras que los funcionarios del gobierno de Ortega no hacen las obras para las que fueron nombrados, aunque tengan dinero disponible.

Puesto que el Presidente no tiene soluciones que ofrecer y el gabinete que le acompaña es, al parecer, totalmente incapaz, Ortega trata de desviar la atención del pueblo de lo verdaderamente importante. Pronuncia discursos “antiimperialistas” y “anticapitalistas”. Hace declaraciones escandalosas como la de que la voladura de las torres gemelas no es nada en comparación con el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki. Inventa confrontaciones con Estados Unidos acusando falsamente a la Administración de Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés) de querer violar nuestra soberanía nacional. Anuncia la creación de Consejos del Poder Ciudadano (CPC) que estarán por encima de alcaldes, ministros y magistrados, y otra serie de disparates.

El presidente Ortega debería dejar las excusas, la retórica, las divagaciones y ofrecer soluciones a las necesidades concretas del país.

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