Cuánta tristeza ha traído la nueva tragedia de “Rosita”. Sin lugar a duda, por este nuevo episodio todos somos culpables por habernos quedado tan tranquilos con el mal manejo de la primera violación. Fue un adefesio todo el proceder en el 2003, tanto de los organismos gubernamentales como no gubernamentales. Sencillamente, no hubo agallas para enfrentar la injusticia de toda la situación. Por ejemplo: ¿Cómo es posible que el feto extraído de la joven madre nunca fuera puesto a la orden de las autoridades, y que éstas no lo exigieran, para que desde ese momento se estableciera la paternidad del bebé y fuera expuesto el verdadero culpable? Es que el secretismo y casi secuestro no era el bien superior de la niña ni la justicia, sino sentar un precedente para justificar el mal llamado “aborto terapéutico”. No importó el verdadero culpable, había que eliminar al bebé inocente para establecer un mal entendido “derecho de la mujer”.
Se podría decir, que todo fue un montaje para la promoción del “aborto terapéutico” y hacer de “Rosita” un trofeo para exhibirlo y promoverlo en el resto de América Latina. Recordemos que “Rosita” apareció en TVN (Canal 7) de Chile (LA PRENSA, 23 de abril de 2003). Asunto que causó en aquel país mucho disgusto a los verdaderos defensores de la niñez, pues la niña que fue oculta en Nicaragua, allá fue expuesta a la vista de todos.
En Costa Rica se estableció que la niña era precoz en crecimiento y pudo haber tenido a su bebé, pero aquí los secuestradores jamás siquiera permitieron que conociéramos su figura ni su talla aunque fuera de espaldas. Asunto que, desde luego, ya no importó una vez que se hubo logrado el “aborto terapéutico” y se llevó a la niña como símbolo a Chile.
Los Provida denunciaron entonces que fueron miembros de la Red de Mujeres Contra la Violencia (la Red), las que apoyaron la aparición de “Rosa” en el Canal 7 chileno que a su vez les pagó el viaje y la estadía en Santiago. Una de las acompañantes en la gira fue Lorna Norori, del ONG Dos Generaciones y miembro fundadora de la Red, que también ayudó a sacar a “Rosa” de Costa Rica. La otra acompañante fue Martha Blandón, también de la Red y de IPAS, un ONG que en Nicaragua promueve los llamados “derechos sexuales y reproductivos” y distribuye las succionadoras para hacer el aborto llamado AMEU (Aspiración Manual Endouterino).
Poco después del aborto de “Rosa”, se supo de un caso muy similar en El Salvador, donde una niña de ocho años, “María”, fue violada por su padrastro y salió embarazada. “María” llevó su embarazo hasta los ocho meses y medio, cuando tuvo su bebé por cesárea en los primeros días de abril del mismo año en que abortó “Rosita”. A “María” todo le salió bien.
Llama la atención y causa mucho dolor la declaración de una vocera de la Red en el sentido que el caso de “Rosita” que es “parecido a los muchos en los que intervienen como organismo”. Dijo: “No es nada diferente a los que conocemos. Se trata de un abusador y de una víctima, una niña”. ¡Vaya! El único consuelo que nos queda, entonces, es que al menos ya no pueden “intervenir como organismo” con el mal llamado “aborto terapéutico” que mata al inocente y olvida al culpable. Porque si el caso de “Rosita” no es nada diferente a los que conocen estos grupos, realmente estamos viviendo una barbarie de proporciones gigantescas.
Es extraño que los protectores de la niñez en Nicaragua tanto gubernamentales como no gubernamentales no recordaran en el caso de “Rosita” que la mayoría de las niñas violadas lo son por miembros de sus propias familias y con muchísima frecuencia por los padrastros. Con un poco más de cuidado en el caso de “Rosita”, especialmente en el momento del aborto, con un interés para resolver la identidad del verdadero culpable, se hubiera obligado que el ADN del feto abortado fuera puesto a la orden del Ministerio de Salud o la Policía, según fuera el caso, posiblemente se hubiera podido evitar que “Rosita” siguiera viviendo bajo el mismo techo con el “enemigo”.
Ahora esperosque se siga cumpliendo el adagio que dice: “Nada queda oculto para siempre”.