La pregunta de hacia dónde va el millonario subsidio que se les ha entregado a los transportistas de Managua, sigue siendo una de las mayores incógnitas entre la población. Lo que sí se sabe con certeza es que el dinero, 5.9 millones de dólares en este año, no va a parar en la compra de buses nuevos ni en la llamada renovación de la flota vehicular para mejorar el servicio.
En Managua, la gran mayoría de los ochocientos mil usuarios del transporte colectivo se quejan de un mal servicio, que entre varios factores se debe al mal estado de los buses. Para cambiar esa situación, durante los primeros años del Gobierno del ahora reo Arnoldo Alemán (1996-2002) se les entregó a los transportistas unos once millones de dólares.
El dinero, considerado por muchos sectores como el primer subsidio al transporte colectivo, no fue pagado ni auditado y todo indica que tampoco fue utilizado para el objetivo de renovar la flota vehicular.
La tendencia, después de más de una década de ese primer desembolso, siempre ha sido la misma, porque de acuerdo a los datos del Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua (Irtramma), en los últimos 17 años sólo unos 35 buses nuevos fueron ingresados al servicio colectivo de la capital, como parte de una estrategia gubernamental fallida.
Como iniciativas privadas de las cooperativas de Managua, de acuerdo a los datos del Irtramma, otros 400 buses usados han llegado a la capital en ese mismo período para relevar a los buses que ya dieron su vida útil.
Lo peor, a juicio del director del Irtramma, Francisco Alvarado, es que lo ingresado al país en ese período fue sólo basura.
“Por falta de una política de Gobierno, durante años sólo se ha traído la basura de Estados Unidos. Esos buses amarillos son cualquier cosa”, declaró el funcionario.
Esos buses, importados desde el sur de EE.UU., son los más riesgosos en cuanto a su estado mecánico alterado por el helado clima de la zona y además son los más baratos del mercado, con un costo que oscila entre los cuatro mil y once mil dólares.
Los buses amarillos que saturan las rutas de Managua son escolares con espacios reducidos y diseñados para niños.
“El espacio de los pasillos es muy reducido, no hay comodidad para ir sentado, y el alto del techo es para adolescentes. Se les deben poner puertas hechizas porque no tienen puerta trasera de descenso, y se trabajan en el límite de la capacidad de su peso total”, dijo Alvarado al caracterizar los buses más utilizados por los capitalinos.
LAS CHATARRAS
El alcalde sandinista de Managua, Dionisio Marenco, ha catalogado en diferentes ocasiones a las 855 unidades de buses de la capital como “chatarras”.
De acuerdo al funcionario, el estado mecánico de las unidades requería un urgente cambio que sólo podría realizarse con el desarrollo de una estrategia gubernamental que aún no termina de aterrizar.
El concepto de Marenco no está muy alejado de la realidad, porque en la capital unas 400 unidades tienen más de veinte años, y se estima que unas cincuenta unidades van a ser sacadas de circulación en septiembre próximo, cuando se realice la segunda inspección técnica mecánica a las unidades de buses de la capital.
“Esas (400 unidades) deben ser retiradas para la salud de la población y la propia economía de los transportistas”, indicó por su parte el director del Irtramma, Francisco Alvarado.
Unas 350 unidades tienen entre 15 y 20 años de uso, el promedio para el país, pero una categoría retrasada en comparación al promedio en Centroamérica, donde los buses tienen entre diez y quince años de uso.
En una categoría que más bien parece una especie en extinción se encuentran unas 70 unidades con una vida de entre diez y doce años. “La crema y nata”, dice Alvarado al referirse a la flota más nueva en la capital.
La vejez de la flota vehicular de Managua y el padecimiento crónico de la falta de inversión del sector para “refaccionar” las unidades ha sido la causa de que, de acuerdo a los resultados de la primera inspección técnica anual a las unidades de buses en Managua, el promedio de multas por fallas técnicas sea superior a las cuarenta por día, mientras más de treinta unidades fueron trasladadas a diario, durante varias semanas, a las estaciones policiales, por presentar mayores deficiencias técnicas.
La inspección fue realizada en marzo, y estuvo coordinada por el Irtramma y la Policía Nacional.
LA DEFENSA
Los transportistas, por lógicas razones, no concuerdan con las autoridades municipales.
“A nosotros sólo nos atacan, pero nadie ha reconocido que nosotros hemos progresado. Hemos venido de camionetas chancletas hasta lo que hemos conseguido, que son esos buses amarillos”, dice por su parte René Escobar, líder de la cooperativa que agrupa a las más de treinta unidades de la Ruta 163.
De acuerdo al directivo de la Cooperativa Parrales Vallejos, Ramón Cruz, los buses de la capital responden a la tarifa que se aplica en la zona.
“La tarifa que cobramos (2.50 córdobas con subsidio y unos 3.38 córdobas como tarifa real) responde a la compra y el traslado al país de buses por el orden de los once mil dólares. Si se quieren otros buses, entonces se tendrá que readecuar la tarifa”, indicó el directivo de la Parrales Vallejos, una de las mayores de la capital.
El transportista recordó que a mediados de los noventa se pretendió aplicar un plan para renovar la flota vehicular, pero entró en vigencia la Ley de Transporte Terrestre que, entre otras cosas, restringía el ingreso de buses que tuvieran más de diez años de uso.
“Como no se pudo traer buses que tuvieran más de diez años, entonces no se avanzó en la renovación. Lo que hemos hecho con el subsidio es refaccionar o aplicar mejoras a los buses que ya tenemos”, indicó.
La Parrales Vallejos ha reparado unas sesenta unidades, y ha sustituido otras 35.
Mientras, la Cooperativa 12 de Octubre ha desechado y vendido como chatarra unos 27 buses en los últimos cuatro años.
“No tenemos un mecánico privado, pero hay unos tres talleres adonde se llevan a reparar los buses. Pero, cuando ya no tienen remedio, entonces se desechan”, indicó Leonel Orozco, presidente de la Cooperativa 12 de Octubre.
LA PROMESA DE BUSES NUEVOS
El Gobierno central, la Alcaldía de Managua y las propias cooperativas, como la Urecootraco, tienen sus planes para renovar la flota vehicular con buses nuevos en el caso de los gobiernos.
La comuna hasta ya anunció que para diciembre los capitalinos estarán usando nuevos buses. Pero, la distribución, el pago y el sistema que regirá a estas supuestas 300 unidades aún no se aclara.
“En campaña, el Presidente (Daniel Ortega) prometió que la tarifa disminuiría a dos córdobas, pero ahora sus funcionarios hablan de tarifa diferenciada y más cara, y que para eso supuestamente van a traer los buses nuevos. Es contradictorio”, reclamó el directivo de la Cooperativa 12 de Octubre, Leonel Orozco.
Esa actitud gubernamental, catalogada por Orozco como falta de seriedad, también ha frenado la inversión de los transportistas.
“No podemos estar reparando buses viejos, si a lo mejor entramos a un plan económico para comprar buses nuevos. Entonces esa falta de información también frena la inversión”, agregó por su parte el cooperativista de la Parrales Vallejos, Ramón Cruz.
Pero, mientras los transportistas esperan por los nuevos buses y los usuarios siguen siendo víctimas de maltrato, los legisladores de la Asamblea Nacional aprobarán la próxima semana un subsidio de 5.9 millones de dólares que llegará a las cooperativas del transporte colectivo en Managua y en Ciudad Sandino.
El dinero, que será administrado en ambos casos por las municipalidades, será aprobado por acuerdo previo entre las bancadas, a pesar de que cuando se emitió el dictamen favorable a la iniciativa ni siquiera se les presentó el cálculo de gastos del sector subsidiado.
Lo que aún está por verse es si luego de las críticas de la población y los propios políticos, el dinero se invertirá, aunque sea en parte, en mejoras de la flota vehicular.