La dimisión de Karl Rove, el estratega genial que aupó a George W. Bush al poder, aumenta el aislamiento de un presidente que ha visto partir a muchos de sus asesores más próximos y representa el fin de una era para los republicanos.
Un día después de que el hombre al que los críticos bautizaron con el sobrenombre del “la eminencia gris” de Bush anunciase repentinamente su dimisión, los analistas tratan todavía de calibrar la trascendencia de su partida.
Buena parte de ellos coincide, de todos modos, en que pese a su privilegiado olfato político, era poco ya lo que Rove podía hacer por una Casa Blanca que hace aguas, empujada hacia las profundidades por el peso de la guerra en Irak y la sucesión de distintos escándalos que apuntan hacia el abuso de poder.
“La agenda para el resto del Gobierno de Bush está ya bastante fijada y lo cierto es que no hay mucho espacio para la creatividad”, dijo a EFE Bruce Buchanan, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Texas.
El académico cree, eso sí, que la salida de escena del todopoderoso Rove aumentará la soledad de un presidente que ha visto partir en los últimos meses a un buen número de asesores, entre ellos algunos de los aliados de sus años en Texas, que se llevó con él a Washington.
Entre los que han abandonado el barco, desde que los demócratas se hicieron con el control del Congreso en noviembre pasado, están el asesor de la Casa Blanca, Dan Bartlett; el director de presupuesto Rob Portman; la asesora legal Harriet Miers; la directora política Sara Taylor; y los asesores en temas de seguridad nacional J.D. Crouch y Meghan OSullivan.
A esa lista se suma el ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, víctima política de la guerra en Irak.
El diario The Washington Post señala en su edición de ayer que esa fuga de cerebros apunta hacia una amplia transición en el Gobierno de Bush que, según el rotativo, dejará a un lado iniciativas domésticas como las reformas de la Seguridad Social y el sistema migratorio, por las que apostaba Rove, para adoptar una postura más defensiva con la que recuperaría la popularidad perdida.