El director de un importante club de futbol insinúa en televisión nacional que un jugador de otro equipo es homosexual. El jugador demanda por difamación y aparece en televisión para negarlo. Y un juez ocasiona un escándalo al decir que los homosexuales no tienen lugar en el balompié brasileño.
Con una trama que parece sacada de una telenovela, la controversia sobre la orientación sexual del volante del Sao Paulo Richarlyson sacudió a uno de los pilares de la cultura brasileña, el futbol, con insultos, acusaciones de homofobia y defensas a supuestos jugadores homosexuales que no se atreven a salir del clóset.
Todo comenzó en junio cuando al director del Palmeiras José Cyrillo Junior le preguntaron en un programa de televisión si era cierto que un jugador de su equipo estaba en negociaciones para ofrecer una entrevista exclusiva de televisión para anunciar que era homosexual.
Cyrillo negó el informe, pero agregó que “Richarlyson ‘casi’ juega para Palmeiras”, dejando entrever que el volante de 24 años es gay.
Cyrillo luego se disculpó, pero Richarlyson, quien proviene de una familia de futbolistas, presentó una demanda por difamación, diciendo que fue acusado erróneamente de ser homosexual.
El juez Manoel Maximiano Junqueira Filho le echó leña al fuego al desestimar la demanda de Richarlyson y emitió un veredicto en el que sugirió que el futbolista debería dejar de jugar si es homosexual. De no serlo, según el juez, Richarlyson tendría que defenderse en el mismo programa de televisión en el que fue acusado.
“No es que un homosexual no pueda jugar al futbol”, escribió Filho. “Puede, pero tiene que formar su propio equipo y federación, y hacer partidos con aquellos que quieran jugar contra él”.
El juez concluyó que no es “razonable aceptar a homosexuales en el futbol brasileño porque afectaría la uniformidad que existe” en el deporte por equipo. El futbol, indicó el juez, es un “deporte viril”, pero “no homosexual”.
La sentencia hizo que el organismo gubernamental que supervisa la ética de los jueces en Brasil exigiera una explicación al juez, quien tiene hasta el viernes para responder.
El juez, quien se negó a ofrecer una entrevista, dejó sin efecto su veredicto de la semana pasada, al alegar que otra corte tiene la jurisdicción. Luego se fue de vacaciones sin fecha de regreso.
Los grupos defensores de los derechos de los gays reaccionaron airados, pero dijeron que la controversia sacó a la luz pública el tema de los derechos de los homosexuales en Brasil, donde los gays usualmente son tolerados pero no en el futbol.
“Fue un comentario fascista y (el juez) tiene que pagar”, dijo Marcelo Cerqueira, presidente del Grupo Gay da Bahia.
Dijo que hay varios gays en la liga brasileña de futbol, pero supuestamente temen hablar sobre su orientación sexual por miedo a perder sus trabajos.
“Este caso es importante para destapar el tema de los gays en el futbol y crear una discusión”, indicó Cerqueira.