El beisbol de Nicaragua está marcado por dos aspectos. El primero, trágico: el estelar jardinero de los Piratas de Pittsburgh, Roberto Clemente murió en un accidente aéreo en su ruta hacia Nicaragua el 31 de diciembre de 1972, cuando el miembro del Salón de la Fama planeaba proporcionar un poco de alivio a la ciudad de Managua, devastada por un terremoto.
Segundo, el presidente: el ex gran lanzador de los Orioles de Baltimore y los Expos de Montreal mereció este famoso apodo mientras era el más reconocido estrella del deporte en el país. En adición a Martínez, quien actuó en cuatro Juegos de Estrellas en una carrera de 23 temporadas que finalizó en 1988, Nicaragua ha producido cerca de media docena de otros big leaguers, incluyendo al ex jardinero de los Gigantes, Marvin Benard, y a los actuales lanzadores Vicente Padilla de los Rangers y Devern Hansack de los Medias Rojas.
El infielder de los Senadores de Harrisburg, Ofilio Castro, espera un día unirse a esa lista. Y si tú has visto el guante del joven de 23 años en el Commerce Bank Park este año, sabes que Castro ya tiene las habilidades defensivas de un grandes ligas.
“Su límite es el cielo para él”, dice el coach de bateo de los Senadores, Tim Raines, sobre Castro, quien se unió al equipo a finales de junio, después de ganar un cupo en el Juego de Estrellas de Clase A con el Potomac.
“Él necesita ser un poco más consistente con su swing. No es propiamente rápido, pero hace las jugadas. Si el swing de su bate mejora un poco, tiene una oportunidad”.
Nicaragua, la más grande nación de Centroamérica, es fronteriza al Norte con Honduras y al Sur con Costa Rica. El beisbol es el pasatiempo número uno, habiéndose desarrollado gracias a la influencia estadounidense a finales del siglo XIX.
Salvador, el papá de Castro, jugó beisbol en ligas locales y pasó los genes del juego a su único hijo, quien nació y creció en Managua. (Castro tiene dos hermanas, una mayor y otra menor que él).
Fue firmado por los Expos de Montreal a los 17 años, pasó dos años en la Liga de Verano de República Dominicana y finalmente vino a Estados Unidos en el 2003. Desde entonces se ha desarrollado gradualmente en una temporada corta en Clase A baja en Vermont, luego Savannah, Potomac y ahora Harrisburg.
Y aún cuando no ha sido reconocido por Baseball America como tal este año, Castro es un legítimo prospecto de Grandes Ligas sólo por sus habilidades defensivas. Manos suaves y poderoso brazo, además sus habilidades para brillar en segunda, paradas cortas y tercera base, prueban su valor.
“Fildear no es un problema para él”, dice Raines.
En 37 juegos con los Senadores, Castro sólo ha cometido un error. En segunda, ha mostrado un excelente rango de cobertura para ambos lados, pero especialmente para su derecha. Hizo un par de jugadas detrás de la almohadilla de segunda la pasada semana contra el New Hampshire, que muy pocos infielders podrían hacerla.
Y la suavidad de sus manos le ayuda a absorber esos filosos roletazos cuando juega tercera base.
“Hace que difíciles jugadores parezcan fáciles”, dice Raines.
(Traducido por Edgard Rodríguez)