Managua
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Palacio Nacional, construido en la administración de Adán Cárdenas (1875-79). ()
Managua vista por viajeros del Siglo XIX
La Academia de Geografía e Historia de Nicaragua ha editado un número especial de su revista: MANAGUA EN EL TIEMPO. Aquí se resume su contenido y se reproducen algunas de sus ilustraciones, tomadas de la Guía General de Nicaragua (1898) de Falcinelli Graciosi. Igualmente, se presentan algunos textos de extranjeros
Por Jorge Eduardo Arellano
Secretario y Editor/AGHN

Dos visiones de conjunto (formuladas por Pablo Antonio Cuadra, Mario Cajina Vega y Alberto Vogl Baldizón) lo inician, seguidos de un análisis sociosemiótico de direcciones managüenses del alemán Kart Ille y del antológico reportaje que en marzo de 1973 publicó en LA PRENSA Horacio Ruiz sobre el terremoto del 72.

A continuación ofrece dos secciones tituladas Managua de ayer (1931-1972) y Managua de antaño (1820-1930). En la primera figuran los recuerdos de Carlos Mántica Abaunza y Roberto Sánchez Ramírez, las descripciones poéticas de Alberto Ordóñez Argüello (1914-1992), Avenidas, calles, barrios y parques —datadas en 1942—; el estudio de los años sesenta elaborado por Fernando Gordillo (1940-1967) y en buena parte inédito: Managua, la fea; y el de Eduardo Conrado Gómez, de carácter sociológico, también de la década.

En la segunda se seleccionan testimonios pintorescos de viajeros europeos y norteamericanos que visitaron Managua entre 1822 y 1892: los ingleses Roberts, Pim, Simmons; el holandés Haefkens, los franceses Lafond, Belly, Levy y Pector; el italiano Piccóno; los estadounidenses Stephens, Squier, Stout, Vincent; y los alemanes Heine y Scherzer; traducidos por Luciano Cuadra, Orlando Cuadra Downing y el suscrito.

Variados textos, en la sección Sociabilidad y Cultura, abarcan las fiestas tradicionales de Managua, una interpretación del culto a Santo Domingo y su sustrato mítico, la fundación y reseña histórica del Club Social de Managua (1911-1915), las exposiciones de pintura en la Managua de 1933, los espectáculos beisboleros en los años cuarenta, los aspectos arquitectónicos en los años cincuenta, la vieja y la nueva Catedral de Managua, más la tertulia sabatina de Aldo Díaz Lacayo. Dichos textos tienen de autores, entre otros, a Heliodoro Cuadra, Ramón Morales R., Eduardo Pérez Valle H., Luis Downing Urtecho, Manuel González Galván y Ernesto Bunge.

En la sección de documentos básicos se transcriben siete desde el informe de Morel de Santa Cruz (1751), pasando por la ratificación de los límites coloniales de Managua (1810) y el primer Plan de Arbitrios del Ayuntamiento (1814), hasta la Real Cédula que le otorgó el título de Villa (1819) y los correspondientes a su elevación a ciudad en 1846 y a capital en 1852.

Los primeros anuncios publicitarios de Managua, las fotografías que de la ciudad tomó el marino James Thompson entre 1828 y 1830, dos artículos sobre el Xolotlán y una selección de poemas y canciones constituyen otras secciones. Salvador Ruiz Morales, Adolfo Ortega Díaz, José Román, Alberto Ordóñez Argüello, Gratus Halftermeyer, Tino López Guerra, Edwin Krüger, Ernesto Cardenal y Salvador Murillo los firman. Finalmente, el tomo monográfico cierra con la más completa bibliografía clasificada y anotada de Managua.

A continuación, reproduzco algunos de los fragmentos de los viajeros referidos y las principales fotografías de la Guía General de Nicaragua (1898), facilitada por el historiador José Joaquín Quadra Cardenal.

1822

“Vi tiendas con ventas de vinos”

Sus calles son anchas y trazadas a cordel, y forman manzanas como en León. Tiene seis iglesias, la del Padre Irigoyen y una o dos más son grandes y hermosas. Las casas son, por lo común, de dos pisos, entejadas, de adobe y encaladas; en cuanto a comodidad y construcción son similares a las de Granada y de León. Vi tiendas con ventas de vinos, aguardientes y otros licores. El pan, los quesos nacionales, dulces, café, y azúcar ordinario de pilón, son artículos que se venden casi en toda casita indígena.

ROBERTS

1829

“Una muestra de buena policía”

Managua, junto al lago del mismo nombre, tiene igual número de habitantes. En la parte histórica hemos visto que esta ciudad era la sede del partido de los blancos o aristócratas. No obstante el caos que imperaba, sobre todo en el Estado de Nicaragua, encontré aquí una muestra de buena policía que no hubiera esperado encontrar en Guatemala. En viaje de Managua a Granada me dirigí a Tipitapa por la vía acuática para contemplar el río de ese nombre. Partí de madrugada; mi cofre y demás pertenencias habían sido embarcadas a bordo de la nave con anterioridad. Apenas zarpamos, me di cuenta que los tripulantes eran de los más descarados y amantes de la libertad que a la fecha había encontrado. Al poco rato, al sacar algo del cofre muy liviano y flexible, me percaté que la tapa había sido levantada forzosamente de un lado. En seguida supuse un hurto, pero comprendí que no era aconsejable manifestar mi sospecha mientras estuviera a merced de tales individuos. Abierto el cofre en Tipitapa, comprobé que efectivamente habían sido sustraídas algunas prendas de ropa liviana. Pero también aquí, donde ni siquiera había un alcalde, hubiera sido inútil mencionar el asunto. Por ello escribí una nota al jefe político de Managua, en cuya casa me había hospedado y la encomendé al barquero, que era el hombre más adecuado de a bordo. A los pocos días recibí los objetos robados en Granada, con la notificación que los ladrones estaban presos.

HAEFKENS

1838

“Perecieron seiscientos de sus doce mil habitantes”

Durante la última epidemia del cólera sufrió mucho, habiendo perdido seiscientos de sus doce mil habitantes. Es digno de hacerse observar que fue entre las mujeres de quince a veinticinco años; y principalmente recién casadas, en las que más se ensañó la peste. Este lugar es generalmente considerado como muy saludable; el índice de mortalidad rara vez pasa el uno por ciento.

BELCHER

1841

“A los pescadores les llamaban sardinitos”

En una impetuosa jornada de tres horas nos pusimos de Masaya a Managua, ciudad bellamente situada en las riberas del lago de su nombre. Pasamos hileras de casas empajadas y frente a una residencia aristocrática, con enorme patio de una manzana entera, perteneciente a una familia expatriada; la mansión venida a menos, amenazaba ruina.

Por la tarde fui al lago. No es tan grande como el de Nicaragua, pero es de notable expansión, y se ve el Momotombo. La playa hervía de aguadoras que llenaban sus cántaros, tinajas y porongas; de hombres bañándose, de caballos y mulas bebiendo y, hacia un lado, veíase una ranchería de pescadores. Al borde del agua observamos unas estacas clavadas en forma de triángulo y unas mujeres que con pequeñas atarrayas sacaban sardinas que luego echaban en hoyos cavados en la arena. A los pescadores les llamaban sardinitos.

En las puertas de los ranchos los hombres hacían fuegos para cocinarlas. La belleza de la escena la acrecentaba el hecho de que nada había cambiado allí en siglos y siglos…

STEPHENS

1842

“Una tarde inolvidable en un obraje de añil”

Managua es un pueblo indígena mal construido, pero rico. Tendrá unos cuatro mil habitantes, y lo forma una sola calle que se prolonga hasta la ribera del lago. Se remonta, en su origen, a la conquista. Antes de llegar observé un obraje de añil y se me invitó a visitarlo al día siguiente, para descansar y ser testigo de las disposiciones para su cultivo. Pasé con el dueño del obraje y su familia, la más dulce y amable de la localidad, toda una tarde que no olvidaré.

LA FOND

1849

“Su comercio era raquítico”

Al caer la tarde, las mujeres de Managua enfilan hacia el lago con el loable propósito de llenar sus cántaros. Y cuando la invasión de las tinieblas hace imposible la lectura, tomamos también el mismo rumbo seguidos por un cortejo de muchachos, casi todos desnudos. Allá nos encontramos ante una escena animada por centenares de alegres grupos: mozos que bañan caballos, y muchachas que llenan cántaros y tinajas más allá de donde rompen las olas, en lo más limpio del agua. Unas yardas adentro del lago habían plantado unos matorrales entre los que se veían mujeres provistas de pequeñas atarrayas cogiendo millares de sardinas plateadas, desde el tamaño de una agujita hasta el de un camarón, las que luego echaban en pocitos cavados en la arena, en donde a la luz de la luna —saltando en estertores de agonía— parecían una chisporroteante ola de plata derretida. Los nicaragüenses las comen en tortillas que son deliciosas, plato que jamás dejé de pedir cuantas veces fui a Managua. Los primeros cronistas que estuvieron en Nicaragua dan cuenta de esta original manera de pescar, la que hasta el presente no ha sufrido variación alguna…

La población actual de Managua es de unos diez o doce mil habitantes que viven de la más sencilla manera imaginable, manufacturando lo estrictamente necesario para cubrir sus limitadas necesidades; su comercio es raquítico. Las tierras circundantes son ubérrimas y capaces de soportar una gran población. Las laderas de las sierras que separan al lago del Océano Pacífico son muy apropiadas para el cultivo del café, y la calidad de la que se cosecha en las pocas haciendas que hay allí es considerada tan buena como el de Costa Rica, el que sólo es inferior al de Mocha de Yemen, en Arabia. Este valioso grano puede cosecharse en Nicaragua en cualquier cantidad, y a un costo relativamente bajo; pero la situación del país y la falta de espíritu emprendedor de sus habitantes han impedido que se le dedique más atención a esto, así como también a toda otra rama industrial o fuente de riqueza. No hay ningún otro lugar en Nicaragua que, por su posición topográfica, belleza, salubridad y capacidad de producción, supere los alrededores de Managua; y es este, me parece, el punto más favorable para el comienzo de una colonización norteamericana o europea.

SQUIER

1850

“Famosa por su lago y sus lagunas, y por sus hembras de picante salero”

Managua es una ciudad tranquila, que engalana las joyas de su lago y sus lagunas; es famosa por eso y por sus hembras de picante salero, prueba que es general allá. La señorita de sociedad, vestida en castizos atavíos, luce su gentil donaire y el más lato señorío; las muchachas del pueblo, en cambio, balanceando en la cabeza sus porongas y tinajas, pasan arrollando con tan seductor garbo y sandungueo que roban al punto el corazón.

Todo el mundo fuma en la tierra de los lagos: viejos y jóvenes, hombres y mujeres. Y si es verdad que al principio nos desagrada el ver a una señorita en un “tete a tete” enrollar un cigarrito de papel, encenderlo y chuparlo luego un par de veces para ofrecérnoslo después, es también muy cierto que este mismo gesto nos hizo más tarde olvidar todo reparo contra el tabaco.

Debido a que la Asamblea Legislativa se reúne en esta ciudad, muchas familias principales residen allí, de modo que se disfruta de buena compañía.

STOUT

1851

“Se reconoce por su hermosa iglesia parroquial”

Hombres y animales se alegraron cuando por la noche arribamos a Managua. Esta es una ciudad importante, en la que reside la Asamblea Legislativa y se reconoce por su hermosa iglesia parroquial. Un pavo salvaje, que había cazado en el camino, fue nuestra cena, la cual compartí con un italiano que también iba camino a León. Meses después, volví a Managua sin mayores aventuras. Pero se me preguntó por el pase del Prefecto de Granada y, dado que no contaba con uno, fui enviado donde el comandante don Fruto Chamorro. Llevaba otros dos pases —uno del ministerio en Washington y otro del señor José de Marcoleta, representante de Nicaragua en los Estados Unidos— y no pensaba regresar a Granada.

Después de haber comido, cabalgué hacia el cuartel general de don Fruto. Estaba rodeado de oficiales, ordenanzas y soldados, en número de cien, que cargaban todo tipo de armas. Un oficial se propuso echar mano de mi espada toledana, pero yo le demostré estar decidido a darle con ella un buen golpe en la cabeza. La intervención de don Fruto evitó a tiempo toda violencia en la que yo hubiera llevado las de perder.

HEINE

1857

“En la acogedora mansión de don Hipólito Prado”

De Masaya a Managua, llegamos tras un descansado día de viaje. Yace esta última ciudad en la costa meridional del lago que lleva su mismo nombre y se dice que cuenta con unos 10 ó 12,000 habitantes.

Nos hospedamos en la acogedora mansión de don Hipólito Prado; su esposa, robusta y distinguida dama, desempeñó su papel de anfitriona con todo miramiento y decoro, más cierta gentileza poco común entre la gente hispanoamericana. La casa era espaciosa y limpia, y en su patio había naranjos, bananos y piñas.

A pesar de la fuerte brisa que soplaba el aire era caliente y seco. En la mañana el barómetro marcó 82º F., y a mediodía 96º. Fui a bañarme al lago cuyas aguas densas y de un color amarillo-verdoso estaban violentamente agitadas. Sus olas, sin embargo, no eran tan altas como las del lago de Nicaragua. Vi allí lagartos de 8 y 10 pies de largo; flotaban tan quietos que si no les hubiera visto sus escamas con mis catalejos les habría creído trozas de madera. Innumerables garzas y tortugas se asoleaban en la playa y grupos de mujeres y muchachas lavaban ropa; casi todas eran indias desnudas hasta la cintura, y las crenchas lisas les caían sobre el pecho y las espaldas. Un poco más allá se bañaban unos hombres.

SCHERZER

1858

“No es más que una gran aldea”

La rivalidad que existía entre Granada y León dio a Managua el ser capital de la República. Y como tal cuenta con un Palacio de Gobierno que tiene corredores pintados de verde, obra del General Martínez; cuenta además con la presencia de las autoridades gubernamentales y de los miembros del Congreso, así como con una muy buena banda militar que todos los días a la hora del cambio de guardia, da un concierto. Mas, aparte de estas ventajas accidentales, no tiene otro mérito que su admirable posición. Situada topográficamente mejor que Granada (que está a un kilómetro del lago), Managua descansa sobre la propia ribera de su lago, desde donde se contempla el ininterrumpido perímetro de su vasta superficie hasta topar con los perfiles irregulares de las montañas de Nueva Segovia, a excepción de la parte occidental que oculta una península montañosa. Este es uno de los más hermosos parajes en que puede edificarse una ciudad, y, en manos de gente más inteligente y emprendedora, sería una maravilla. Desafortunadamente, sus habitantes son los más pobres y desmoralizados de Nicaragua. Sin empresas que le den vida, la ciudad ha perdido toda esperanza de prosperar con el repetido fracaso de las industrias extranjeras que han tratado de establecerse allí. Esta capital no tiene siquiera mercado, y lo que son legumbres no se ven ni por asomo.

En realidad, Managua no es más que una gran aldea que ocupa una media legua cuadrada de superficie con cuatro o cinco iglesias y casas desperdigadas que se pierden en los montes vecinos. Al igual que Granada toma de su lago el agua para beber, y con sólo ramas las mujeres pescan sardinas que tienen el sabor de nuestros gubios del Sena.

Llegué a Managua en medio de los terrores causados por los últimos temblores, y me hospedé —por cortesía del Presidente Martínez— en la mejor casa de la Calle Real. Por semejante atención creí de mi deber ir inmediatamente a rendirle las gracias. A mi regreso a casa encontré puesta la mesa en el corredor. La comida fue de tortilla, carne asada —negra y dura—, frijoles colorados (que es el plato nacional de los nicaragüenses), plátano frito, queso y frutas.

BELLY

1869

“No posee edificio alguno notable”

Managua no es más ahora que una ciudad de 6 a 7,000 almas, no empedrada, que toma el agua de su lago, y no posee edificio alguno notable. El frontispicio de la parroquia amenazaba ruina, y últimamente se ha mandado demoler con intención de volverlo a levantar sobre un plan más elegante, una torre de piedra de canto, empezada hace 10 años, se eleva algunas varas a la izquierda del monumento, sin poder acabarse. El Palacio Nacional es un gran edificio cuadrado y bajo, con balcones al estilo español, pero sin ornamentación alguna al exterior, y sin carácter arquitectónico. En el interior, las salas destinadas al Congreso y al Presidente son un poco más adornadas. En la misma plaza, inmensa y desnuda, donde se encuentra el Palacio y la parroquia, se eleva un edificio en que se han instalado un cuartel, el presidio y el cabildo.

Las otras iglesias de Managua son las de Candelaria, San Miguel, San Sebastián y San Antonio; no contienen absolutamente nada que merezca mencionarse. Cada una de ellas corresponde a un cantón que lleva el mismo nombre.

LEVY

1871

“Un extenso conglomerado de viviendas desparramadas”

Al mediodía, exactamente ocho horas desde Masaya, entramos en Managua que es simplemente un extenso conglomerado de viviendas desparramadas. Tiene una plaza y una calle principal con casas de adobe y piso de tierra o ladrillos, como las de Granada y Masaya. En la plaza hay una iglesia, un cuartel, y la casa del gobierno sobre la que flamea el pabellón nacional. Las calles no tienen pavimento, y el lugar, en fin, es un cuadro de angustia e indigencia.

En la plaza, junto al cuartel, haraganeaban unos cuantos soldados que, para ser ese un alejado rincón del universo, eran un buen espécimen de gente militar.

Managua es desde hace algún tiempo la capital de la República, el Presidente se aloja en una residencia que da a la plaza. La ciudad cuenta con unos diez mil habitantes; las casas están a la orilla del lago, pero este no parece servirle de mucho en el comercio. No vi un solo barco en sus aguas, y los bongos y canoas varadas en la costa eran de la más rudimentaria construcción, la más vasta que jamás he visto en el mundo, sin excepción de lugar alguno.

En la fonda, aunque no era lujosa, lo pasé bien, pero no pude conseguir un plato de las sardinas del lago que según decires son deliciosas.

PIM

1891

“La única ciudad de Nicaragua que tiene agua corriente”

En virtud de su posición geográfica central, Managua está mejor situada que las otras ciudades para ser capital del país. Las oficinas del gobierno, los cuarteles y demás edificios públicos están en la plaza; todos son de dos pisos, de piedra caliza, y no se distinguen por su belleza arquitectónica…

Managua es la única ciudad de Nicaragua que tiene agua corriente, y la única también con fábrica de hielo que se produce en cantidades suficientes para abastecer a las ciudades del oeste de los lagos a razón de cinco centavos la libra; el negocio es una mina de oro. Los talleres de reparación del ferrocarril están igualmente ubicados allí, hay además una fábrica de jabón, una de mecates y varias otras de pequeños artículos de uso doméstico.

Allí está localizada también la oficina de telégrafos, propiedad del gobierno, que presta un servicio barato y más o menos bueno en todo el país. Cabe decir aquí asimismo que Nicaragua cuenta con un excelente servicio postal. Varios vaporcitos construidos en Inglaterra, y de propiedad gubernamental, hacen el tráfico entre Managua y Momotombo, sirviendo de enlace entre el trecho ferroviario de ese último lugar y Corinto y el de Granada-Managua.

En cuanto a las casas de Managua es poco lo que podemos decir. Son por lo común parecidas a las de Granada, pero a veces muestran cierta tendencia a separarse del estilo usual, y un residente de gusto americanizado estaba construyendo, cuando yo estuve allí, una quinta de tipo “Queen Anne” en una lomita con vista al lago. Al lado oriental de la plaza hay una gran iglesia con fachada de dos torres donde los domingos por la mañana se celebra misa a la que asisten el Presidente y su Gabinete. La banda de los Supremos Poderes, que dicho sea de paso tiene elegante uniforme y la integran excelentes profesores, toca siempre en esa misa. El viajero la pasa en Managua mejor que en cualquier otra parte del país. Hay allí tres hoteles, dos de los cuales —uno de un inglés y el otro de un italiano— sirven exquisita comida; los aposentos, en cambio, dejan mucho que desear.

SIMMONS

1893

“Una de las ciudades de Nicaragua que más ha progresado”

Capital de Nicaragua, Managua es una bonita ciudad a orillas del lago del mismo nombre. Tenía 27,000 habitantes el 1 de enero de 1891. Dos líneas telegráficas (una, de la oficina central, otra, del Palacio Nacional); teléfono con Masaya y Granada. Es el punto de partida del ferrocarril de Granada; se haya en rápida comunicación con Corinto por medio de los barcos de vapor nacionales del lago de Managua y del ferrocarril de Momotombo, León, etc. Un gran muelle de madera para los barcos de vapor, prolongado y mejorado en 1892, se adelanta en el lago. El anclaje de los muelles es apenas suficiente para la regulación del servicio de los cinco vapores nacionales, les es reservado especialmente.

Sin embargo, las embarcaciones de los particulares pueden servirse del mismo, sin pagar derecho, para el cargamento y la descarga de maderos para la tintorería y la construcción. De Managua, en vapor, se tarda 1 hora y 40 minutos para llegar a Tipitapa, 2 horas para Mateare, 3 horas para San Francisco, 5 horas 30 minutos para El Obraje, San Roque y Momotombo (vapor directo), y 8 horas por vapor costero. Los precios de pasaje, ida y vuelta, varían entre $0.50 y 1 peso. El flete $0.15 el quintal español. Hay aproximadamente cuatro salidas por semana para Momotombo y dos para las otras escalas. Son precisamente estas facilidades de comunicaciones que ponen a Managua en contacto con todas las partes de la República que han llevado a crear en Managua, en 1888, el Banco de Nicaragua con un capital de $2,000,000, y sucursales en León, Granada, San Juan del Norte, Masaya, Rivas, Chinandega, Matagalpa. Este establecimiento ha prestado servicios al país y está llamado, al igual que otros del mismo género, a continuar prestándolos. De Managua se puede llegar al distrito minero de Prinzapolka solamente después de un mes de viaje (vía San Juan del Norte).

Las calles son anchas y rectas. Entre los edificios públicos hay que citar el cuartel principal y el Palacio del Gobierno con hermosos despachos y salones, el Hospital, el Instituto Nacional Central y la Escuela Normal de varones, ambos actualmente en construcción; la Penitenciaría, la iglesia de Candelaria y la Escuela de Artes y Oficios que tiene una maquinaria especial francesa instalada por franceses. Actualmente se ha convertido en taller de reparaciones del ferrocarril y de los barcos de vapor nacionales; está dirigida por un yankee. Además de esta máquina de vapor del taller del ferrocarril, Managua posee otras más: cinco utilizadas en aserríos y en máquinas limpiadoras de café (tarifa: 45 centavos el quintal con broza, 80 centavos el quintal sin broza, 50 centavos el transporte de 25 quintales en el interior de Managua); una para la fábrica de helados (que produce un rendimiento mensual del 2 ½ por ciento); y otra utilizada por la Compañía de aguas (bomba elevadora de vapor). Esta sociedad trae a domicilio el agua potable del lago de Managua, a través de una tubería de 8 millas de largo y sirviéndose de grandes depósitos que se llenan diariamente de hasta 2 millones de galones, estando en la colina de Tiscapa. La Compañía Aguadora cobra 35 centavos por pie de tubo, instalación y accesorios, y 2 pesos por un mínimo de 2 mil galones de agua; por cada mil galones más, los precios varían entre $0.30 y $1, según la calidad.

Además de los centros de enseñanza indicados anteriormente, se cuentan numerosas escuelas primarias para ambos sexos; una escuela superior de señoritas, el colegio de señoritas La Esperanza; el colegio mixto, con clases primarias y secundarias. Managua posee un parque, adornado con frutas y flores del país. Hay tres clubes: el Club Social, el Club de Artesanos, el Club Republicano y una Cámara de Comercio, creada el 12 de octubre de 1892. El lugar del lago donde toda la gente se baña tiene las tres demarcaciones siguientes: aguas potables, baños para mujeres y baños para hombres. Managua es uno de los centros comerciales y agrícolas más importante de la República y adquiere cada año una mayor extensión. La feria del 3 de mayo, llamada de La Cruz, comercial y agrícola, es ocasión de transacciones considerables.

Por lo demás, es una de las ciudades de Nicaragua que más ha progresado en estos últimos tiempos. La población ha aumentado en una proporción del 150 por ciento durante los últimos treinta años; el valor de los bienes raíces en este lugar se ha duplicado cada diez años en la misma época. Las tiendas o bazares de Managua están bien surtidos como los mejores de León, Granada y Masaya. La producción agrícola cubre la mayor parte de sus importaciones. El ganado es alimentado de manera racional en los pastos cultivados. Los mozos de fincas ganan generalmente 50 centavos (2 francos) al día, con la comida. Para finalizar, citemos la existencia en Managua de fábricas de aceite de ricino, de ladrillos, de hamacas, cordeles, sombreros de paja, de puros; también de 4 panaderías donde se hornea el pan siguiendo el método francés; de un gran taller de encuadernación del gobierno muy bien dirigido por un francés; y finalmente de queserías bien instaladas. Hay en Managua arquitectos y constructores en carpintería, herrería, fabricantes de muebles, puertas, ventanas, escaleras, rejas y balcones. Las profesiones de la capital se dividen de la manera siguiente: 5,000 obreros agrícolas u otros, 1,000 agricultores, 150 militares, 100 carreteros, 100 lavanderas, 100 leñadores, 100 marineros, 50 músicos, 50 cigarreras, 40 costureras, 40 topógrafos, 30 profesores, 22 comerciantes, 20 taquilleros (que expenden bebidas alcohólicas), 20 zapateros, 20 herreros, 19 barberos, 15 médicos, 15 cocheros, 13 abogados, 12 panaderos, 10 carniceros, 6 carpinteros, 7 albañiles, 6 ebanistas, 4 eclesiásticos y 3 farmacéuticos.

Hay además los hoteles siguientes: el Gran Hotel Managua (del italiano J. Lupone), el más grande del país que comprende el antiguo Hotel Nacional como dependencia; el Hotel Nuevo, el Hotel de Italia y una casa de huéspedes. Excelente música militar instrumental dirigida por un belga. Existe también una orquesta formada por jóvenes aficionados que pertenecen a las principales familias del país, y una biblioteca circulante. Periódicos: La Gaceta oficial, el Diario de la Capital, y El Siglo XX.

Managua exporta anualmente 80,000 quintales de café aproximadamente, así como maderas de cedro, pochote, caoba y níspero abundantes en esta región. La madera de construcción se vende en la ciudad de 12 a 20 francos el desisterio y la madera para leña 5 francos el estéreo. Los peones son pagados 3 francos al día. Clima sano; altitud: 73 metros. La municipalidad de Managua ha gastado en 1891 $3,291.74 para sus escuelas. La Gallera, local amplio y hermoso para las peleas de gallo, es muy concurrida. El adjudicatario de esta cancha de gallos paga a la municipalidad un canon de $7,510. Se hacen fuertes apuestas. El gobierno la adjudica por cinco años. Una sociedad protectora de animales se encuentra en vía de formación. Hermoso teatro. En las fiestas de La Cruz, de Candelaria y de San Sebastián tienen lugar corridas de toros en la plaza pública. La policía urbana se encuentra bien organizada y comprende cuatro secciones; una sección montada acaba de serle agregada recientemente.

PECTOR

1896

“¡Tres sacerdotes, y uno de ellos ciego!”

Aquella mañana soplaba fuerte el viento (en el lago de Managua) y apenas podíamos tenernos en pie por el vaivén y las sacudidas del vaporcito. Poco faltó para que asaltara el “mal del mar”, es decir, el “mal del lago”. La travesía fue rapidísima, por la parte más estrecha; y sin embargo duró sus buenas cuatro horas.

Desembarcamos en Managua, la capital de la República, con 18 mil habitantes. El tren estaba allí esperándonos y seguimos para Granada. Pero tuve tiempo para ver la Iglesia Parroquial y el Palacio de Gobierno, de aspecto severo, un poco parecido a nuestro castillo de Valentino. ¿Sabe cuántos sacerdotes hay en esta Capital? ¡Tres, incluyendo al Párroco, y uno de ellos es ciego!

PICCÓNO

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