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Chávez: bolsillos llenos. ()
La bonanza de PDVSA
Petróleos de Venezuela (PDVSA), la mayor empresa de América Latina, se hace aún más grande gracias a los precios y a su mayor control de parte del Gobierno ¿Cuánto le durará?
Dorothy Kronick
Caracas

Es una vieja historia. El petróleo sube y los estados estrechan su control sobre las petroleras. Entonces, y respondiendo a reflexiones políticas antes que estratégicas, administran despreocupadamente sus activos en hidrocarburos. La inversión sufre.

La calidad de los recursos humanos cae. La corrupción y la ineficiencia se comen las ganancias. Y cuando el precio del barril vuelve a caer, los estados se ven forzados a reabrir los campos petroleros a la inversión privada.

La estatal venezolana PDVSA, la mayor empresa de América Latina, está en el comienzo de esta historia una vez más. “Va a tardar un tiempo antes que el Gobierno reabra los hidrocarburos a la operación de los privados”, dice Francisco Monaldi, un economista que estudia la industria petrolera en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) de Venezuela.

“Mientras tanto habrá un clima poco atractivo para la inversión, pero, tal como la historia lo ha demostrado, cuando los precios caigan, un nuevo ciclo de inversión se iniciará”.

Desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, y especialmente desde que los precios del petróleo empezaron a subir hacia fines del 2003, el Gobierno venezolano retrocedió en los pasos dados de su apertura en los noventa.

La Constitución de 1999 dejó yacimientos de petróleo para el uso exclusivo del Gobierno y de PDVSA, lo que la transformó en compañía ciento por ciento estatal.

La administración de Chávez elevó el impuesto a la renta para las compañías privadas desde 36 hasta 50 por ciento y, posteriormente, el tributo a los productores de crudo pesado en la Faja del Orinoco desde 1 a 16.7 por ciento. En 2005 y 2006 forzó a compañías contratadas para funcionar —las que trabajaban en yacimientos de petróleos marginales y bajo comisión— a ser accionistas minoritarios en un joint venture con PDVSA. Y el 1 de mayo, la estatal terminó de asumir el control operacional de la mayoría de las cuatro empresas más importantes de crudo pesado en la Faja.

Las ventas de la compañía alcanzaron la histórica cifra de US$102,000 millones el año pasado, por encima de los US$86,000 millones en 2005 y de los US$65,000 millones de 2004.

Un efecto directo en las arcas fiscales de Hugo Chávez, cuyos ingresos también han subido por otras fuentes. “A partir de 2003, el Estado venezolano recapturó su ‘agencia’: la nueva PDVSA está orgullosa de servir a la nación como compañía petrolera nacional”, dijo Rafael Ramírez, Ministro de Energía y presidente de PDVSA a fines del 2006. “No sólo en la generación de rentas y regalías, sino también en la ejecución de políticas económicas y sociales definidas por el gobierno nacional y relacionadas con la distribución de estas rentas: la siembra del petróleo”.

LAS PROYECCIONES

Con este fin, el plan de 2006-2012 de la compañía señala que la producción venezolana casi se doblará antes de 2012, llegando a 5.85 millones de barriles por día (MMBD). Muchos dudan que lo consiga.

“La tendencia muestra que la producción lentamente declina, por lo que es improbable que PDVSA la levante según su plan 2006-2012”, dice Monaldi, del IESA, quien no cree tampoco que sea inminente un colapso en la producción gracias a un aumento del número de pozos petroleros.

“Pero la inversión en la exploración y la producción tendrían que aumentar en una proporción gigantesca para que PDVSA produzca 5.88 MMBD en 2012… Lo más probable es que ni siquiera llegue a los 4”, señala.

FALTAN INVERSIONES

La razón es que la compañía está destinando sus ganancias desde las inversiones hacia el gasto interno y la ayuda internacional.

El gasto en programas sociales llegó a US$13,000 millones el año pasado, casi el doble de los US$6,900 millones de 2005 y un aumento dramático respecto los US$546 millones de 2003. Esto excede por mucho los gastos de capital de PDVSA, que llegaron sólo a US$3,880 millones en 2005, mucho menos que los US$5,800 millones según el plan de inversiones.

La falta de inversiones ha retrasado la recuperación de la devastadora huelga que por dos meses afectó la petrolera a fines de 2002 y que paralizó su producción. Hoy PDVSA dice que Venezuela produce 3.1 MMBD, aunque la International Energy Agency, dependiente de la OCDE en París, estimó en abril que el número está más cercano a 2.42 MMBD.

Esto confirmaría la tendencia a la baja en la producción desde el promedio diario de 2.69 MMBD en 2005 y los 2.42 de 2006.

“Durante los últimos ocho años la producción de PDVSA ha tendido hacia abajo”, dice P. Donatello Pitts, analista y redactor jefe de LatinPetroleum.com, un medio especializado en petróleo basado en Caracas.

Tampoco se ha sabido de grandes aciertos de PDVSA en exploración y producción, sus actividades de base y en las que se está desinvirtiendo a favor de los programas sociales. “Cuando Chávez habla de la economía siempre dice ‘los números no mienten’. Y es cierto: las cifras de inversión y de producción de PDVSA no mienten”, dice Pitts.

En julio de 2006 Moody’s quitó el rating B1 a PDVSA en respuesta a su aviso de que no publicaría más estados financieros auditados por el SEC. Ya había habido retrasos en la publicación de los informes anuales de 2004 y 2005.

Las dudas también llegan a sus decisiones de contratación. Despidió a casi la mitad de su mano de obra (18,000 de 40,000 empleados) después de la huelga de 2002. El problema es que el criterio de selección del nuevo personal es político, como se demostró en un discurso de Rafael Ramírez, diciendo que en la empresa sólo había lugar para “rojos, rojitos” y que quien tenga dudas sobre el proyecto de gobierno debía renunciar.

Nadie sabe cuánto tiempo PDVSA permanecerá en el control del sector petrolero en Venezuela. La respuesta depende de los precios del petróleo, de la popularidad del gobierno y de otros factores imprevisibles. Pero el final de la historia no es un misterio. Tarde o temprano, el Gobierno volverá a entregar el control a los privados para explotar sus hidrocarburos.

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