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12.08.07
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Noticias >> Religión y Fe
La Asunción de María
Neguib Kalil Eslaquit
Sacerdote católico

El próximo 15 de agosto estaremos celebrando la fiesta de La Asunción de María, que es un dogma de nuestra fe católica.

Recordemos que un dogma es una verdad revelada por Dios y que debemos creer con fe católica. Al rechazar el dogma o negarlo de manera pertinaz, quedamos fuera de la comunión eclesial.

Para entender mejor, vale la pena leer el Canon 749 del Código de Derecho Canónico, en su parágrafo 1. “En virtud de su oficio, el Sumo Pontífice goza de infalibilidad en el magisterio, cuando, como Supremo Pastor y Doctor de todos los fieles, a quien compete confirmar en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina que debe sostenerse en materia de fe y de costumbres”.

Los dogmas marianos, hasta ahora, son cuatro: María, Madre de Dios; la Virginidad Perpetua de María, la Inmaculada Concepción y la Asunción de María.

El Papa Pío XII, el primero de noviembre de 1950, definió solemnemente con su suprema autoridad apostólica el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la Constitución “Munificentissimus Deus”:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios Omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

Con fervor y regocijo, celebremos esta “gritería chiquita”, en donde con cantos, alabanzas, compartiendo alegremente los brindis, con voz fuerte preguntemos: ¿Quién causa tanta alegría? Contestando: la Asunción de María.

La figura de la Santísima Virgen María es primordial en la historia de la salvación. Acudamos a ella en todo momento, pidamos su protección para nuestra querida Nicaragua, comprometiéndonos a luchar por llevar una vida, conforme a su ejemplo.

Ella, es la vencedora del dragón infernal. Maestra de oración, de escucha, de práctica de la Palabra de Dios y perfecta discípula de Cristo.

Nos lleva hacia su amadísimo Hijo, y nunca le quita el honor y la honra al Rey de Reyes.

Con San Bernardo oremos: Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las Vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a aparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡Oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.

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