Se verán mejor en la madrugada
Madrugar este lunes valdrá la pena. Quienes lo hagan, tendrán la oportunidad de observar una lluvia de estrellas fugaces. Los que no, podrán ver una “muestra” desde las 9:00 p.m. de hoy.
Los destellos en el cielo podrían aparecer con una frecuencia de entre uno y dos por minuto, llegarán desde el noreste y son en realidad residuos de polvo de la cola del cometa Swift-Tuttle, descubierto en 1862.
Podrán ser vistos hasta en las ciudades más luminosas, según los informes de las páginas especializadas en astronomía.
Este fenómeno ocurre en la segunda semana de agosto. Por eso se le conoce como “lágrimas de San Lorenzo”, santo que la Iglesia católica conmemora en esas fechas.
El espectáculo será vistoso este año porque se desarrollará con la Luna Llena, por lo que el cielo estará más oscuro de lo acostumbrado.
Con suerte, podrían observarse entre uno y dos meteoritos por minuto atravesando la atmósfera.
En Nicaragua, sin embargo, la temporada lluviosa podría arruinar la vista, porque su territorio estará bajo la influencia de la onda tropical número 23, lo que no garantiza cielos despejados.
Los destellos se dan porque las partículas de polvo que componen la cola del Swift-Tuttle atraviesan la atmósfera terrestre a 212 mil kilómetros por hora.
Esa velocidad “enciende” cualquier objeto. En el caso de los meteoritos originarios del cometa Swift-Tuttle, los hace “desaparecer” a una temperatura de 1,650 grados centígrados.
CHOQUE CELESTIAL
La lluvia de estrellas fugaces no se da por casualidad. Hace miles de años el cometa Swift-Tuttle atravesó la órbita terrestre, dejando muestras de su cola hasta hoy.
La cola de los cometas tienen largas extensiones. El cometa Halley, uno de los más conocidos por la humanidad, tenía una cola de 30 millones de kilómetros de longitud.
Por esta razón la Tierra continúa chocando con las partículas de polvo que conforman la extensa cola del Swift-Tuttle puntualmente entre julio y agosto de cada año, como si atravesara una cortina.
Si bien los 11 de agosto suelen ser los días “pico” de estas lluvias, la Tierra dilata 37 días para atravesar la cola del Swift-Tuttle, desde el 17 de julio hasta el 24 de agosto de cada año. El resto de días pueden observarse estrellas fugaces, pero la experiencia no es comparable con la del día principal.
El hecho de que la Tierra chocara cada año con la cola de un cometa cuya órbita es de 135 años, hizo pensar que el planeta se estrellaría con Swift-Tuttle en el año 2126.
Ese teoría cobró fuerza a inicios de la década pasada.
El Swift-Tuttle tiene casi diez kilómetros de diámetro, medidas similares a las del cometa que hizo desaparecer a los dinosaurios cuando se estrelló con la Tierra, hace 65 millones de años.
Sin embargo, la posibilidad fue descartada casi de inmediato, gracias a nuevos cálculos e investigaciones. Hoy se cree que el choque no ocurrirá en los próximos mil años o más.
De hecho, la Tierra también choca con la cola del Halley, lo que provoca otra lluvia de estrellas llamadas oriónidas, porque este proviene de la constelación de Orión.
En el caso del cometa Swift-Tuttle, la lluvia de estrellas fugaces que este ocasiona se llama perseidas, porque el astro proviene desde la constelación de Perseo.
Los cometas son cuerpos celestes sólidos, con una cola compuesta de gases y polvo. La palabra “cometa” puede traducirse del griego como “cabellera” o “estrella con cabellera”.
Estos cuerpos están entre los que más misterio han inspirado en la historia de la humanidad. Sobre ellos se inspiraron leyendas enteras en muchas culturas. Sus colas, que producen estrellas fugaces al chocar con la Tierra, inspiran a los supersticiosos.