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(LA PRENSA/U. Molina)
Suicidios: ¿Por qué se matan los nicas?
En los últimos 17 años los suicidios se han incrementado en más de un 350 por ciento en Nicaragua. Este mal amenaza anualmente a 20 mil personas en el país, quienes según estimaciones de la OMS en un lapso de cinco a diez años lograrán su objetivo: despedirse de este mundo
Lesly Medina Aguirre
domingo@laprensa.com.ni
Prevenir antes que lamentar

“El suicidio es un problema de salud pública. La principal forma de combate es la prevención”. Esa es la clave en la búsqueda de una salida para el psiquiatra Nelson García. Él considera que el problema se subestima y que hace falta la capacitación del personal que atiende las emergencias de los hospitales, los centros de salud y los puestos médicos. García considera que la mayor deficiencia es que los médicos de estas instancias no saben diagnosticar la depresión, que es la señal de alerta.

El Programa de Salud Mental del Minsa ocupa el uno por ciento del presupuesto de ese ministerio. El Dr. Carlos Fletes asegura que la mayoría se va en salarios y reconoce que hacen falta recursos para invertir en la prevención de los suicidios. Aunque asegura que ya se vienen realizando capacitaciones desde el 2003 al personal médico y que existen ocho clínicas en todo el país para darle seguimiento a quienes intentan suicidarse, aún hace falta mucho por hacer con respecto al problema.

Para la Dra. Sandra Ney, el tema de la prevención también pasa por el entorno familiar. Ella asegura que se debe estar atento a las señales de alerta que dan los pacientes suicidas. Además, aboga por un mejor trabajo de educación tanto en las escuelas como de parte de los medios de comunicación, sobre todo con los más jóvenes.

El Dr. Zacarías Duarte, de Medicina Legal, opina que parte fundamental del trabajo de prevención es la difusión de la información en los casos de suicidios. “El instituto genera información valiosa para todas aquellas instituciones que luchan contra este mal. Es necesario hacer llegar todo lo que tenemos aquí a ellos”.

Diciembre de 2005. La amiga de Mariana llegó a su casa a recogerla para irse juntas a una fiesta. Entró al cuarto, y al verla tendida sobre la cama comenzó inútilmente a luchar con los pesados párpados de Mariana, los cuales inevitablemente sucumbían al cálido sueño provocado por la ingesta de seis pastillas de bromozepan. Era la tercera vez que la joven de 17 años entonces intentaba quitarse la vida. Dos fallidos intentos, cuando Mariana tenía 14 años, la empujaron a una tercera vez. “Sólo quería recordarles a mis padres lo que era capaz de hacer si no me daban permiso de salir”, relata hoy esta morena de ojos claros que ya cuenta con 19 años.

La primera vez que Mariana quiso quitarse la vida fue en 2002. Esa vez las diez pastillas de acetaminofen solamente provocaron una reacción alérgica y el enojo de sus amigas. Un mes después, los catorce comprimidos de lorazepan (dormir) y enalapril (presión) sí consiguieron mandarla por seis días al hospital. “¡Qué vergüenza! En el colegio todos se dieron cuenta y me miraban como la loca que intentó matarse”, dice.

El caso de Mariana corresponde a uno de los 20 mil intentos de suicidios en promedio que ocurren anualmente en el país, según datos proporcionados por el encargado del programa de Salud Mental del Minsa, Dr. Carlos Fletes.

La muchacha confiesa estar arrepentida de haber atentado contra su propia vida. Ella dice que está consciente que tiene un problema de depresión y que debe aprender a vivir con ello. “Dios debe tener un plan para mí porque nunca logré matarme”, asegura.

No corrieron con la misma suerte Perla Obando, la fallecida esposa del presidente del Banco Central, quien se mató de un disparo en el área submandibular derecha, ni el magistrado José René Arauz López quien también se disparó, pero en la sien derecha, por mencionar dos casos que han ocupado espacio en los periódicos en los últimos días. Ellos, sin embargo, pertenecen a los 350 suicidios consumados (promedio) que anualmente ocurren en el país y que corresponden casi a un muerto diario por esta causa.

La situación de los suicidios en el resto del mundo no es muy distinta a la de nuestro país. Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que en los últimos 45 años, las tasas por suicidio han aumentado en 60 por ciento en el mundo. Este problema está ahora entre las tres causas principales de muerte entre aquellos de 15 a 44 años (ambos sexos). Las cifras no incluyen los intentos suicidas arriba de 20 veces más frecuente que el suicidio consumado, según datos expuestos en el Taller Regional de Prevención de la Conducta Suicida celebrado en León en agosto pasado.

La OMS estima que de los países centroamericanos sólo Guatemala mantiene los índices controlados, pues pasó de 514 casos en 2002 a 217 el año pasado. Igualmente, se señala que Nicaragua, El Salvador, Belice y Costa Rica están dentro de los que han aumentado los índices de las “muertes voluntarias”.

Carlos Fletes, encargado del programa de Salud Mental del Minsa, asegura que la tasa de suicidios en Nicaragua es de seis suicidios por cada 100 mil habitantes y no llega a los niveles considerados preocupantes que es cuando la tasa sobrepasa los 10 suicidios por 100 mil habitantes. Sin embargo, de no tomarse acciones dirigidas a la prevención la situación podría agravarse, sobre todo porque la población más afectada se encuentra en el rango de los 15 a los 40 años, es decir los jóvenes y los adultos jóvenes.

Al respecto, la doctora Sandra Ney, psicóloga clínica, apunta que los suicidios se están dando en edades más tempranas. “Hemos visto que los últimos meses del año e incluso los que acabamos de pasar, junio y julio, son los que más intentos reportan. Nosotros lo asociábamos con el área escolar donde se dan los exámenes semestrales y muchas veces hay deserciones escolares y pérdidas de materias, pero definitivamente no podemos decir que este sea el desencadenante”.

Una opinión similar tiene el doctor Zacarías Duarte, director del Instituto de Medicina Legal, quien explica que además de los períodos mencionados, el mes de abril también se encuentra dentro de los más afectados.

“Cuando me sacaron del hospital (la última vez) mi mamá no me habló y mi papá tampoco. Entiendo la reacción de ellos, porque si uno quiere a un familiar y este se quiere morir, uno no sabe qué hacer. Me regañaron. Hablé con mi mamá y le pedí perdón. Ella me dijo que me iba a llevar a un psicólogo”, cuenta Mariana sobre su experiencia.

El diagnóstico fue depresión severa, acompañada de síntomas como insomnio, llanto frecuente, aislamiento y baja autoestima. En el caso del magistrado Arauz también se señala que previo al suicidio se le vio deprimido y aislado.

Según el doctor Nelson García Lanzas, médico psiquiatra, las enfermedades que más predisponen al suicidio son trastornos afectivos y del ánimo (depresiones). “Se dice que las personas que se suicidan pueden tener un promedio de un 40 a un 70 por ciento de depresiones. Esta es una enfermedad que afecta a la población y que está latente”, afirma el especialista.

Él también explica que la mayoría de las personas manifiesta los síntomas de depresión, en el medio familiar y que generalmente se relacionan con llanto, estado de ánimo variable (depresiones bipolares), poca energía, tristeza, aislamiento, poca socialización, desinterés por actividades recreativas e incluso pérdida del apetito sexual.

“El paciente suicida piensa en matarse, lo racionaliza, lo hace de manera certera, se aparta y lo lleva a cabo. No es necesario que lo anuncie por televisión, pero sí da signos de alerta”, puntualiza.

Con respecto a los motivos que llevan a una persona a quitarse la vida, la doctora Ney aclara que eso depende si es en una persona adulta o adolescente. Ella detalla que en el adulto está motivado por las depresiones y las situaciones en el orden familiar, en cambio en el adolescente tiene que ver con los cambios a niveles físicos y emocionales. Ney asegura que cuando hay problemas a nivel familiar es mayor la tendencia al suicidio, porque hay falta de comunicación, de manera de que pasan inadvertidas las señales de alerta.

Para el doctor García el factor principal es la desesperanza. También influyen la pérdida de empleo, pérdidas económicas, del estatus, pérdidas de familiares cercanos. “Todos estos elementos se van uniendo y hacen que el hecho sea multifactorial”, argumenta.

Además, García dice que estos elementos pueden ser detonantes de un problema depresivo, pero siempre tienen una carga hereditaria. “Eso es la manera cómo educaron a estas personas, los recursos con que sus padres fueron capaces de desarrollar y ayudarlos a enfrentar situaciones difíciles”.

El médico también alerta a no perder de vista que el país ha vivido guerras, desastres naturales, muertes en cantidades, pérdidas de familiares, desestructuración familiar y violencia.

Aunque la decisión de autoinfligirse daño es bien pensada, también se presentan casos de personas que lo hacen de manera impulsiva. “Aquí entramos a las personalidades límites o border line que corresponde de 3 a 8 por ciento de los suicidas. También tenemos a los esquizofrénicos que son 10 por ciento de los casos”, indica el psiquiatra.

Las pastillas que Mariana consumió son sólo uno de los métodos que existen para quitarse la vida. Según el doctor Nelson García el mecanismo para matarse depende de lo que la persona considera letal, además de la accesibilidad. La mamá de Mariana es enfermera y de allí la facilidad que tenía para acceder a los medicamentos.

Para Perla Obando y el magistrado Arauz el método usado se justifica en que los dos tenían la posibilidad de conseguir un arma de fuego. “No es tan fácil para todos conseguir una pistola. Eso hace que otros métodos sean más usados”.

Las estadísticas del Minsa destacan en primer lugar el uso de plaguicidas que corresponden a un 29 por ciento, si a eso se le suma aquellas que se catalogan como “no especificados”, que son una variante de plaguicidas (48 por ciento), darían más del 70 por ciento de las formas de matarse.

El doctor Carlos Fletes considera que este método está en primer lugar porque es el más accesible, sobre todo en aquellos departamentos alejados como Madriz. La muerte por ahorcamiento es otra de las preocupaciones del Minsa, ya que el uso de este mecanismo ha pasado de 20 muertes en el 2004 a 36 en el 2006. “Se ha convertido en el tercer método”, se lamenta Fletes.

Este médico explica que en el Minsa solamente se maneja datos de los métodos en el área de toxicología, pues es donde se realizan exámenes por ingesta de sustancias tóxicas. Las restantes formas letales de suicidio las maneja el Instituto de Medicina Legal, que realiza las autopsias en todo tipo de muertes violentas.

Esta institución se encarga de legitimar los hallazgos con respecto a los métodos usados en las muertes, las cuales verifican si se trató realmente de un suicidio. “Este instituto se encarga de resolver el problema legal de si una persona se suicidó o la mataron. Por ejemplo, en el caso de la esposa del presidente del Banco Central fue nuestra misión determinar si se suicidó o es que hubo otra mano, porque había personas que pensaban que él la mató, pero con los exámenes se determinó que fue suicidio”, argumentó el doctor Zacarías Duarte, director de Medicina Legal.

Los datos del Minsa y Medicina Legal reflejan que aunque las mujeres son quienes más intentan suicidarse por envenenamiento, son los hombres quienes más lo consiguen en una relación de tres mujeres por cada hombre. Esto se debe a que los métodos usados por los hombres son más efectivos: ahorcamiento.

“No es desesperación, es certidumbre de que he soportado lo que me tocaba, y me sacrifico por ti. Sí Carlota, ¿por qué habría de callarlo? ¡Oh querida mía! En este corazón agitado, muchas veces se ha deslizado la idea... ¡De matar a tu marido! ¡De matarte! ¡De matarme! ¡Sea, pues!” Ese es el fragmento del suicidio más célebre de la literatura y romanticismo alemán: Las penas del joven Werther.

Aunque otros personajes de la literatura se inmolaron en nombre del amor Ana Karenina (León Tolstoi) y los mismos Romeo y Julieta (Shakespeare), es Werther quien mejor encarna el desesperanzado enamorado que no encuentra otra salida más que la muerte para aliviar los desencantos de su pasión.

La novela publicada en 1774 tuvo tal éxito que desató una epidemia de suicidios adolescentes que trataban de imitar el patrón de la nota amorosa de despedida a la amada. En Nicaragua, desde 1993 se registran suicidios en niñas de 14 años. La OMS reporta que entre 1952 y 1995 la incidencia del suicidio entre los adolescentes y los adultos jóvenes se ha casi triplicado en nuestro país, aunque no siempre estén relacionados con decepciones amorosas.

La doctora Sandra Ney asevera que aunque la literatura ha consignado el acto de matarse por amor como algo sublime, detrás de los suicidios con supuestos tintes pasionales hay otras razones que determinan el hecho. “Lo de la pastilla del amor no es tan cierto. La persona que tiene comportamiento suicida está desesperanzada y no encuentra otra salida que la muerte. Decide quitarse la vida no necesariamente por problemas amorosos. A veces estos sólo son detonantes, pero no determinantes de esta conducta”, manifiesta.

Es precisamente esto lo que ocurrió a Mariana. Ella admite que cuando intentó matarse la primera vez hubo de por medio un joven que le gustaba, quien ya tenía novia. “No fue por él, fue sólo una de las razones más por las que decidí hacerlo, pero no es que muriera por él”, cuenta.

El psiquiatra Nelson García tampoco cree que el uso de la pastilla del amor (fosfina) implique una razón amorosa para quitarse la vida. Él cree que su uso se debe a que es un método barato y fácil de conseguir.

Tanto Ney como García coinciden en que muchas veces detrás de los intentos suicidas en adolescentes hay una historia de abuso sexual que induce a la persona a tomar la fatal decisión.

Sobre la ingesta de la pastilla del amor, el Dr. Carlos Fletes, del Minsa, sugiere un control preventivo en la venta y accesibilidad. “Es difícil porque hay intereses económicos de por medio”. Su propuesta es un recubrimiento resistente que atrase el efecto de intoxicación en quienes las ingieren.

La historia de Mariana está registrada como una de las diez mil que a diario ocurren en el mundo (datos de la OMS). Y aunque ella no logró quitarse la vida, sus reiterados intentos confirman que los pacientes que se autolesionan repiten la conducta antes del año, y que entre el uno y dos por ciento se suicidarán entre los 5 y 10 años de la tentativa.

Y pese a que durante los dos últimos años (2005-2006), la tasa de suicidios disminuyó un poco (de siete a seis muertes por cada cien mil habitantes), aún resulta preocupante que sea la undécima causa de muerte en el país y más aún que sea la primera en el rango de los 18-35 años.

Sólo en el semestre de 2007 (enero a junio) el Instituto de Medicina Legal tiene registrado 19 casos de suicidio en Managua. El año anterior reportó 34 en total en la capital. Según los cálculos de esa institución en esas personas se desperdiciaron un mil 232 años de vida útil, lo que implica que en los 350 suicidios promedios que ocurren en el país anualmente se están perdiendo aproximadamente 12 mil 300 años de vida.

Y aunque Managua en cantidad tiene los mayores problemas, los departamentos de Matagalpa, Chinandega, Nueva Segovia tiene las mayores tasas de muerte. Todos tienen 10 o más suicidios por cada 100 mil habitantes.

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