Si lo viera de civil, difícilmente imaginaría en él al Jefe del Ejército de Nicaragua. Omar Halleslevens parece más un finquero que un general. Grande y parsimonioso. Dirige el Ejército desde la misma oficina que ocupó Anastasio Somoza. Es más, usa el mismo escritorio de Somoza y las mismas sillas de la sala donde el dictador se reunía con sus generales.
“Hace poco me entrevistaron unos periodistas españoles que habían entrevistado a Somoza aquí mismo y se quedaron sorprendidos de ver que la oficina se conserva igual”, dice Halleslevens, apenas insinuando una sonrisa en su rostro serio. No hace mucho esfuerzo por parecer afable.
Lo de igual es relativo. Hace 30 años no estaban las medallas que se lucen en una vitrina ni la colección de fusiles que se ve al fondo ni las banderas de las distintas armas y destacamentos del actual Ejército que flanquea el pasillo que da a la oficina. Tampoco estaban los grandes retratos de los distintos jefes que ha tenido el Ejército: Humberto Ortega, Joaquín Cuadra, Javier Carrión y donde, seguramente, estará también el suyo, en septiembre del 2010 cuando deje el mando.
A Halleslevens le ha correspondido asumir la jefatura de las Fuerzas Armadas en un período especial: el regreso del Frente Sandinista al poder. Especial, en tanto representa una especie de prueba de fuego para saber cuánto se implicará el Ejército en un gobierno sandinista después de 16 años de profesionalización con tres gobiernos anteriores.
“Es lógico que al venir el presidente (Daniel) Ortega de una acera política diferente a lo que ha venido sucediendo en los últimos 16 años, surgen algunas interrogantes que paulatinamente, yo pienso, se han venido diluyendo”, dice Halleslevens.
¿Esas interrogantes existen dentro del Ejército?
Dentro, debo decirte que no. Mantenemos la línea que hemos venido impulsado hace muchos años y tampoco he encontrado, y sería jactancioso o mentiroso decir que he abortado alguna intención del gobierno de inmiscuirnos a nosotros en actividades políticas partidarias. Leo un respeto a esta institución que va teniendo una lógica de desarrollo.
Pero no puede ignorar, General, que hay un nuevo contexto en el que se tiene que mover el Ejército: las relaciones del Gobierno de Nicaragua con Estados Unidos se van tensando y ustedes venían desarrollando una relación con Estados Unidos. El Gobierno inicia relaciones también con Irán… ¿Cómo queda el Ejército? ¿Con quién se va a casar?
Nosotros manejamos con los Estados Unidos de Norteamérica una relación que la hemos venido construyendo y que, de parte de la institución, ni a mediano ni a largo plazo vemos cómo haya una ruptura.
¿Aún cuando el Ejército aceptara tener armas iraníes, por ejemplo?
Nosotros no debemos opinar ni debemos entorpecer nuestra labor por las relaciones políticas que pueda tener el Gobierno con los diferentes países. Mantenemos una relación con Estados Unidos, yo diría franca, diáfana, saludable y yo no he encontrado hasta ahora ningún indicio de parte de ellos de poner algún pero. Creo que han sabido leer lo que es la posición política del Gobierno con su apertura a diferentes países en sus relaciones y la posición del Ejército en su enfrentamiento a todas las modalidades del crimen organizado.
¿Este ejército puede tener avituallamiento de Estados Unidos y de Irán, Cuba o Venezuela?
Si hay algún país que nos provea de algún tipo de avituallamiento que nosotros estemos pidiendo, lo aceptamos. Eso no pasa por nada político. Nosotros lo hemos dicho y lo seguimos diciendo: aviones o medios de ala fija para poder interceptar. Si Estados Unidos mañana nos dice “aquí están estos medios”, ¡muy bien, magnífico! Pero si nos aparece Brasil o Francia… ¡muy bien!
¿Y si aparece Irán?
Si aparece Irán y nos dice aquí están los dos o tres medios que ustedes están pidiendo, yo no tengo por qué decirle “no señor, porque usted es el diablo, Lucifer”. Que de eso a que vayamos a caer a otras cosas con los iraníes estamos a un mundo de distancia.
Las vueltas que da la vida: apenas hace un par de años este mismo Ejército estaba apoyando una misión en Irak…
En el caso de Irak… Primero tuvo que haber una posición de Gobierno. Una solicitud de los Estados Unidos y el Gobierno la aprobó, el ingeniero Bolaños la aprobó, y nosotros nos dispusimos y fuimos a Irak. Cumplimos con la misión, diría yo, de forma magnífica. No tuvimos ni un solo accidente. El segundo contingente que iba a ir, por un problema de centavos, de reales, no fue. Nos quedamos listos. Había una disposición de Gobierno de ir y nosotros fuimos a Irak y cumplimos con aquel papel. Si la ocasión se presentara y el Gobierno decide que vamos a ir a Irak, vamos nuevamente.
¿Y si fuese al revés? Porque ahora es un gobierno de diferente signo. Si les pidiesen que fuesen a otro lugar, Venezuela, Cuba, u otro lado donde se estén quemando habas…
No tenemos nada qué hacer en Cuba ni Venezuela…
¿En Irán?
Tampoco. No tenemos nada que hacer en Irán.
El punto es, General, que en cualquier momento puede estallar un conflicto en cualquier parte del mundo y bajo esa premisa de subordinación al poder civil, este gobierno podría ofrecer al Ejército para ayuda humanitaria “al otro lado de la cancha” como lo hizo el Gobierno anterior en Irak.
No lo veo así. No hay una traslación exacta. No hay posibilidad. Lo que quiero dejar claro es que nosotros necesitamos como país pobre, y como Ejército pobre, hacernos de algunos medios y algunos recursos. Si alguien aparece dando esos recursos, nosotros no le vamos a decir no.
¿Cuáles son las urgencias del Ejército? Porque desde hace tiempo se les oye pedir aviones, lanchas…
Vamos a una etapa más concreta. Estoy tratando de sensibilizar a que exista alguien que quiera apoyarnos. He dicho: necesitamos medios de ala fija, para poder interceptar, necesitamos helicópteros, cuyos costos de mantenimiento son más baratos, la hora vuelo. Pero tampoco podemos vivir así, y voy a la siguiente etapa, y estamos tratando de cotizar medios en Chile, Brasil, Francia, España, en los mismos Estados Unidos, en México, si los tiene, medios aéreos que tengan esas cualidades que estamos planteando. Y con esas cotizaciones, buscando la posibilidad de créditos blandos a intereses bajos y largo plazo. Y recurrir a las autoridades nacionales, el Gobierno y la Asamblea, para que el Estado, y no el Ejército, pueda adquirir, un par de medios de ala fija y unos dos o cuatro helicópteros.
¿Para enfrentar el narcotráfico principalmente?
Esos medios de ala fija los queremos para interceptar el narcotráfico. Aquí se vive haciendo lo posible por enfrentarlo en tierra, hacemos lo posible con la Fuera Naval por enfrentarlo en el mar, pero en la parte aérea, estamos fritos. Los Estados Unidos viven reportando, yo he oído tres datos, unos hablan de 500, otros de 600 y los últimos datos que oí fueron 700 toneladas (de cocaína), lo que ingresa año con año a Estados Unidos.
Estados Unidos debería ser el más interesado en reforzar a estos países…
Es correcto. Uno también pudiera pensar así, pero las realidades son otras… ¿Para qué queremos los medios aéreos? Tenemos alrededor de 8 mil kilómetros cuadrados en Bosawas, tenemos alrededor de 3 mil en la reserva Indio Maíz. En Nicaragua hay 76 reservas, si no me equivoco. A nosotros nos preocupa esos recursos, que conocemos que hay un enfrentamiento de diferentes índoles.
El Ejército viene trabajando con el armamento que quedó de los años 80. El fusil de reglamento sigue siendo el AK de fabricación soviética. ¿Va a llegar un momento en que tendrá que renovar su armamento?
Así es. En cuanto al armamento de infantería, todavía tenemos algunos años más con el fusil AK.
El AK es un buen fusil.
Algunos dicen que es atrasado, pero aquí hay dos líneas: los AK que te los encontrás en todo el mundo y el M-16 con todas las modalidades que tiene. El AK es un buen fusil. Nosotros hemos logrado preservar una buena cantidad que nos permita por unos cuantos años no estar pensando en cómo adquirir fusiles.
Usted ha visto desde el Ejército a los últimos cuatro gobiernos. ¿Cuáles diría que son las características que ha tenido cada uno en la relación con los militares?
Doña Violeta vino en un momento difícil. Concluida una guerra interna y la necesidad de lo que fue la desmovilización de unos cuantos miles de la Resistencia o de Contras, como se les llamaba, y por el otro lado, el Ejército con una cantidad enorme de integrantes, reservistas y milicianos. Una institución bastante grande. A doña Violeta le corresponde desmovilizar a algunos. Con unas cuantas promesas que entiendo nunca se han cumplido, y licenciar a otros en el Ejército. Para nosotros fue un paso durísimo.
En ese tiempo estaba todavía el general Humberto Ortega al frente del Ejército.
Le sucedió en el Ejército, el general (Joaquín) Cuadra y en el Gobierno el doctor Alemán. Debo decirte que encontré con el doctor Alemán una lógica bastante positiva. Él vio al Ejército como el Ejército de Nicaragua y no como el Ejército de un partido.
Que también hubo sus roces en algún momento…
Es que siempre se pasa por algunos apretones, pero con una posición bastante profesional. Pero en general, la posición del doctor Alemán fue, yo diría, de gobernante.
Luego tenemos al gobierno del presidente Bolaños, que se vio bastante débil y muchas veces necesitado del respaldo del Ejército.
El período presidencial del presidente Bolaños fue muy difícil porque tuvo a la Asamblea casi siempre en contradicción. Un partido casi siempre tiene una cantera de cuadros. Estos temas no me gusta tocarlos, pero desde el 90 hasta la actualidad, creo que el 2005, siendo presidente el ingeniero Bolaños, fue el año más difícil que tuvo este país en la tarima política.
¿Alguna vez pensó el Ejército en intervenir?
Mucho se hablaba de eso. Había encuestas, opiniones, había personajes que comentaban que interviniera el Ejército. Yo me atrevería a decirte que en un momento hubo dos encuestas, donde en una el 20 por ciento (de la población) planteaba que el Ejército debía intervenir y en otra creo que llegó hasta el 25 por ciento. En una reunión que tuvimos con la Comandancia en ese momento, planteábamos ¿qué sería si ese estado de opinión llegase a ser el 80 ó 90 por ciento? Indudablemente que aquí en el Ejército ha privado siempre la prudencia, la madurez y los comentarios de intervenir que pueden hacerse afuera, no están aquí adentro.
Hace poco, la comisionada Granera reconoció que la Policía tenía una red de oficiales encubiertos… ¿El Ejército trabaja con esta modalidad?
Todos los aparatos de inteligencia del mundo, aunque estén bastante limitados por ley, hacen averiguaciones u obtienen información. Que unos tengan potestad de investigar y capturar, es una cosa, y que otros tengan sólo potestad de investigar para darse cuenta qué es lo que está pasando, es otra cosa. Si no conocés qué está pasando adentro, vos te dedicás a dar palos de ciego.
¿Qué opina de la propuesta del presidente Ortega sobre canjear los SAM-7 por medicina con Estados Unidos?
Yo veo las cosas desde diversos ángulos. La veo como una posición del gobierno que hace un saque. El presidente Ortega siempre había mantenido un no sobre este tema. Ahora hace un saque. Esa pelota ahora cae en la cancha. No he hablado con ninguna autoridad norteamericana para ver cuál es la posición de ellos.
¿Usted ve bien esa propuesta?
Veo que las cosas tienen que buscar algo más en la concreta. Nosotros planteamos que con 400 cohetes garantizamos la defensa antiaérea de este país. Hay 1051 cohetes actualmente en existencia. La decisión sobre ellos no depende de nosotros.
O sea, que a ustedes les es indiferente cómo se resuelva el asunto siempre y cuando les dejen los 400 cohetes que han pedido.
Eso es lo que hemos planteado nosotros. El resto es voluntad política.