En días pasados los medios de comunicación informaron sobre la aparición de una rara enfermedad que está afectando el hato ganadero del departamento de Estelí. Según esas informaciones, en varios lugares del departamento se han producido pérdidas de animales con la consiguiente afectación económica para los productores y para la economía de la región y del país en general.
Desde las primeras informaciones se hizo evidente que las autoridades responsables de sanidad animal en la región no estaban bien preparadas para este tipo de situaciones. Aunque se han señalado varias posibles causas, no parece haber todavía certeza sobre el verdadero origen de ese problema. Según las informaciones periodísticas más recientes, los técnicos apuntan a una posible intoxicación causada por la ingesta de la planta conocida popularmente como “escoba morada”.
Este caso ha puesto nuevamente sobre el tapete la necesidad de una política nacional de Ciencia y Tecnología, que debe apuntar, entre otras cosas, a fortalecer el vínculo entre los investigadores y los responsables de las políticas públicas. Si existiese este tipo de políticas, ningún animal debería morir a causa de una intoxicación de este tipo.
La “escoba morada” es una planta con el nombre científico Melochia pyramidata L., perteneciente a la familia de las Stercualiaceae, una familia de plantas muy común en nuestro país. Después de haber estudiado esta planta por más de cinco años en la Universidad de Göttingen, Alemania, el suscrito demostró que esta planta es efectivamente tóxica y con toda seguridad responsable de la enfermedad conocida popularmente como “derrengue”.
El “derrengue” comienza a manifestarse por medio de temblores en los músculos de las extremidades, continúa en su fase aguda con una parálisis de las patas traseras que postra al animal afectado, el que finalmente muere debido a parálisis en los músculos del aparato respiratorio.
En los estudios realizados en la Universidad de Göttingen, se aisló y determinó la estructura molecular de la sustancia química contenida en la “escoba morada”, que es responsable de producir este cuadro clínico. Los resultados de estas investigaciones fueron publicados entre 1979 y 1980. Esta sustancia que fue designada con el nombre de Melochinina pertenece a un nuevo grupo de alcaloides, que son sustancias químicas que contienen en su molécula átomos de nitrógeno y presentan características básicas.
Lamentablemente, en aquella época no fue posible determinar el mecanismo de acción de esta sustancia. Se demostró que no afecta procesos enzimáticos básicos y que tampoco produce daños visibles en órganos vitales de los animales afectados. Nuestra hipótesis es que la Melochinina bloquea canales de cationes, probablemente de calcio, en la membrana celular; pero esto no ha podido ser demostrado experimentalmente.
Por la descripción que se ha hecho en los medios noticiosos del cuadro clínico que han presentado los animales afectados en Estelí y por la confirmación de la presencia de “escoba morada” en los potreros donde se alimentaban los animales afectados, es posible concluir con un cierto margen de certeza que efectivamente se trata de casos de “derrengue”. A falta de un tratamiento, se podría intentar tratar a los animales con un suplemento de calcio.
La imposibilidad de realizar en Nicaragua los trabajos para establecer el mecanismo de acción de la Melochinina ha sido, al menos en parte, una de las razones por las cuales nos hemos dedicado a promover el desarrollo de la investigación y de un sistema de Ciencia y Tecnología. Aunque comparada con la situación a inicios de los años ochenta ha habido algunos avances, el hecho de que los ganaderos de Estelí sufran pérdidas debido a intoxicaciones por plantas o, peor aún, que los animales mueran sin que se sepa con certeza por qué, es una muestra de que no hemos avanzado lo suficiente y que la falta de preocupación que el Gobierno actual muestra en relación con el tema de Ciencia y Tecnología deben llamarnos a la reflexión.
El 24 de julio la Asociación Científica Nicaragüense celebró su primer aniversario, este es un buen momento para continuar esta reflexión y, sobre todo, para que la comunidad científica haga uso de la palabra.