Los Simpson
Levanten la mano quienes hayan cometido la gran falta de no haber visto nunca a Los Simpson. Por favor, por favor, hagan una fila y para remediar su horror, soliciten un curso intensivo de 48 horas seguidas para que puedan gozar esta película que tardó 18 años para hacerse.
Primero familiaricémonos con Homero, un calvo gordo de 35 años que trabaja en una planta de energía nuclear y cuyo vocabulario está lleno de “wahoo”, “mmm” “cho-co-la-te”, “rosquillassss”, “ouch” y... “¡cerveza!”
Entre las proezas de Homero están que llegó a pesar 325 libras para no ir a trabajar, diseñó el Homeromóvil con el que llevó a la ruina a su hermano empresario y fingió su muerte con un muñeco.
También está Margie su esposa, un año menor, opss, lo siento, ha sido maestra, trabajadora de la planta nuclear, mesera en patines, oficial de policía y le excita que le toquen los codos.
Bart, de 10 años, es un eterno estudiante del cuarto grado, generador de problemas, fanático de Tom y Daly y de Krusty El Payaso; su hermana Lisa, de 8 años, la estudiante excelente que le gusta tocar el saxofón, es vegetariana, ecologista, le encantan los ponys y quiere la paz mundial; y Maggie, de un año, que nunca ha logrado decir una sola palabra pero que dentro de sus hazañas está haber disparado al Señor Burns y haberle salvado la vida a Homero en varias ocasiones.
Estaba más emocionado que la vez que fui a ver la de la mochila azul, uuuuuuuu, hace añales y había una fila que sólo la he visto con Matrix o con La Guerra de las Galaxias. Y entonces, empieza la película en la que como siempre, Homero mete todas las de andar... No les contaré más para que puedan disfrutarla con emoción.
Lo que descubrí al terminar es que Nicaragua se parece mucho a Springfield. Igual que en la ciudad de Los Simpson, tenemos un lago hasta la pata de basura, gente que tira desperdicios desde la ventanilla de los autobuses, de su vehículos y de sus casas, por lo que espero no tengamos el mismo final de ellos.
Es una película ultra divertida, ácida, grosera, irreverente, tonta y crítica de los estilos de vida que llevamos y de cómo cada día logramos avanzar más a lo que será nuestra destrucción.