Mientras el Presidente de Brasil promueve las bondades de los biocombustibles en México, Honduras, Nicaragua, Jamaica y Panamá, en el sur el Presidente de Venezuela garantiza petróleo a Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador: parecería una estrategia finamente coordinada. En realidad, se trata de manifestaciones de una rivalidad que ninguno de los dos países, y sobre todo ninguno de los dos presidentes, ha reconocido abiertamente.
Brasil es el mayor productor y exportador de etanol de caña de azúcar, y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha aprovechado los precios récord del petróleo y la preocupación por el calentamiento global, para ofrecer los biocombustibles como solución a ambos problemas. Venezuela, en cambio, es el exportador de petróleo más importante de América Latina, y en esa calidad el presidente Hugo Chávez prometió satisfacer las necesidades energéticas de sus aliados en Sudamérica durante el próximo siglo y más.
Lula firmó en México proyectos conjuntos para producir etanol, aunque también propició la discusión de proyectos conjuntos para producir petróleo en otras partes del mundo. Chávez firmó en Buenos Aires un tratado de seguridad energética, pero también habló sobre la necesidad de construir infraestructura que permita aprovechar energías eólica, solar y nuclear.
Rivalidad a dos niveles
Para Francisco Panizza, profesor de Política de América Latina y experto en Relaciones Internaciones de la London School of Economics (LSE), la relación entre Lula y Chávez refleja la situación de los dos países en el contexto internacional.
“Es una rivalidad que ninguna de las dos partes ha reconocido abiertamente”, dijo Panizza. “Sin duda Brasil y el presidente Lula se consideraron siempre líderes naturales por el peso que tiene Brasil en América Latina, y ahora le ha salido la competencia de Chávez con una política exterior muy dinámica, muy agresiva, y con el respaldo de los petrodólares”.
Capaz de negociar
Lula y Chávez difieren en su forma de concebir los modelos de integración en América Latina, con relaciones en Estados Unidos, con tratar de cambiar la agenda de América Latina, “en lo cual Chávez ha tenido gran efectividad”, según Panizza.
La gran carta de Chávez, señala el profesor, “ha sido siempre el petróleo, y ahora Brasil se encuentra con la carta del etanol y la está tratando de jugar para balancear el peso de los petrodólares de Chávez”. La política latinoamericana de Chávez tiene objetivos más políticos que económicos. “Busca dinamizar una América Latina distinta, si se quiere más volcada hacia la izquierda y más en confrontación con Estados Unidos”, indica Panizza. “Al mismo tiempo busca asegurarse mercados alternativos para el petróleo, alternativos a Estados Unidos, que es su principal cliente”.
Para Brasil, “la cuestión tiene que ver con su posición como una potencia emergente a nivel mundial”. En todo caso, concluye el profesor de LSE, “el liderazgo de América Latina refuerza la capacidad negociadora que Brasil tiene a nivel mundial en cuestiones como la OMC y otros foros, capacidad que, por cierto, no tiene Venezuela”.