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Mujer cristiana de rey árabe cuenta su “calvario” como esposa
EFE

LONDRES.- Palestina de nacimiento y cristiana de religión son los dos peajes que Janan Harb tuvo que pagar con un ostracismo involuntario y varios abortos obligados del que, según su marido, sería un "pequeño Arafat", a fin de mantener su condición de esposa del difunto rey Fahd de Arabia Saudí.

Todo esta experiencia de reina que vivía oculta en palacio, pero que a los dos años de su matrimonio tuvo que huir al exilio, es la que desvela ahora Harb, casi cuarenta años después de su boda con el monarca saudí, en una entrevista que publica hoy el diario británico "The Times".

Según ella, su condición de cristiana la obligó a mantenerse "en la sombra", pues podría suponer un problema para Fahd que se descubriera que un rey saudí, jefe de un Estado en el que se encuentran las ciudades santas musulmanas de La Meca y Medina, tenía una relación con una "infiel".

Además, su nacionalidad palestina parecía no ser la más indicada para la madre de los príncipes saudíes, ya que, como llegó a comentar alguna vez el monarca, no quería tener corriendo por el palacio un "pequeño Arafat", en alusión al ex presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

RECLAMARÁ 2,000 MILLONES DE EUROS

"Quedé embarazada a finales de 1968, a mediados de 1969 y a finales de este mismo año. En cada uno de estos embarazos, él me obligó a abortar", revela Harb.

"Dos de los abortos -añade- los tuve en el hospital y el tercero lo sufrí en una clínica cuyo anestesista no era muy bueno, por lo que fue agónico. Creí que iba a morir".

A sus 60 años, Harb acudirá en los próximos meses a la Justicia de EE.UU. para reclamar los más de 2.000 millones de euros que, según ella, le corresponden como esposa de Fahd, reivindicación que ya fue desestimada por los tribunales británicos tras la muerte del monarca en 2005.

"Mi batalla legal en el Reino Unido se cerró con la muerte de mi esposo. Pero todavía confío en que el rey Abdullah (el actual monarca saudí) me hará caso y actuará con justicia. En los últimos dos años he sido paciente y me he comportado de un modo elegante", comenta esta "reina en la sombra".

Harb prefiere que los trapos sucios de la familia se laven en casa, frente a frente con el actual Rey, a tener que acudir a los tribunales para aportar los pocos testigos que hubo en una boda que se celebró en marzo de 1968, siete meses después de haber conocido a Fahd en una fiesta.

MATRIMONIO EN SECRETO

En todos esos meses, afirma, el monarca se dedicó a agasajarla con regalos, un sobre con 20.000 dólares (unos 14.500 euros) y una corte de criados y limusinas a su disposición, hasta que llegó el momento de intimar en un hotel de Londres.

"Él quería tener relaciones íntimas conmigo. Yo le dije que no lo haría antes del matrimonio. Me volví a casa creyendo que era el final", explica.

Seis semanas después, en presencia del padre de la novia, Fahd pidió su mano: "Me dijo que quería casarse conmigo, pero que se haría en secreto, me tendría que convertir al Islám y que no tendríamos hijos", incidió Harb.

En 1970, la que reivindica su condición de viuda legal del monarca tuvo que abandonar Arabia Saudí por una decisión de un hermano de Fahd de la que Harb no quiere dar detalles.

Cuatro años después tuvo lugar el último encuentro entre la pareja en Riad, en el que Harb pidió consentimiento a su esposo para poder casarse con un abogado en EE.UU., país en el que se exilió y donde celebró una boda civil y no religiosa por la vigencia de su matrimonio islámico con el monarca saudí.

Ahora, Harb reclama la decimosexta parte de los más de 44.000 millones de euros en los que está valorada la fortuna de Fahd, una fortuna que bien conocen en la localidad andaluza de Marbella (sur de España), donde el difunto rey solía veranear.

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