El flagelo de la prostitución cada día toma mayor fuerza en las calles centrales de Jinotepe, sin que hasta hoy las autoridades locales den respuesta a la situación de cada una de estas mujeres, que aseguran estar en esa vida por falta de oportunidades y un empleo remunerado.
En la cabecera departamental de Carazo se estima que hay cerca de 16 mujeres, entre adultas y menores de edad ejerciendo el oficio más antiguo de la humanidad en varios puntos de la ciudad.
En la calle principal, a media cuadra de la Alcaldía Municipal y a pocos metros de un templo católico y dos colegios de educación primaria y secundaria, el movimiento de este grupo de mujeres se observa de día y de noche.
La acera de una casa desocupada, la esquina de Enitel y el parque central son los sitios donde se puede ver cómo las mujeres ofrecen sus cuerpos y hasta hay algunas en estado de embarazo. La mayoría son de la zona rural de Carazo, de otros departamentos aledaños y hasta de la Costa Caribe.
El Sistema de Atención Integral de Salud (Silais) ha realizado visitas a la madre de una joven de 16 años, que se dedica a este oficio por las noches, pero en su casa dicen que va a la escuela y la señora se rehúsa a creer que su hija se dedique a la prostitución.
“Creemos que es una responsabilidad de los padres, que no tienen control de los hijos”, dijo Marilyn González, directora del programa de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).
Explicó que han dado seguimiento a siete chavalas menores de 19 años, para hacerles ver el riesgo que enfrentan e invitarlas a hacerse la prueba del VIH, pero el esfuerzo es en vano, por cuanto este oficio es una opción muy personal.
Sostuvo que se debe trabajar en conjunto con distintos sectores, porque es un tema muy delicado por los tabú, el estigma y la discriminación. “Hablar del tema de salud sexual y reproductiva también cuesta”, refirió González.
La estrategia de educación del Silais también es dirigida a los adolescentes homosexuales, para prevenir el sida.
¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?
El sacerdote Rafael O’farril Bermúdez, vicario foráneo de Carazo, consideró que antes de criticar o reprimir a estas mujeres hay que hacerse la pregunta: ¿Cuál es la solución que se puede dar a este problema? “La Iglesia católica condena el pecado, no al pecador, y a estas mujeres hay que darles una respuesta”, sostuvo.
El religioso dijo que es necesario convocar a todos los actores de la ciudad, para analizar qué está pasando, por qué está surgiendo esto y conocer a sus familias.
Dijo estar dispuesto a trabajar con las autoridades locales en vías de dar respuesta al caso.
EN PLÁTICAS
El alcalde sandinista de Jinotepe, Álvaro Portocarrero Silva, explicó que ha conversado con tres de estas mujeres y le pidieron trabajo a cambio de dejar ese oficio. Portocarrero dijo que ya comenzó platicas con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, a través de un allegado, para buscar alternativas al caso.