Hace poco más de un año, LA PRENSA recibió los detalles de un estudio realizado por M & R Consultores, y sinceramente me sorprendió descubrir que el beisbol de las Grandes Ligas, era la actividad deportiva internacional que más atracción provocaba entre los aficionados nicas.
Digo sorpresa, porque aunque he sentido siempre más simpatía hacia el beisbol, no voy a ser tan ridículo como para negar el indiscutible nivel de crecimiento que ha experimentado en su atracción el futbol europeo, sobre todo en los últimos años, debido a su enorme difusión local.
Antes de esta etapa, en la que los niños y jóvenes dominan por completo las alineaciones titulares y hasta los que quedan en el banco de suplentes de cada club en el futbol de Europa, las Grandes Ligas eran la principal atracción, y sobre todo los Yanquis y los Dodgers, constantes competidores en la postemporada.
Luego vimos cómo los Bravos ganaron aficionados por las transmisiones diarias de la TBS, o los equipos en los cuales militaban los nicas. Es decir, que la televisión ha jugado siempre una enorme influencia.
En este momento, con Barry Bonds sacudiendo la historia al ritmo de sus jonrones; con Alex Rodríguez mostrando una consistencia inusitada para su edad; con Tom Glavine alargando su carrera de manera admirable y Ken Griffey Jr. en su regreso al hit parade, las Grandes Ligas ciertamente han atrapado la atención.
Y si a eso agregamos, la recuperación de los Yanquis en su dilatada persecución de Boston, la lucha que mantienen Detroit y Cleveland en el Centro del joven circuito y la batalla de Padres, Dodgers y Diamondbacks por el Sector Oeste, la atracción se incrementa aún más.
Pero más que debatir en torno a qué nos atrae más del deporte extranjero, creo que esta ha sido una etapa para disfrutarla, para ser testigos a distancia del reacomodo de la historia.