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El Wall Street Journal y Murdoch
Carlos Ball
El autor es director de la agencia AIPE y académico asociado de Cato Institute.

Miami (AIPE)— Leo el Wall Street Journal diariamente desde que estudiaba postgrado, especialmente sus páginas de opinión, donde creo haber aprendido más a comprender lo que sucede en el mundo que en clases de economía y ciencias políticas. El WSJ alcanzó la cúspide de calidad durante los 30 años (1972-2002) en que Robert Bartley estuvo al frente de sus páginas editoriales.

Tuve el gusto de conocer y tratar al señor Bartley —quien murió en 2003— en las reuniones de la Sociedad Mont Pèlerin, agrupación fundada por el economista austriaco F. A. Hayek en 1947, para reunir a las entonces contadas voces de intelectuales preocupados por el alarmante crecimiento de los gobiernos, a partir de las dos guerras mundiales. Sí, las guerras y demás grandes tragedias suelen ser utilizadas por políticos para ampliar su poder e imponernos su manera de pensar.

Bartley combatió valientemente la distorsión de la ciencia y la exageración de los riesgos que a menudo utilizan como bandera los furiosos enemigos de la libertad individual.

El lema de Bartley era “hombres libres y mercados libres”. Por eso me he sentido últimamente sorprendido y hasta algo defraudado por la posición editorial del Wall Street Journal en torno a la guerra en Irak. A menudo me parece estar escuchando más bien a un vocero de la Casa Blanca que excusa violaciones a las libertades civiles en Estados Unidos, bajo la supuesta justificación de una guerra contra el terrorismo.

La posición editorial del WSJ sigue siendo clara e impecable en su defensa del libre comercio, la alarmante proliferación de leyes y reglamentos, las evidentes ventajas de la inmigración, el lesivo y exagerado gasto gubernamental y los siniestros resultados de la fracasada guerra contra las drogas. Pero los mismos argumentos lógicos no los utilizan cuando se trata de la llamada guerra contra el terrorismo, evidenciando en ello una fuerte influencia neoconservadora.

Murdoch es un nuevo símbolo de éxito empresarial, en el especialmente difícil y competido sector de los medios de comunicación. Nacido en Australia, estudiaba en Oxford cuando murió su padre en 1952. Regresó entonces a Australia para dirigir News Ltd. En 1986, siendo ya un exitoso propietario de importantes periódicos y revistas en Gran Bretaña y en Estados Unidos, Murdoch se hizo ciudadano americano para poder así comprar su primera estación de televisión en este país, que luego convertiría en la cadena Fox. Fox compite hoy exitosamente con las cadenas tradicionales: ABC, NBC y CBS. Su televisora de noticias, FoxNews, y su revista Weekly Standard defienden abiertamente la posición neoconservadora en la guerra contra el terrorismo.

Cansado de escuchar la tradicional defensa de fracasadas políticas izquierdistas en CNN, yo por años disfruté los enfoques diferentes de FoxNews, pero últimamente esta parece haberse transformado en ciego defensor de las equivocaciones del gobierno de Bush en el Medio Oriente.

El movimiento “neocon” surgió entre izquierdistas disgustados en los años sesenta y setenta por los “excesos” de libertad de jóvenes sin inhibiciones sexuales y pelo largo, atraídos por el rock and roll y las drogas, quienes manifestaban masivamente en contra de la guerra en Vietnam. Los neocon son militaristas y unilateralistas, empeñados en imponer su versión de democracia y de virtud al resto del mundo. Ellos en nada comparten con Hayek el temor al creciente autoritarismo del “camino de servidumbre”, ni tampoco con los próceres fundadores la necesaria y clara separación del Estado y la religión.

Sólo el tiempo nos dirá si resulta positivo que el señor Murdoch compre en 5 mil millones de dólares a la empresa Dow Jones, dueña del Wall Street Journal, y si el aparente neoconservadurismo actual prevalecerá en NewsCorp.

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