Si la vida política de este país la viéramos como un juego de beisbol y si esta semana fuera un inning, diríamos que terminó con un hit, un error y un sacrificio.
El hit lo conectó el presidente Daniel Ortega con su propuesta sobre la destrucción de los famosos misiles tierra-aire conocidos como SAM-7.
Desde los ataques terroristas en Nueva York y Washington en el 2001, Estados Unidos ha venido insistiendo en que esos misiles en poder del Ejército de Nicaragua sean destruidos. El debate no es, al menos desde mi punto de vista, si se destruyen o no, pues esos “chunches” en realidad no deberían ni de existir aquí, pero si es por una exigencia de un Estado extranjero, pues hay que pedir algo a cambio.
Si a los Estados Unidos les pone nerviosos los misiles, pues de los 1,061 que hay se pueden destruir 661, pero ¿a cambio de qué? Ortega dijo que a cambio le den equipo médico y helicópteros para combatir el narcotráfico.
Aunque el Ejército no quiere decir cuánto valen esos aparatos, se habla de unos 50 mil dólares cada uno, o sea que serían más de 33 millones de dólares. Eso nos daría un Hospital General a todo meter. Me parece una excelente propuesta. Ojalá Ortega pensara con ese pragmatismo en otros temas y no anduviera sudando calenturas ajenas a la sombra del megalómano Presidente de Venezuela que se cree la reencarnación de Bolívar.
Por otra parte, el sacrificio estuvo a cargo del ex presidente y reo Arnoldo Alemán. Su debilidad en la bancada del Partido Liberal Constitucionalista es evidente; de la misma manera está creciendo su impopularidad entre alcaldes y convencionales de su partido.
En un intento por recuperar el control de la bancada propuso diluir la jefatura del diputado Maximino Rodríguez, pero se encontró con una oposición mayor a la esperada y retrocedió. Se dio cuenta que por la fuerza no va a poder, está demasiado débil y sacrificó la iniciativa. Seguro que regresará tratando de conquistarlos ya no por la fuerza, sino con halagos.
Y el error sin duda estuvo a cargo de la Alianza Liberal Nicaragüense. En particular sus dos representantes en la Junta Directiva. Definitivamente dejaron caer la pelota en medio de una jugada que tal vez iba a ser apretada, pero ni siquiera se dieron en chance de lanzar a “home”.
Es cierto, no habían llegado a la reunión de la Junta Directiva para decidir el destino del diputado ALN-PC, Alejandro Bolaños Davis cuando ya los dos diputados PLC los habían traicionado y era claro que no iban a defender a Bolaños Davis, pero sí en la directiva habían quedado cinco a dos por la puñalada de los dos PLC (ambos incondicionales de Arnoldo Alemán), en el plenario —que es soberano— el tema podía ser distinto, ya que muchos en la bancada PLC compartían la visión de Enrique Quiñónez y Maximino Rodríguez de defender a Bolaños.
Sin embargo optaron por votar a favor del llamado recurso innominado, que puso en manos de la Corte Suprema —donde Alemán tiene tanto control como Ortega— el destino de Bolaños Davis.
El craso error fue votar. Debieron abstenerse y tratar de forzar la discusión en el plenario. Con el voto avalan la derrota anunciada en la Corte y le abren espacio a Alemán para negociar con Ortega con la diputación de Bolaños como primera ficha.
Si el PLC también los traicionaba en el plenario, eso hubiera quedado establecido claramente, pero con la votación la ALN se metió en el mismo saco con los pactistas y con todas las de perder.