La fiesta hípica de Santo Domingo tuvo este año un toque distinto. La figura del Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, resaltó entre la cabalgata al desfilar montado en un caballo andaluz, junto a su esposa y una comitiva de su gobierno.
Pero el mandatario no paseó acompañado de su homólogo nicaragüense Daniel Ortega, como se esperaba, y ese hecho fue comentado entre algunos asistentes y visto como un “desplante”.
La aparición de Zelaya en Managua también contrastó con las férreas críticas que le hacen líderes del partido de oposición en su país que, incluso, han atribuido la masiva deportación de hondureños desde Estados Unidos a su acercamiento con los gobiernos izquierdistas de Nicaragua y Venezuela.
La atención del público igual se centró en algunos acompañantes del presidente hondureño, su esposa Xiomara Castro de Zelaya y Miss Honduras Wendy Salgado.
Con Zelaya llegaron a Managua el canciller hondureño Milton Jiménez, el secretario privado Raúl Valladares, el fiscal Leónidas Rosa Bautista y algunos empresarios.
Mientras la diminuta imagen de Santo Domingo era llevada y bailada en la zona del Gancho de Caminos, la ruidosa fiesta equina cobraba fuerza en otro extremo de la capital.
El caballo de raza pura, propiedad de Zelaya, llamado “Café”, pasó al trote ante los ojos de los managua que se plantaron a celebrar y observar el desfile.
El mandatario hondureño vestía de jeans negro, con una chaqueta negra que dejaba asomar las mangas blancas de su camisa y en su cabeza, un sombrero estilo vaquero.
Su participación en la fiesta hípica nicaragüense fue la excusa para que la Asociación de Caballistas de Managua le entregara una placa de reconocimiento conmemorativa a Santo Domingo de Guzmán.
La agencia internacional de noticias EFE informó que Zelaya arribó a Managua procedente de Tegucigalpa en un vuelo privado.
Esta es la segunda visita de Zelaya a Nicaragua en menos de 15 días, hecho por el cual se declaró feliz.
El desfile de la delegación hondureña fue sucedido por una lluvia con vientos fuertes, que levantaron las carpas instaladas por algunas empresas.
La primera visita de Zelaya fue el 19 de julio pasado, fecha en que se celebró el 28 aniversario del triunfo de la revolución sandinista. El mandatario hondureño estuvo ese día junto a los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Martín Torrijos, de Panamá.
Manuel Zelaya ha minimizado las críticas y apuntó que se trata de unos pocos “cabezas calientes” que quieren que Honduras esté en conflicto con sus vecinos.
HERMANDAD ENTRE HONDURAS Y NICARAGUA
La Primera Dama de Honduras, en declaraciones a radioemisoras nicaragüenses, aseguró que la presencia de Zelaya y la delegación de su país en la hípica es un reflejo de los lazos de hermandad entre ambos países.
“Xiomara Castro de Zelaya se declaró encantada de las fiestas patronales de Managua y se comprometió a regresar a Nicaragua”, informó EFE.
Según informó la Primera Dama hondureña, en el desfile hípico participaron al menos quince caballistas del gobierno de su país y decenas de empresarios criadores de ejemplares andaluces, peruanos y de otras razas.
OTRAS FIGURAS
Además de las clásicas bailarinas vestidas con poca ropa y de cintura estrecha, no faltaron los grupos musicales y las presentaciones culturales de la Alcaldía de Managua que hacían detenerse a los jinetes.
La presencia de personalidades políticas fue infaltable. El ex canciller Francisco Aguirre “cabalgó” por las calles de Managua y el ex vicepresidente de Nicaragua, José Rizo Castellón, disfrutaba en la mesa de un restaurante.
Las espaldas del mandatario hondureño fueron cubiertas por un cordón policial.
Más tarde la calle fue tomada por un grupo vestido de camisas celestes y pantalones azules, que caminaban al centro, liderados por la primera comisionada Aminta Granera, jefa de la Policía Nacional. La multitud correspondió sus saludos con aplausos y gritos.
El ex presidente Arnoldo Alemán bajó de la tarima en que se encontraba para saludar a los agentes, pero sólo atinó a decir: “Adiós Horacio”, dirigiéndose al comisionado Horacio Rocha, subdirector de la Policía, quien también flanqueaba a Granera.