La desconfianza en el gobierno de Daniel Ortega es tan marcada que la mitad de los sandinistas, encuestados este mes por M&R, dijeron que tienen la intención de emigrar fuera del país.
En general, de todos los ciudadanos consultados en el país el 52.7 por ciento respondió que abriga la idea de irse de Nicaragua, mientras el 45.2 por ciento expresó que no considera hacerlo.
Si a cien días del gobierno de Daniel Ortega la mayoría de la población sigue pensando en emigrar, es una señal de que entre la población prevalece la desconfianza sobre las promesas de mejoría de vida que hizo en campaña el hoy Presidente sandinista.
Para los líderes del Frente Sandinista (FSLN) ha de ser más preocupante que, de los encuestados identificados como simpatizantes de ese partido, la mitad, el 50.1 por ciento, diga que también quiere irse del país.
¿Cómo entender eso? Entre los mismos que votaron a favor de Ortega, la mitad está considerando la posibilidad de emigrar para “buscar empleo”, “mejorar la situación económica” y “mejorar las condiciones de vida”, según las razones que más señalaron cuando les preguntaron por qué se irían.
Es probable que se hayan entusiasmado con las promesas de campaña, de “hambre cero” y “cero desempleo”; y ya se percataron de las contradicciones de Ortega, quien no puede inflar el Estado a su antojo para darle un puesto a cada votante sandinista.
El empleo es clave para disminuir el problema del hambre, pero las oportunidades de trabajo aumentan si crecen las inversiones y, en este caso, el presidente sandinista tiene una política de reversa y hasta pretende cerrar Pro Nicaragua, la oficina encargada de atraer inversiones del exterior.
Es posible también que ese 50 por ciento de sandinistas encuestados haya preferido otro candidato presidencial, en vez de Ortega, pero al final tuvo que votar por éste porque se lo impusieron y acató la decisión partidaria con disciplina. Si fue así, su decepción debe ser hoy más acentuada.
La decepción que ya causa el populismo de Daniel Ortega tendrá consecuencias negativas por cuanto más familias se dividirán y otros nicaragüenses arriesgarán sus vidas, al emigrar indocumentados a Estados Unidos, aunque esto también se convertirá en una lección para los electores que se han dejado llevar por las promesas más bonitas, sin detenerse a pensar en cómo las cumplirá el candidato.
La empresa M&R preguntó a los encuestados nicaragüenses qué es lo más importante para triunfar, para tener éxito en la vida. El 35.7 por ciento dijo que se requiere disposición para trabajar duro, el 34.5 por ciento señaló la necesidad de que el Gobierno les preste las condiciones para superarse, y el 26 por ciento que la familia les dé apoyo.
Se ve cómo las posiciones más fuertes, a nivel de empate, son las que miran el progreso a través del esfuerzo propio y las que anhelan el paternalismo del Estado. A este último sector de la población es que caudillos populistas, como Daniel Ortega, dirigen sus discursos con promesas fantásticas.
Lo bueno, para el país, es que hasta los electores sandinistas se están dando cuenta del engaño.