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Evo Morales y las transformaciones en Bolivia
Marcela Sánchez

El año pasado Morales dejó vencer la línea de crédito con el FMI y ahora la mayor fuente de financiación internacional de Bolivia es la Corporación Andina de Fomento, una institución regional que impone menos condiciones con sus préstamos. También el año pasado Morales nacionalizó la industria de gas natural.

La invitación enviada al cuerpo diplomático latinoamericano empezaba como cualquier otra: “La Embajada de Bolivia tiene el placer de invitarle”. Lo que seguía —“Pedimos a todos los que emplean una trabajadora en sus hogares, promuevan su asistencia a este evento”— era menos predecible, aunque lógico para un evento que buscaba conmemorar el Día Internacional de la Trabajadora del Hogar.

¿La respuesta? “Silencio absoluto”, según Gustavo Guzmán, el embajador de Bolivia y anfitrión del evento del 30 de marzo. Un solitario representante de la Sección de Intereses de Cuba hizo acto de presencia, pero ningún embajador se apareció.

En la celebración, los organizadores no tuvieron, pues, más compañía que la de algunos activistas y políticos locales y unas pocas empleadas domésticas.

Claramente la invitación buscaba agitar un poco los convencionalismos de la vida social de esta capital, con la cordial sugerencia de que los invitados hicieran algo fuera de lo normal: socializar con la empleada del servicio.

Pero era también indicativo del revolcón en las estructuras de poder ocurrido en Bolivia, donde Evo Morales, primer Presidente indígena, ha estado liderando a la nación en un “desplazamiento de las clases dirigentes”, en palabras de Guzmán.

El revolcón también ha significado un cambio en la forma como Bolivia se relaciona con el mundo, particularmente con Washington, Estados Unidos. Morales, socialista y ex cocalero, ha rechazado los dos elementos que han definido por mucho tiempo la relación de Bolivia con Estados Unidos: las reformas pro mercado y la erradicación de la coca.

Por casi dos décadas, Bolivia estuvo sometida a las estrictas condiciones de préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para mantener a raya a la desenfrenada hiperinflación. Esta “terapia de choque” llevó a protestas violentas que terminaron con derrocar a Gonzalo Sánchez de Lozada y abrieron el camino para la elección de Morales en 2005.

El año pasado, Morales dejó vencer la línea de crédito con el FMI y ahora la mayor fuente de financiación internacional de Bolivia es la Corporación Andina de Fomento, una institución regional que impone menos condiciones con sus préstamos.

También el año pasado Morales nacionalizó la industria de gas natural. Esta decisión extremadamente popular (en Bolivia) ha significado mayores regalías de los productos energéticos bolivianos, ayudando a generar un superávit fiscal sin precedentes.

Morales aseguró que esto significa que Bolivia no será más una “nación mendiga” y así ganará mayor independencia de las instituciones de préstamo de Washington.

A fines de los 90, Bolivia lanzó su Plan Dignidad, para erradicar coca particularmente del Chapare, región que llegó a ser la segunda del mundo en producción de coca. El plan fue extremadamente exitoso y atrajo elogios y apoyo de Estados Unidos. Pero también enfureció a los cocaleros y fortaleció al líder de su asociación, Morales.

Ahora como Presidente, Morales afirmó que planea elevar el tope de cultivos legales de coca, de 30,000 a 50,000 acres, industrializar el producto para usos legales alternativos y concentrarse en la erradicación cooperativa.

Si bien la respuesta de Washington no ha sido exactamente silencio absoluto, tampoco ha escogido la confrontación. Observadores latinoamericanos creen que éste es el resultado de la decreciente influencia de Washington en el país andino.

En una entrevista reciente, Guzmán recordó el alivio que sintió, apenas días después de haber presentado sus credenciales ante la Casa Blanca en septiembre, cuando la administración Bush decidió no descertificar a Bolivia por sus fallas en la lucha contra las drogas.

Y esta primavera pareció ratificar esa posición al continuar reconociendo los logros de Morales en interdicción y decomisos, sin dejar de expresar, claro, serias preocupaciones con algunas de sus propuestas.

Guzmán se preguntó si el hecho de que Bolivia es ahora menos dependiente de Washington ha creado “quizás una distancia saludable”. Por ahora parece estar traduciéndose en efecto en un deseo de Washington de darle a Morales espacio para maniobrar.

El mandatario boliviano enfrenta el reto de mantener a su país unido después de haber cambiado tan drásticamente sus estructuras de poder.

“Los que hoy están en el Gobierno van a ser los líderes políticos, los tecnócratas y burócratas por los próximos 10 años”, dijo en una entrevista el secretario asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon.

Shannon apuntó que el reto boliviano es similar al enfrentado por líderes negros después del fin del apartheid en Sudáfrica, donde tanto los nuevos como los anteriores dirigentes reconocieron la urgencia —especialmente económica— “de crear un proyecto nacional incluyente” que construyera puentes sobre “las divisiones políticas y sociales”.

Hasta hace poco muchos funcionarios en Washington habrían pensado, en cambio, en la necesidad de contener — y ojalá revertir— los acontecimientos en Bolivia. Tal vez Morales está teniendo éxito en romper algunos de los convencionalismos de esta capital —mucho más allá de los eventos sociales.

Washington Post

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