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“Promoción de la Victoria” 1943-1946, Tercera de la Academía Militar. También en esta hubo varias bajas, incluyendo a Adolfo Báez Bone y Horacio Aguirre Baca, quien se asiló junto cono su hermano Francisco, más conocido como “Panchito”. (LA PRENSA/Cortesía de Mario Alfaro Alvarado)
Tres nicaragüenses en la invasión de Luperón
Roberto Sánchez Ramírez
ESPECIAL PARA LA PRENSA
rsanchez@managua.gob.ni

Entre quienes figuran como héroes en la República Dominicana, en la lucha contra el trujillismo, están dos nicaragüenses: Juan Alberto Ramírez González y Alejandro B. Selva Cordero, ambos muertos en el desembarco en Luperón en junio de 1949, ex miembros de la Guardia Nacional. Otro nicaragüense, José Félix Córdoba Boniche fue capturado y falleció años después en México.

Juan Alberto Ramírez González, nació en Jinotepe, departamento de Carazo, el 10 de julio de 1921. Hijo de don Juan Alberto Ramírez, de oficio barbero y doña Mercedes González. Estudió hasta cuarto año de secundaria en el Instituto de Jinotepe Juan José Rodríguez. En mayo de 1939 se bachilleró en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena de Managua.

En la Universidad Central de Managua cursó dos años en la carrera de Derecho, en 1941 ingresó a la Academia Militar de Nicaragua, egresando en 1944, en la Segunda Promoción, “Roosevelt”. Juan Alberto Ramírez González fue becado para estudiar conocimientos de Investigación, Tránsito y Carabinero de Caballería, en la Escuela de Policía de Lima, Perú.

EL GOLPE CONTRA ARGÜELLO

Para la misma época estudiaron en Perú, los egresados de la Academia Militar, Jorge Cárdenas Díaz, Renato Lacayo Guilchrist, Enrique Alegría Cuadra y Fanor Cruz Sánchez. Varios de los miembros de la segunda promoción fueron leales a la Constitución, cuando el derrocamiento del Presidente Leonardo Argüello Barreto por Anastasio Somoza García, razón por la que fueron dados de baja.

El Golpe de Estado de Somoza García fue determinante en la vida de los jóvenes militares. Cuando cayó preso Juan Alberto, era jefe de la Policía de Investigación de Managua, lo condujeron a La Curva, residencia del jefe director de la Guardia Nacional. La mayoría de los dados de baja pasaron el resto de sus vidas conspirando contra la dinastía Somoza-García-Debayle. Para Juan Alberto Ramírez González y Alejandro B. Selva significó enrolarse en la Legión del Caribe para combatir el sistema dictatorial que existía en varios países.

Juan Alberto fue el egresado Nº 73 y Alejandro el Nº 74. Selva era originario de León, estudió la primaria y secundaria en Guatemala, donde residía su padre, el médico Eduardo Selva, cursó Alejandro tres años de Medicina en las universidades de El Salvador y Guatemala. Ingresó a la Academia Militar, egresando como teniente de infantería.

INVASIÓN A LUPERÓN

Para 1947, tenía ya 17 años de gobernar República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo Molina. El terror, el despotismo y nepotismo sangraban al pueblo. Los patriotas dominicanos se organizaron para derrocar al tirano, contando con combatientes de diferentes nacionalidades.

En septiembre de 1947 se frustró, la llamada expedición de Cayo Confite, liderados por Juan Rodríguez García, Miguel Ángel Ramírez y Juan Bosch, entre los participantes estuvieron Fidel Castro Ruz y el nicaragüense, Abelardo Cuadra Vega. En 1949 los exiliados lograron el apoyo del Presidente de Guatemala, Prof. Juan José Arévalo y comenzaron a entrenarse en el Lago Azabal y en la base aérea de San José, los jefes militares eran Horacio Ornes Coiscou y Miguel Ángel Ramírez.

La expedición contaba con seis aviones. Salieron de Guatemala rumbo a República Dominicana, lo que no sabían los expedicionarios era que el poderoso sistema de espionaje tenía información de la invasión. Para colmo, debido al mal tiempo, cuatro de los aviones tuvieron que aterrizar en la isla mexicana de Cozumel, donde fueron detenidos, entre ellos los dirigentes Miguel Ángel Ramírez, Juan Rodríguez García y Eugenio Fernández.

YA LOS ESPERABAN

De los otros aviones que debían dirigirse a la costa dominicana, uno regresó a Guatemala, el otro, un hidroavión Catalina, acuatizó en la bahía de Luperón, la noche del domingo 19 de junio de 1949. Quince eran los tripulantes, entre ellos tres norteamericanos. Los esperaba la Corbeta C-102 de la Marina de Guerra de Trujillo Molina.

La embarcación bloqueó al hidroavión y de inmediato le dispararon incendiando la nave, perecieron quemados los dominicanos Salvador Reyes Valdez y Hugo Kemdhart; Alfonso Leyton costarricense y el nicaragüense, Juan Alberto Ramírez González.

Según el parte del Ejército Trujillista, el día 22 de junio fueron capturados los dominicanos Horacio Julio Ornes Coiscou, uno de los dirigentes, José Rolando Martínez Bonilla, Tulio H. Arévalo, Miguel Ángel Feliú y el nicaragüense José Félix Boniche Córdoba. Éste se había integrado a la Legión del Caribe, Trujillo Molina acordó con Somoza García enviárselo, en la escala de Panamá logró escapar, vivió en México en forma modesta, allí falleció.

En otro parte, se dio a conocer que en la madrugada del día 23 de junio, se había dado un combate en el que murieron los norteamericanos Habbet Joseph Marrot, George Raymond Seruggs y John William Chewning y el nicaragüense Alejandro B. Selva Cordero. El mismo 23, en otro combate, perecieron los dominicanos Federico Henríquez, alias “Gugú” y Manuel Calderón Salcedo. Con los años se supo que todos los muertos “en combate”, habían sido capturados vivos y asesinados, igual que sucedió en Nicaragua, en abril de 1954.

UNA HISTORIA INCOMPLETA

El destino de los restos de Juan Alberto y Alejandro es una historia incompleta. La familia Ramírez González, residente en Jinotepe poco sabe. Según don Pedro (Pepe) Matus González, quien renunció a la Guardia Nacional en 1947, a la caída del trujillismo varios amigos se interesaron por el paradero de los restos, recuerda que Jorge Cárdenas Díaz viajó a República Dominicana.

Existe la versión que los restos de Juan Alberto fueron conservados en la Universidad de Santo Domingo, luego de 1961 se les sepultó. Lo cierto es que no se tiene una versión clara. No hay información sobre los restos de Selva Cordero. La memoria de estos dos nicaragüenses, considerados héroes en República Dominicana, pero ignorados en Nicaragua, bien merecen una gestión seria que conduzca a la posible repatriación de los restos.

El señor embajador dominicano, Héctor Darío Freites, quien se ha caracterizado por una excelente labor de acercamiento a nuestro país, bien podría solicitar a su gobierno un informe serio y la ubicación de los restos. Tanto en Santo Domingo como en Luperón hay monumentos que recuerdan a héroes.

Es necesario reivindicar la memoria de estos nicaragüenses que ofrendaron sus vidas por la libertad, independiente de fronteras y nacionalidades. Nicaragüenses como Juan Alberto y Alejandro dieron el primer ejemplo en mayo de 1947, cuando no se doblegaron ante Somoza García, un digno émulo de Trujillo Molina.

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