Teoría genética en la matanza de Virginia Tech

El jueves 19 recién pasado, Barbara Oakley —profesora de Ingeniería de la Universidad de Oakland y autora de un libro a punto de publicarse titulado, Genes Malignos: Por qué Roma Cayó, Hitler Surgió, Enron Fracasó y mi Hermana le Robó el Novio a mi Madre— escribió un artículo de opinión en el New York Times en el que sostiene que las malas acciones como el asesinato múltiple del estudiante surcoreano de la Universidad Virginia Tech, Cho Seung-Hui, pueden explicarse en buena medida por medio de los genes. “Investigadores del King’s College London —dice Oakley— han determinado recientemente que si un gemelo idéntico muestras características sicopáticas, el otro gemelo, que comparte precisamente el mismo grupo de genes, tiene una muy alta probabilidad de mostrar las mismas características sicopáticas. Pero entre gemelos fraternales, los cuales comparten sólo la mitad de sus genes, la posibilidad de que ambos gemelos muestren características sicopáticas es mucho menor. En otras palabras, hay algo sospechosamente inductivo de las sicopatías en los genes de las personas”.

De esta teoría se podría inferir que la maldad y/o la bondad de los individuos depende de sus genes. Si así fuera, entonces los “malhechores” no podrían ser inculpados por sus delitos ni los “bienhechores” tendrían ningún mérito derivado de su buen comportamiento, pues unos y otros habrían sido equipados por la naturaleza para actuar distintamente. En todo caso, el mérito o el reproche sólo podría atribuirse a la naturaleza misma o a Dios, según sea la creencia de cada quien.

Tradicionalmente se ha pensado que los seres humanos nacen esencialmente buenos y que sus posteriores conductas son el reflejo del tipo de crianza que reciben en combinación con las circunstancias externas en que les toca nacer y desarrollarse, especialmente en los primeros años de vida. La formación familiar y el medio ambiente se han considerado como factores determinantes del comportamiento. Sin embargo, estas presuposiciones están siendo cuestionadas por la teoría genética desde hace buen rato. La conducta homosexual también se ha intentado explicar desde el punto de vista genético. Muchos homosexuales hoy día afirman que su sexualidad no es una preferencia sino una determinación constitutiva. Todo es cuestión de genes, dicen.

Es un hecho que, según autoridades médico-siquiátricas, las enfermedades mentales pueden heredarse. Pero eso es distinto a nacer esencialmente maligno. Es posible que ciertos individuos nazcan con predisposición al mal. Y sin embargo, esto no significa que indefectiblemente tengan que ser malhechores. Una educación familiar esmerada en la que prevalezca el amor, la comprensión, la solidaridad, el diálogo, la compañía, el mutuo apoyo, etc. —cosas que al parecer están ausentes en muchos hogares de muchos países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo— pueden convertir una inclinación natural al mal en todo lo contrario.

Los teólogos y predicadores cristianos sostienen que con la entrada del pecado al mundo se desfiguró toda la creación, incluyendo, el espíritu y la mente de los seres humanos. Aseguran que por eso los niños nacen con inclinaciones o predisposiciones hacia el mal pero no determinados fatalmente a ser malignos. Al mismo tiempo enseñan que la restauración espiritual de las personas es posible por obra y gracia de la fe y en este sentido sin duda que comunican un mensaje de esperanza.

El mal es un hecho real y objetivo que confronta a las personas todos los días y no sería justo culpar de las malas decisiones de cada cual, a los genes, a los padres o al medio ambiente en que nos desarrollamos. Todos estos factores influyen en la personalidad y en el comportamiento del individuo pero ninguno de ellos lo determina absolutamente. Cada uno es o debe ser responsable porque siempre conserva el poder de decidir y por eso, toda persona tiene que responder de sus actos. En este sentido, es una falacia y una cobardía decir, como dijo el autor de la matanza de Virgina Tech, Cho Seung-Hui: “Ustedes me acorralaron”, “Ustedes han devastado mi corazón, violado mi alma y quemado mi conciencia”, y que por eso se convertía en un asesino a sangre fría.

Este no es más que un intento burdo e inaceptable de trasladar la responsabilidad propia a seres inocentes que no tenían nada que ver con las frustraciones íntimas del trastornado joven surcoreano.

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