A propósito de que este domingo 22 de abril se celebra en todo el mundo el Día de la Tierra, es oportuno recordar que los antiguos griegos eran muy respetuosos de la naturaleza, ellos cuidaban los bosques, protegían los árboles y por eso crearon mitos relacionados con éstos.
Según algunos mitólogos —el español José Antonio Pérez-Rioja, por ejemplo— los griegos creían que los árboles poseían una fuerza vital, como el alma de los seres humanos. De allí que personificaran el espíritu de los árboles en deidades de los bosques, como por ejemplo las dríadas, que eran las ninfas que vivían entre los árboles, y las hamadríadas, que habitaban en el interior de los mismos árboles, o sea que eran la personificación de su savia y su vida.
Los antiguos griegos creían que cuando un árbol se secaba era porque su hamadríada había muerto, y que cuando el árbol se enfermaba se debía a que por alguna razón su dríada lo había descuidado. Por el significado de las palabras las dríadas y hamadríadas debían ser las deidades protectoras de las encinas, así como las melíadas eran las ninfas de los fresnos. Pero los griegos las consideraban no sólo como las ninfas de las encinas sino como las deidades de los árboles y de los bosques en general.
Era tanta importancia que los antiguos griegos le daban al cuidado y la protección de los árboles y de los bosques, así como el respeto que sentían por sus ninfas dríadas y hamadríadas, que en el mito de Dionisos (Baco) se cuenta que cuando este dios viajó por la India y Arabia para enseñar a sus habitantes las leyes sabias y las artes laborales que los podrían hacer dichosos y prósperos, entre sus acompañantes y asesoras iban las dríadas y las hamadríadas.
A las dríadas se les representaba como mujeres que portaban hachas en sus manos para castigar a quienes cortaran árboles sin autorización, pues sólo podían ser cortados cuando los sacerdotes determinaran que habían sido abandonados por sus deidades protectoras.
Por otra parte, la existencia de las dríadas era más dichosa que las hamadríadas, pues podían pasear por el bosque y reunirse a cantar y bailar alrededor de los árboles. En cambio las hamadríadas permanecían siempre en el interior de los árboles y cuando uno de estos moría, la ninfa moría con él. Y además, las dríadas sobrevivían a la muerte de los árboles que estaban bajo su protección y entonces buscaban otros árboles para protegerlos.
Cabe señalar que las dríadas, por el hecho de que vivían en el exterior y no en el interior de los árboles podían casarse y tener hijos. Por ejemplo, Eurídice, cuyo mito es muy conocido, era una bella dríada que se enamoró de Orfeo y se casó con él. Pero un día cuando Eurídice paseaba por el bosque fue vista por Aristeo, hijo de Apolo, quien la persiguió para hacerla suya. En su huida Eurídice asustó a una serpiente que le mordió el talón y le inoculó su veneno, matándola al instante.
Orfeo bajó al mundo de los muertos y logró rescatar a Eurídice, pero ésta de todas maneras murió definitivamente cuando estaban a punto de llegar a la superficie de la tierra, porque Orfeo no respetó la condición que le pusieron en el Infierno de que mientras no llegaran a ver la luz del día, no debía voltearse a ver el rostro de su amada.