El último beneficio carcelario, conseguido por el ex presidente Alemán gracias a su condición de reo valetudinario, fue la comidilla política en las diferentes tertulias propias de la Semana Santa recién pasada. Estuve en una de ellas en que había profesionales, políticos, religiosos y comerciantes. Como suele suceder en estas reuniones se comenzaron a formar círculos en los que se hablaba de los más variados temas. Hasta que a alguien de mi grupo se le ocurrió mencionar el nombre de Arnoldo Alemán, eso bastó para que nuestro círculo comenzara a ampliarse para escuchar a nuestro amigo del PLC defender con ahínco a su máximo líder narrándonos con lujo de detalles como él había presenciado varias crisis de su valetudinario amigo.
El primero en saltar rechazando sus argumentos fue un miembro de la ALN. Según él, Alemán se hace el enfermo para disfrazar sus pactos y componendas con el Frente Sandinista. Para un economista del grupo, la situación de Arnoldo, ya sea verdad o mentira, es responsable directa de la fragilidad económica y social que vive el país. Un comerciante nos comentó que desde que soltaron a Alemán sus ventas han bajado por el temor de la gente a que el pacto pique y se extienda. Al verse en minoría nuestro amigo del PLC recurrió a un médico, pidiéndole nos explicara lo que significa ser un valetudinario.
El médico nos hizo la salvedad que por su profesión había seguido muy de cerca los dictámenes y que de las doce enfermedades que le habían diagnosticado a Alemán, por lo menos ocho lo podrían matar en cualquier momento. Nos explicó que la diabetes con el cuerpo de Alemán, lo puede llevar a un coma diabético de pronóstico impredecible. Que su arritmia cardiaca, podría ocasionarle un infarto en cualquier momento y que este sería fulminante dado su condición. En cuanto a su hipertensión arterial nos explicó que una subida de presión podría desencadenar en un derrame cerebral que podría matarlo en segundos. La mala circulación en sus extremidades inferiores podría desarrollar un coágulo sanguíneo que de no ser tratado a tiempo lo complicaría de tal manera que su muerte sería inevitable. Así nos fue narrando cada una de las enfermedades que le habían diagnosticado y que para él dichos dictámenes habían sido emitidos por personas de toda credibilidad. Que por lo tanto no deberíamos dudar de su existencia. Al escuchar esto, el sacerdote que nos acompañaba sólo atinó a exclamar: ¡Que Dios perdone sus pecados y que lo lleve pronto a la vida eterna!
Fue entonces que saltó la chispa de mi barbero, quien era parte del grupo y nos manifestó que él había investigado la palabra valetudinario en Internet. Que según la Real Academia de la Lengua valetudinario se dice de alguien que está: achacoso, enfermo, decrépito, senil, vetusto, decadente y acabado. Que por lo tanto, si Arnoldo, su familia y su partido defendían a los cuatro vientos su condición de valetudinario nos debía preocupar que se lanzara como candidato a presidente. “¿Quién en su sano juicio votaría por un hombre que cada día que amanece con vida es por un milagro de la naturaleza?”, terminó diciendo.
La contundencia de sus palabras nos dejó a todos meditando. Desde ese momento tengo que admitir que Arnoldo Alemán sólo me inspira un sentimiento de pesar, pero me siento obligado a preguntarles: ¿Votarían ustedes por un valetudinario para Presidente?