El dolor por la masacre que el lunes cobró la vida de 33 personas en la Universidad Politécnica de Virginia dio paso al enfado que, mezclado con la angustia, provocó la ira de los estudiantes por la publicación del último manifiesto del asesino, Cho Seung Hui.
Los coreanos en Estados Unidos temen las consecuencias de esta acción de uno de sus compatriotas y su familia, sus padres y su única hermana — graduada de Princeton (Nueva Jersey) y funcionaria del Departamento de Estado— están refugiados en algún lugar desconocido.
Los Cho vinieron a EE.UU. en 1992 para dar una mejor vida a sus hijos. Trabajaron duro en una lavandería y hoy tienen una casa de 400,000 dólares en Centreville, una pequeña localidad cercana a Washington. Son, según sus vecinos “retraídos pero corteses”.
Su hijo, Cho Seung-Hui, que el lunes se quitó la vida después de acabar con la de otras 32 personas entre estudiantes y profesores, programó minuciosamente su trágico final y, entre los dos tiroteos que protagonizó, envió a la cadena de televisión NBC su último manifiesto.
Son vídeos, fotos y textos perturbadores que ayer llegaron a la sede de la NBC en Nueva York y provocaron una reunión de emergencia de toda la dirección. La pregunta, sencilla: ¿Lo damos o no?.
En resumen, en estos documentos escalofriantemente gráficos, Cho culpa a la sociedad de haberle colocado en un callejón sin salida del que sólo la muerte lo podía sacar.
El presidente de su sección de noticias, Steve Capus, admitió que tomar la decisión “fue duro”.
“Intentamos ser lo más respetuoso posible con las familias involucradas y con la investigación en curso”, afirmó.
Y se decidió dar a conocer buena parte del material. No todo, porque, según Capus, hay una parte que “lo más apropiado es que no sea revelada”.
“Es darle una última victoria” al asesino
Sin embargo, la decisión ha sido ampliamente criticada. Clint Van Zant, un ex agente del Buró Federal de Investigaciones (FBI) ha resumido bien el porqué: Dar el material es tanto como “dar la última victoria a Cho”.
La opinión ha sido compartida por miles de estudiantes y, sobre todo, por los familiares de las víctimas que piensan que se les podía haber ahorrado este dolor añadido.
El superintendente de la Policía de Virginia, Steve Flaherty, dijo hoy sentir que “se hayan transmitido estas imágenes” que, porque en su opinión, en lo que se refiere a la investigación, su valor es “marginal”.
“El paquete, simplemente, confirma lo que ya sabíamos en la mayoría de los casos”, dijo Flaherty.
Pero entre los estudiantes de la Universidad y aún más si cabe entre los familiares de las víctimas, la publicación de las imágenes de Cho que han dado la vuelta al mundo, ha causado tristeza y sobre todo, indignación.
Los familiares de las víctimas reaccionaron rápidamente y cancelaron todas las entrevistas que tenían previsto realizar con la cadena de televisión, una de las tres principales en Estados Unidos.
Mientras tanto, la investigación continúa y el campus está cada vez más vacío. Todos los estudiantes que han podido se han marchado del lugar y las cadenas de televisión que lo tomaron literalmente tras la tragedia del lunes, han empezado a regresar a sus cuarteles generales.
Hoy está previsto que se cierre ya el improvisado “centro de prensa” que ha funcionado estos días como ayuda para los periodistas y el personal académico del centro intenta ver cuál es el camino hacia la recuperación de la normalidad.
Las banderas de todo el país aún siguen a media asta, pero las baterías de sicólogos y expertos en el manejo de estos traumas se organizan para intentar que los 26,000 estudiantes de este campus y los 10,000 empleados de la universidad consigan manejar mejor la situación.