Mañana se cumplen cien días del nuevo gobierno y aunque es poco tiempo para juzgarlo totalmente sobre su futura actuación, sin embargo es fácil juzgar la actuación de sus miembros del gabinete y funcionarios. A esta fecha considero que el motor del Gobierno aunque está encendido está en neutro. El problema es el temor a mover la palanca a primera, mucho menos a otras velocidades. No hay duda que el verticalismo del Presidente y su copiloto inhibe a la mayoría de los funcionarios a ejecutar lo que creen conveniente dentro del programa de gobierno.
Hay ministros y viceministros, directores y presidentes de instituciones estatales, que además de que pocos sabemos sus nombres, también no los conocemos ni en fotos siquiera, debido a que la mayoría no fueron nombrados en unísono sino que individualmente y a cuentagotas, algunos fueron nombrados casi en secreto, además de no aparecer sus nombres en las páginas Web de sus áreas. Al nuevo Ministro de Energía nunca lo he visto dando declaraciones sobre los proyectos energéticos tan emblemáticos para el país, y aunque sé quién es desde los años ochenta, esta vez es fantasmal. Igual ocurre con sus colegas directores de Enel y Enatrel. Los ministros de Marena, Mific, Gobernación y otros, así como presidentes o directores de instituciones tales como Inatec, Telcor, Aduanas, INTA, Ingresos, Aeropuerto, INEC, Migración, Inafor, etc. Nunca han salido en los tantos programas de televisión o bien dando declaraciones a los periódicos para conocer sus planes. Cuando hay información que dar lo hacen a través de empleados menores o a través de comunicados para no tener que enfrentar a LA PRENSA. La excepción a estos es el Ministro de Educación quien es el único que ha tomado decisiones y abierto la boca, pero lamentablemente en este caso mejor hubiera estado mudo e invisible ya que en tres meses ha causado un total caos y división en el ramo educacional.
Es comprensible pero nunca aceptable estas actitudes escurridizas de dichos servidores públicos ya que el temor a ser destituidos es evidente, pero por otro lado la desconfianza del Ejecutivo hacia sus ministros y directores es obvia. La mayoría del gabinete no goza de la confianza de la pareja presidencial y esa es razón principal de mantenerlos atados en sus actuaciones y decisiones. Hay instrucciones específicas de que los funcionarios no deberán dar declaraciones públicas sin la autorización de la Secretaría de Comunicación, y también me imagino que no pueden tomar decisiones sin esta misma autorización. El Gobierno refleja además de un centralismo enfermizo, una total inseguridad y ambigüedad en sus políticas y esto se transmite directamente a sus funcionarios, así como también creo firmemente que esta inseguridad en el actuar es una demostración clara de incapacidad de gobernar. No es lo mismo llegar al Gobierno a través de las armas con prepotencia militar, que llegar por lo votos de minoría y respetar la institucionalidad.
Como crítica constructiva, quiero mencionarles a los diputados no sandinistas, que ahora en la Asamblea la oposición es mayoría, pero ¿dónde se encuentra esta escondida? Recuerden que las políticas gubernamentales que no son del agrado del 62 por ciento de los votantes opositores sólo podrán ser detenidas por los diputados y hasta allí podrán éstas llegar. Entonces diputados sean una oposición unida y a trabajar por el bien mayoritario.