Guatemala se apresta para decidir en septiembre de este año a quién elegirá como su próximo presidente. El ambiente político que se respira en el país parece indicar que los ciudadanos están cansados de un “establishment” que podríamos llamar joven, pues fue construido e impulsado por los sectores empresariales del país, hace apenas algunos años, alrededor del Partido de Avanzada Nacional (PAN). Hoy este esfuerzo se encuentra fraccionado en varios partidos y movimientos de derecha o centro derecha.
Este contexto explica quizás el hecho de que Luis Flores, a quien todos anunciaban el año pasado, con bombos y platillos, como el seguro próximo presidente, haya tenido que retirar su nombre de la contienda y que líderes como Alejandro Giammattei (candidato de un gobierno tristemente impopular) y Fritz García Gallont (con todo y el apoyo del actual alcalde y ex presidente Álvaro Arzú y de su propia popularidad como ex alcalde de la capital), no logren superar cifras de un dígito cada vez que las firmas encuestadoras más reconocidas miden preferencias electorales.
Los guatemaltecos elegirán seguramente como presidente a aquel candidato o candidata que logre dos de los siguientes tres conceptos:
Uno, el cambio, concepto que hoy mejor que nadie es representado por Álvaro Colom, quien lidera las encuestas con cerca del 40 por ciento de la simpatía política o la intención de voto y ha tenido un crecimiento de 10 puntos porcentuales entre junio del 2005 y la fecha. El actual presidente Oscar Berger no logró convertirse en el símbolo de éste, aún cuando en la elección pasada la mayoría clamaba por cambiar los niveles de corrupción del gobierno del presidente Portillo, hoy perseguido por la justicia de su país.
Dos, la seguridad, tema que hoy representa la mayor preocupación que tienen los guatemaltecos y el cual ya comienza a hacer suyo con un discurso de mano dura, el general retirado Otto Pérez Molina, quien aparece segundo en las encuestas con cerca del 20 por ciento, habiendo crecido en el último año los mismos 10 puntos porcentuales que Colom.
Tres, la exclusión, que pudiera llegar a simbolizar Rigoberta Menchu, pese a sus aún bajos niveles de intención de votos, ya que como lo hizo Evo Morales en Bolivia podría terminar representando a los indígenas y los excluidos, en un país donde el 39 por ciento de la población es indígena, más del 50 por ciento es mestiza y hay unos niveles de exclusión y de pobreza realmente preocupantes.
Amanecerá y veremos.