Debe ser alentador para Ricardo Mayorga, encontrarse con que su popularidad está intacta en Panamá, un país donde saben de boxeo y de comportamientos erráticos entre sus pugilistas.
En Nicaragua, no es que no se le aprecie a Mayorga. Lo que pasa es que él se ha empeñado en ser mal querido con sus actitudes inadecuadas y hasta con sus delitos, varios de los cuales aún están pendientes de ser resueltos por las autoridades correspondientes.
Pero el punto es que Mayorga ha sido bien recibido en Panamá. La gente se ha identificado con él, han asistido a sus entrenamientos en Curundú y hasta le han agradecido que haya llegado a ese país. Aquí seguro hay muchos agradecidos de que se haya ido.
Sin embargo, yo estoy entre quienes desean que algún día Ricardo vuelva a la cima como boxeador, pero sobre todo, que consiga enderezarse como persona y deje huellas que puedan motivar a las nuevas generaciones de deportistas.
Este muchacho, que se levantó de la pobreza y que por esfuerzo propio alcanzó la fama, para luego echarlo todo por la borda y volver a las limitaciones por su falta de madurez, merece al menos el beneficio de la duda en este nuevo intento.