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Perdiendo el barco
Edgard Tijerino Mantilla
deportes@laprensa.com.ni

En uno de los pasajes de la película En Busca de la Felicidad, que se presenta a partir de hoy en nuestras carteleras, el hijo de Will Smith, en un momento inesperado de sorprendente madurez, le hace una advertencia a su padre sobre el aprovechamiento de las oportunidades, con el siguiente relato: Un hombre estaba en peligro de ahogarse y pasó una embarcación invitándolo a subir para sacarlo del problema.

El hombre rechazó la propuesta respondiendo: Dios me salvará; al rato, mientras seguía colgado de la esperanza, pasó otro barco con la misma oferta y el hombre insistió: Dios me salvará. Finalmente, el prójimo se ahogó y fue al cielo. Le reclamó al Señor por haberlo abandonado y el todopoderoso le dijo: No fue así. Te envié dos barcos y no tomaste ninguno.

Es lo que ha estado ocurriendo con el todavía joven prospecto nicaragüense Gonzalo López, a quien los Bravos Atlanta le entregaron en el año 2000, más de 700 mil dólares por firmar, pendientes de su crecimiento como monticulista y por supuesto, de su establecimiento como pitcher en el beisbol de Grandes Ligas.

Afectado por falta de prudencia, lesiones y también descontrol en su comportamiento, algo que usualmente atribuimos a la impetuosidad de la juventud, Gonzalo fue viendo desvanecerse oportunidades que pasaron frente a sus ventanas y ahora, cuando la paciencia de la gente de Atlanta se ha derretido, lo han colocado en una lista de restringidos, es decir, peloteros no recomendables.

No se puede perseguir la grandeza perdiendo barcos. ¿Cuántos quisieran tener esas posibilidades que se le presentaron a Gonzalo, comenzando por los más de 700 mil dólares al firmar?

Picasso recomendaba “Tienes que estar atento a las oportunidades. Que no te encuentren descuidado”.

Lamentablemente, además de no haber escuchado nunca sobre eso, el tiempo ha estado pasando a la orilla de Gonzalo López mientras sus facultades, metidas en el congelador, han perdido vitalidad y potencialidad.

La etapa del “Hey, mírenme”, se ha recortado drásticamente junto con las esperanzas de llegar a ser alguien de trascendencia por medio del beisbol.

Desde mucho antes de ver lo que ocurrió con David Green, me he preguntado ¿Cómo es posible que no puedas captar las señales y tomar lo que te conviene? La vida puede ser, como dice Mario Puzo en El último Don, una caja de granadas de mano y cualquiera de ellas puede explotar frente a tus narices en cualquier momento, pero ¿Y tu capacidad en desarrollo para la selección correcta?, ¿Y la preocupación por sobrevivir y avanzar lo más largo posible?, ¿Y la ansiedad por ser alguien?

¡Diablos!, si no evitás el estallido, estás frito.

Más triste todavía, cuando no se observa preocupación por intentar recuperar parte del tiempo perdido. Cuando flaqueás, cuando te desviás, cuando están pasando los barcos que te envían para salvarte, cada minuto que transcurre sin aplicar modificaciones, sin reinventarte, es grave.

De la lista de “restringidos” sólo los Bravos pueden extraerlo. Y quedará en libertad, sólo cuando estén seguros que difícilmente podrá ser útil para otro club. De lo contrario, podrían abrirle espacio ellos mismos.

Pero cuando eso ocurra, podría ser demasiado tarde.

En momentos como éste, contra reloj, sólo Gonzalo López puede salvar a Gonzalo López, con un relevo de urgencia, enérgico, efectivo.

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