Nos metimos bajo su ropa y recorrimos la piel de algunos artistas de la farándula nacional para descubrir dónde guardan sus tatuajes
Moisés Gadea tenía 14 años cuando se hizo su primer tatuaje, fue a la casa de un amigo y ahí, con la ayuda de una máquina hecha con un motor de carritos de juguete, se dibujó una calavera en el brazo derecho.
“En ese tiempo yo era rockero, andaba en la onda del metal, me lo hice escondido de mis padres porque no tenía permiso. Después me aburrí de eso porque no me gustaba, era muy feo y hace como tres meses me lo tapé y me hice una guitarra”, contó Gadea.
Para Gadea un tatuaje es un símbolo que tiene un significado muy especial para cada persona, según él, es algo que decora el cuerpo.
De esta misma forma opina Augusto Mejía quien se ha realizado seis tatuajes en menos de diez años. Tiene tres en cada brazo y aunque ninguno representa un motivo especial, sí considera que es un asunto estético. Él cree que los seres humanos tienen tanta piel para llenarla con dibujos que le parece una tristeza que ésta se mantenga libre.
“Somos como cuadernitos caminando, se puede escribir sobre ellos, se puede dibujar, contar historias. Para mí la gente que anda tatuada te está contando cosas de sí misma en la piel”, destacó Mejía.
El primer tatuaje lo realizó en su casa cuando tenía 18 años. Según contó, tardó más de cinco horas en realizarlo pues la máquina no era muy buena y el tatuador, Dorian Serpa, recién incursionaba en el área.
Tinta, Aguja y mujeres
Las artistas Elsa Basil y Clara Grün también llevan su arte en la piel.
Grün tiene dibujado un pájaro en la mano izquierda, se lo hizo el año pasado porque le gustó el diseño. Para ella, los tatuajes no tienen nada de malo y considera que los únicos tatuajes que no valen la pena son los que están mal hechos.
Basil tiene uno en la “colita” y quiere tatuarse un par más. Aunque comenta tener cuidado con el lugar donde los plasmará, los ubica en lugares que no se miren tanto.
Etiquetas sociales
Los artistas entrevistados expresaron que en la sociedad aún existen prejuicios cuando ven a una persona tatuada y ellos no están exentos de eso.
A Mejía, por ejemplo, en varios centros comerciales lo han visto de manera extraña con tantos tatuajes e incluso cada vez que entra a una determinada tienda en Managua siempre lo siguen dos personas como cuidando que no se lleve nada sin pagar, según cuenta él mismo. “Me da gracia porque yo trato de no darle importancia a eso, digamos que son efectos sociales de cosas a las que la gente no está acostumbrada”, señaló.
Grün no ha sufrido ningún tipo de discriminación, pero sí admite que en un futuro su tatuaje puede cerrarle ciertas puertas, ya que acepta que la gente tiene prejuicios contra esta forma de arte. “Supongo que si quiero trabajar en algún banco no me van a contratar, pero como no pretendo ser banquera, pues así estoy bien”, opinó.
Por otro lado, Gadea considera que un tatuaje no le quita seriedad a la persona. “La sociedad misma o el estilo de vida normal, el que está estipulado, te dice que no tenés que andar tatuajes. Tenés que andar saco, mangas largas y trabajar en oficina. Eso es lo que la mayoría de la gente piensa”, comentó.
Para los artistas entrevistados lo importante al momento de tatuarse es tomar una buena decisión y hacer lo que en verdad se quiere. “Uno no debe de dejar, ni de decir las cosas que uno siente, ni de hacer las cosas que uno quiere. Sin pasarse de la raya, por supuesto”, aconsejó Basil.