En 1973 en la ciudad de Estocolmo, en un asalto bancario, los ladrones retuvieron a los empleados del banco durante varios días. Cuando estaban siendo liberados alguien fotografió el momento en que una de las rehenes se besaba con uno de sus captores. Este beso sirvió para bautizar como Síndrome de Estocolmo ciertas conductas “extrañas” que demuestran afecto entre verdugos y sus rehenes. El Síndrome de Estocolmo requiere que el rehén asuma aprecio, afecto y comportamientos que benefician notablemente a su captor.
Pareciera que lo que vive el doctor Arnoldo Alemán es una especie de gratitud consciente hacia su secuestrador, el Presidente comandante Ortega. Desde las últimas reformas constitucionales en las que el doctor Alemán le regaló nuestro país a Ortega bajando a 35 por ciento el límite para ganar elecciones en la primera vuelta, le viene agradeciendo a Ortega el hecho de no tenerlo recluido en Tipitapa. Hoy el doctor Alemán tiene el país por cárcel, y esto lo debe considerar como un gesto de compasión y ayuda. Es comprensible entonces el comportamiento del doctor Alemán hacia Ortega, de entregarle todo lo que este último le pide o demanda. A los especialistas en psicología les tocará determinar si aquí sucede el Síndrome de Estocolmo, o si no es más que una burda extorsión.
Lo que no es comprensible es el comportamiento de los diputados del PLC hacia el doctor Alemán y hacia Ortega. Todos votan alineados para favorecer su pacto con Ortega. Digo que no es comprensible porque ellos no son rehenes (aparentemente) de Daniel Ortega. ¿O quizá sean rehenes del doctor Alemán? ¿Será que el doctor Alemán tiene evidencias de actos de corrupción en las que sus diputados han participado? ¿Será que todos los diputados del PLC son rehenes del doctor Alemán? En lo personal pienso que algunos quizá sí estén enlodados, pero no creo que sean todos (hasta hoy).
Quizá en Nicaragua podemos acuñar un nuevo síndrome. El síndrome del rehén del rehén, de la cadena de rehenes, o del chantaje colectivo. Vos me tenés agarrado a mí y yo tengo agarrado al otro. El que ande suelto es peligroso. Para poder uno estar seguro no puede haber nadie limpio. Si no le podemos encontrar algún defecto se lo inventamos o se lo plantamos. Para eso controlamos el Poder Judicial, para condenar a los adversarios o enemigos y "liberar" (agarrado con mecate para que no se vaya muy largo) a los amigos. La clave del asunto es que todos tenemos que estar enlodados y agarrados. Nadie puede ser o estar limpio. Esto último sería peligroso.
En Nicaragua impera la corrupción institucionalizada. Así la quiere quien ha gobernado desde abajo y ahora desde arriba. La corrupción y el chantaje es un modo de vida en nuestro país. Si queremos desarrollarnos como nación debemos insertar en la arquitectura institucional la posibilidad que haya gobernabilidad: un estado ético de derecho, justicia oportuna, políticas macroeconómicas amigables con la inversión y el mercado. Mientras no se ordenen y respeten los derechos de propiedad, mientras el caudillismo gobernante siga diciendo que hará lo que le venga en gana, independientemente de lo que diga la ley, estaremos condenados al servilismo, a ser rehenes unos de otros, y al subdesarrollo eterno.