Un periodista asiste a sus reuniones y cuenta lo que vio
Una iglesia que proclama que el pecado no existe y que nadie se va al infierno por beber, bailar o mantener relaciones sexuales; donde su pastor dice que “todo hombre quiere sexo...”, que pide ofrenda y vive con lujos de ellas. Así es Creciendo en Gracia, la secta liderada por el puertorriqueño José Luis de Jesús Miranda, autoproclamado Jesucristo hombre, quien vende supuestamente progreso y sabiduría a sus seguidores.
Me encontré en una tarde calurosa con unas 70 personas en la antigua sala del Cine María recién restaurada, que ahora sirve de sede a la “iglesia”.
En la entrada los nuevos éramos saludados con un “bendecido con todas las bendiciones” por dos mujeres que apuntaban nuestros nombres, entregaban papeles de la iglesia y un sobre que es destinado para la ofrenda.
Ocupé una butaca de la última fila, entretanto las personas comenzaban a entrar para escuchar el sermón.
Mientras se preparaban para escuchar los cantos “religiosos”, las mujeres se abanicaban con papeles y los hombres se secaban el sudor con sus pañuelos, pues la sala aunque restaurada no cuenta con el aire acondicionado que décadas atrás enfriaba el lugar.
Como karaoke
Todos parecían esperar la proyección de una película. En el lugar donde estaba la antigua pantalla de cine, comienza a proyectarse la imagen de una joven guapa, vestida con un traje morado, de saco y falda corta, que junto a un coro y músicos anuncia la hora de alabar al líder, el puertorriqueño José Luis de Jesús Miranda, a quien sus seguidores llaman “papi”.
Como en un karaoke, la mujer comienza a cantar mientras en la parte inferior de la pantalla aparecen las letras de las melodías, que los fieles nicas siguen de pie y con aplausos.
La música se detiene después de cuatro canciones. En ese momento se corta la transmisión y sube al escenario Saúl Chávez, a quien los fieles llaman “el representante de papi”. Este técnico en electromedicina, de 42 años, es el “obispo” de Creciendo en Gracia en Nicaragua. Vestido con un saco negro, con la frente sudada por el calor sofocante, llama a los fieles a declararse “bendecidos, libres de toda deuda” y les pide que depositen el sobrecito con la ofrenda en sendos sacos que cargan dos personas a la orilla de la tarima.
Chávez reconocería más tarde, en una entrevista, que los ingresos de la iglesia han aumentado en los último meses, por lo que él llama la generosidad de los seguidores. Sin embargo se niega a dar cifras exactas para evitar “malas interpretaciones”.
Una vez terminada la recaudación, el mismo Chávez presenta a Miranda: “¡Preparados, bendecidos, para ser edificados por el anticristo! ¡Recibamos al rey de reyes y señor de señores!”, grita, logrando una respuesta inmediata del público: apoteosis total, éxtasis, aplausos, silbidos, manos alzadas y muchos “Aba, padre” --algo así como el “amén” de las otras religiones—.
“Buenas tardes, los amo, se ven bellos”, saluda desde la pantalla Miranda, con su acento puertorriqueño, reemplazando las eres por las eles y a veces utilizando términos en inglés.
Pasado de peso, vistiendo un saco gris y acercándose continuamente el pañuelo para limpiarse el rostro, el “apóstol” comienza a anunciar los avances de la iglesia, la “generosidad” de algunos seguidores que donan dinero y bienes y a arremeter contra la Iglesia católica y sus líderes.
“Todo hombre quiere...”
Con un lenguaje crudo, sin miramientos, Miranda continúa: “Todo hombre quiere sexo, sea por detrás o por delante. Entonces, cuando lo metes a la Iglesia católica se finge con sus cotonas, pero la naturaleza lo llama. Entonces, no le sigas prestando a tus hijos”, afirma en alusión a los escándalos de pedofilia que sacuden al catolicismo, mientras en la sala de cine el centenar de seguidores explota en risas y aplausos.
Creciendo en Gracia ha saltado a los titulares de periódicos en las últimas semanas por la particularidad de su fundador y líder, a quien se le ha negado el ingreso a El Salvador, Guatemala y Honduras, y quien despierta gran controversia en su país, Puerto Rico, donde miles se oponen a su congregación.
Miranda se ha proclamado Dios hecho hombre, Jesucristo en su segunda reencarnación y más recientemente como el anticristo. Ha explicado que su congregación se financia con “donaciones voluntarias” de sus fieles, y en sus discursos despotrica contra el catolicismo o las iglesias evangélicas y protestantes.
Satélite e internet
Las conferencias son transmitidas a través de Telegracia, la red de comunicación que a través de televisión por satélite, radio e internet, transmite el mensaje de Creciendo en Gracia y su líder, quien también define la congregación como el Gobierno de Dios en la Tierra, a los 33 países donde esta Iglesia tiene sedes.
Es precisamente este soporte en las nuevas tecnologías una de las particularidades de la secta. Durante las sesiones que se llevan a cabo en Managua —que se realizan los miércoles y domingos—, los fieles de Creciendo en Gracia acuden para escuchar no al “obispo” de Miranda en Nicaragua, Saúl Chávez, sino al propio líder hablando desde la Florida.
Las extravagancias de este autollamado Jesucristo y de su Iglesia han puesto en alerta a la Iglesia católica y evangélica, hasta el punto de que apelan al Gobierno para que no le permita la entrada a Miranda al país, tal y como han anunciado los líderes de Creciendo en Gracia.
Pero no sería la primera vez que el líder llega a Nicaragua. Según Saúl Chávez, Miranda ha estado en el país en nueve ocasiones, la primera en 1997, cuando participó en una sesión religiosa en el Olof Palme, que marcó el inició de esta Iglesia en Nicaragua. En esa ocasión, Chávez —quien se había enterado de la existencia de Creciendo en Gracia por un residente en EE.UU. que había llegado a Nicaragua—, solicitó que se iniciaran formalmente las reuniones en el país.
RECHAZADO POR SU FAMILIA
Al día siguiente regresé al antiguo cine. Había sido invitado por miembros de la congregación que me explicaron que habría una sesión en la que decenas de personas cumplirían uno de los principales ritos que exige su Iglesia y que consiste en tatuarse los símbolos “666”, en el brazo izquierdo, y SSS (Salvo. Siempre. Salvo), en el derecho.
En esa ocasión me encontré con Manolo, un joven jardinero de 29 años, quien desde hace cinco forma parte de la congregación. Originario de Nagarote, Manolo asiste puntualmente a las sesiones de la secta, que sus seguidores llaman ministerio, a pesar de que la pertenencia a este movimiento hizo que su familia lo rechazara.
Moreno, bajo de estatura, Manolo lleva unos pantalones anchos, de esos que llaman “cholos”, una larga camiseta que le pasa la cintura y carga a sus espaldas una mochila con imágenes de Miranda. Dice que tiene cuatro meses de haber llegado a la capital, donde una familia del “ministerio” le ha empleado como jardinero.
Debajo de un cartel que proclama a José Luis de Jesús Miranda como el conocedor de la verdad divina, está la mesa de tatuajes donde un joven blanco se da a la tarea de marcar para siempre a los seguidores.
Manolo aprecia la escena, mientras explica que no cree que le toque su turno hoy, porque el joven que realiza los tatuajes sólo podrá trabajar con ocho personas. Manolo sale de la improvisada sala de tatuajes, el antiguo lobby del Cine María, para calmar un poco el sofocante calor que impera en la habitación.
“Mi familia no acepta que pertenezca al ministerio”, dice con la vista puesta en el grupo que rodea a un joven moreno, que deja que le marquen el brazo derecho con tres grandes eses en estilo gótico. “Me rechazan por haber entrado, pero en realidad me siento bien, porque ésta es la verdadera religión”, dice, y explica que entró a la congregación por un vecino de Nagarote que es miembro de la secta.
Católicos alerta
“La Iglesia es respetuosa de la libertad de culto”, afirma monseñor Sócrates René Sándigo, “pero cuando aparece un grupo que no beneficia a la sociedad, sino que contribuye a dividirla, a dividir a la familia y crea violencia, la Iglesia exhorta a las autoridades competentes a que estén atentas a las consecuencias negativas que puede causar en Nicaragua”.
Sándigo tilda de “desequilibrado” a Miranda y lo acusa de manipular la Biblia. De sus seguidores dice que son personas con problemas de estabilidad y afectivos, a pesar de que muchos de los que asisten a las sesiones de Creciendo en Gracia, dicen haber pertenecido al catolicismo y a religiones protestantes, y afirman que en ninguna de ellas se sintieron tan bien.
Sobre el tema, monseñor Sándigo es tajante: “El catolicismo vive un proceso de cambios de lo tradicional a algo más comprometido. Los que se van no se han ajustado a este proceso, por lo que han preferido algo más fácil que dé respuesta a sus emociones y sentimientos. No son los mejores católicos los que se van. Nos quedamos con personas con mayor compromiso”.