El tiroteo en la universidad Virginia Tech provocó ayer una serie de críticas a las leyes de posesión de armas en Estados Unidos.
Varios editoriales condenaron la facilidad con la que pueden obtener armas los estadounidenses y el primer ministro de Australia —uno de los aliados más cercanos de Washington— declaró que la cultura de las armas en Estados Unidos está cobrando vidas.
Aunque algunos culparon sólo al atacante, la opinión mundial sobre las leyes en Estados Unidos fue casi unánime: El acceso a las armas de fuego aumenta la probabilidad de que ocurran tiroteos.
Prácticamente nadie se mostró de acuerdo con la idea de que si hubiera más armas disponibles, ello habría salvado vidas, al permitir que los alumnos balearan al atacante.
“Emprendimos acciones para limitar la disponibilidad de las armas de fuego y mostramos una determinación nacional, para que la cultura de las armas, que es un aspecto tan negativo en Estados Unidos, nunca se convierta en un problema para nuestro país”, dijo el primer ministro australiano John Howard, quien basó parte de su carrera política en impulsar leyes severas para controlar la tenencia de armas, luego que un atacante emprendió una de las peores series de asesinatos, hace 11 años.
Aquella tragedia en un centro turístico de Tasmania dejó 35 muertos. Después, las leyes australianas se reformaron para prohibir las pistolas y otras armas automáticas y para endurecer las restricciones al otorgamiento de permisos de tenencia y almacenamiento de armas.
Las pistolas están también prohibidas en Gran Bretaña: ni siquiera el equipo olímpico de tiro puede entrenar en su propio territorio. En Suecia, los civiles pueden adquirir armas de fuego sólo si tienen una licencia de caza o si son miembros de un club de tiro y no tienen antecedentes penales. En Italia, la gente debe dar un motivo válido para comprar un arma. Los ciudadanos chinos tampoco pueden poseer armas de fuego.
Otros líderes mundiales se abstuvieron de criticar al presidente George W. Bush o de cuestionar las leyes estadounidenses de armas, al expresar sus condolencias a los familiares de las víctimas del tiroteo. Pero los editoriales de los diarios fueron menos diplomáticos.
“Por qué los estadounidenses siguen tolerando las leyes de armas y una cultura que parece condenar a muerte a miles de inocentes cada año, cuando presumiblemente, las restricciones más severas, como las vigentes en los países europeos, pueden al menos reducir ese número?”, preguntó un editorial del conservador Times de Londres.
Le Monde de Francia señaló que la frecuencia de los asesinatos colectivos en Estados Unidos representaba una mancha en la imagen de ese país.
“Sería injusto y sobre todo falso el reducir la imagen de Estados Unidos a la que crean en forma recurrente estas erupciones de furia asesina a las que ceden algunos individuos aislados. Pero actos como éste son raros en otros lugares y tienden a desfigurar de manera frecuente el “sueño americano”.
Los 46 homicidios con armas de fuego registrados en Gran Bretaña el año pasado representaron el número más bajo desde finales de la década de 1980. En la ciudad de Nueva York, que tiene 8 millones de habitantes, comparados con los 53 millones en Inglaterra y Gales, hubo 590 homicidios el año pasado.