Estamos ansiosos de ver a Devern Hansak terminar de escalar la montaña de ilusiones e instalarse en la cima de los retos, como algo real, debidamente actualizado y fortalecido; y al mismo tiempo, estamos desesperados por ver a Vicente Padilla responder a las expectativas cabalgando sobre las exigencias.
Es difícil manejar emociones encontradas: mientras Hansak brilla intensamente en Triple A, después de haberlo hecho durante dos faenas en las Mayores, Padilla con tres derrotas al hilo y mostrando una preocupante efectividad de 6.62, parece estar moviéndose grotescamente entre ruinas.
Las primeras señales de una temporada, no siempre son claras, ni precisas. No hay deporte más engañoso que el beisbol. Traten de enseñarme otro deporte en que un bateador de bolas de trapo como Marco Scutaro, quien conectó 5 jonrones en 117 juegos, se convierta en una reencarnación de Babe Ruth frente al temible Mariano Rivera, conectándole un jonrón matador de tres carreras. Amigos, si los Yanquis pierden el Este por un juego de diferencia con Boston, la culpa será de este señor, que no sabemos si en ese momento estará en el roster de Oakland.
Alberto Pujols, un bateador de 14 jonrones en abril del 2006, apenas está comenzando a despertar, y Ryan Howard, parece estar en la lista de inhabilitados.
El año pasado, a esta altura, Padilla había derrotado a Tim Wakefield de Boston y Kenny Rogers de los Tigres, antes de perder ante Rich Harden de Oakland. Con balance de 2-1 y 4.76, continuó hacia su primera temporada de 15 victorias.
En este 2007, en la primera de sus tres años de un contrato de 33.75 millones de dólares, todo está peligrosamente al revés, y los bombillos de la alarma se han encendido en el terruño.
Claro, Padilla no es Johan Santana, quien en el 2006, después de perder sus tres primeros juegos, consiguió un enderezamiento espectacular que le permitió ganar el premio Cy Young.
Atrapados por la excitación, todos creemos que los Medias Rojas están desperdiciando el inmenso talento de Hansak, útil como quinto abridor o relevista largo, y queremos organizar un “plantón” frente al Fenway Park, y pedir que lo llamen.
Es más, entre nosotros, hay ciertos pensando que Hansak está listo para rendir más que Padilla, lo que nos hace recordar cuando se creyó lo mismo de Albert Williams respecto a Denis Martínez, por señales que terminaron desvaneciéndose.
Ya llegará el momento de Hansak. No creamos que Boston está intentando hacerse el “harakiri”. También esperamos, por sus antecedentes y el diagnóstico sobre su futuro, que Padilla reaccionará de acuerdo a su potencial y su salario.
¿A quién le sonríe la suerte? Es una tenebrosa pregunta ante la cual el destino se vela, decía Stefan Sweig.