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Algo más que madera
Reyna Vallecillo Tapia
La autora es Responsable de Divulgación y Prensa del Inafor

Con frecuencia, cuando las notas informativas de los medios de comunicación nos hablan del sector forestal —sea de sus pros o de sus contras— éstos no dejan de reflejarnos la tala indiscriminada, los logros del Instituto Nacional Forestal (Inafor), o bien, sus fallos. Pocas veces presentan las consecuencias que implica tanta madera por aquí y por allá.

Generalmente, cuando pensamos en bosque solemos traducir su significado a trozas, metros cúbicos, dólares, muebles, artesanías. Lo relacionamos con nuestro poder adquisitivo y los beneficios económicos que puede traernos trabajar la madera a corto plazo, dada nuestras condiciones de pobreza. Con esto no quiero decir que el bosque no nos brinda este tipo de beneficios, pero para esto se requiere un manejo adecuado, o bien, crear plantaciones con ese fin de modo que, por medio de la reforestación, el recurso se renueve. Pese a lo anterior, nuestra visión debe ampliarse porque el cortoplacismo nos traerá graves consecuencias.

El bosque implica una variedad de beneficios para el planeta y, en particular, para Nicaragua. No podemos estar vendiendo la madera preciosa, que por lo general, proviene de árboles milenarios a extranjeros sin escrúpulos. Pero, en este caso, ¿quién resulta más inescrupuloso? ¿El que corta el árbol para obtener un beneficio inmediato, o quien le paga una irrisoria cantidad a un sujeto por destruir su Patria?

En las comunidades de la Costa Caribe se vende la madera a un costo mucho menor del obtenido por quien se la lleva, la transforma, lógicamente no en primera o segunda transformación, y la vende. En Rosita, Prinzapolka, Waspam, Desembocadura de Río Grande, El Tortuguero y Tasbapauni, nuestros indígenas en busca de una fuente de ingresos se han dedicado a “donar” los recursos forestales y, no se dan cuenta de que con una producción sostenible se puede ver al bosque como un medio de subsistencia perdurable por el hecho de que es un recurso renovable.

A los líderes de estas comunidades y a algunas otras les hago la pregunta: ¿vale la pena destruir el porvenir de su misma comunidad, de su familia, de sus pequeños? Debemos terminar con el cortoplacismo ya que para obtener lo brindado por el bosque se requiere manejo forestal, esto significa trabajo arduo, de aprovechamiento y regeneración, por varios años.

El recurso forestal no puede implicar para nosotros sólo unos dólares o leña para el hogar. Debe significar protección del suelo, desviación de radiaciones, conservación de la humedad y del dióxido de carbono, es un hábitat natural tanto para plantas y animales, generación de oxígeno, absorción de sustancias dañinas y de ruidos, significa producción de químicos tales como resinas, aceites, látex, productos farmacéuticos vitales para las enfermedades que agobian a la humanidad.

No se han preguntado la razón de la escasez de agua en nuestros hogares, las altas temperaturas, por qué este bochorno entre las 12:00 meridiano y las 2:00 de la tarde, por qué el río Coco hoy está seco. La respuesta es simple: deforestación.

Debemos darle la importancia al bosque, su verdadero significado, lo que encierra a grandes rasgos: clima, agua, biodiversidad, paisaje, genética, salud, son fuente de recursos para la humanidad, recursos recreativos, económicos, culturales, científicos, entre otros.

Hago un llamado a las autoridades regionales de la RAAN, RAAS, municipalidades en general, a iniciar en sus territorios procesos de reforestación. Actualmente, el Inafor a través del Fondo Nacional de Desarrollo Forestal (Fonadefo) trabaja con las Alcaldías formulando planes encaminados a regenerar áreas priorizadas por los gobiernos municipales.

El Fonadefo tiene como propósito el desarrollo forestal sostenible de nuestro país, expresado en el manejo adecuado de los bosques naturales, plantaciones y sistemas agroforestales.

Insto a todos los interesados a reflexionar y, por ende, a reforestar y promover el manejo forestal sostenible.

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