A mediados del siglo XIX, cuando la doctrina comunista marxista apenas estaba naciendo, se dijo —en realidad, lo dijeron Carlos Marx y Federico Engels— que un fantasma se cernía sobre Europa, “el fantasma del comunismo”. Aquel fantasma resultó ser un monstruoso régimen totalitario que en 1917 se impuso en Rusia y, luego, al final de la II Guerra Mundial, en 1945, en varios países de Europa Oriental y de Asia, lo mismo que en Cuba a partir de 1959 y casi en Nicaragua mediante la revolución sandinista de 1979 a 1990.
Pero a estas alturas del tiempo el comunismo en Europa es sólo un triste y penoso recuerdo. Ahora es sobre América del Sur que se cierne la amenaza del comunismo, con el nuevo nombre de “socialismo del siglo XXI”, el cual es auspiciado por el megalómano dictador venezolano Hugo Chávez que lo impulsa en varios países latinoamericanos con los fabulosos recursos económicos que obtiene de la producción y venta del petróleo de Venezuela.
Ecuador es uno de los países latinoamericanos que está cayendo en la trampa neocomunista del “socialismo del siglo XXI”. En efecto, el Ecuador está gobernado por el líder populista de izquierda Rafael Correa, quien ganó la elección presidencial en noviembre del año pasado con el 58.67 por ciento de los votos, o sea más de veinte por ciento arriba del porcentaje con el que Daniel Ortega obtuvo la Presidencia de Nicaragua gracias a Arnoldo Alemán y el PLC.
Pero Rafael Correa no consiguió ningún diputado porque su partido Alianza País no presentó candidaturas parlamentarias, sólo la presidencial. Sin embargo, inmediatamente después de que asumió la Presidencia de la República, Correa se coludió con el Tribunal Supremo Electoral para destituir a la mayoría (57, de un total de 100) de los diputados propietarios, que son abiertos opositores al proyecto dictatorial correísta y por eso fueron sustituidos con los suplentes, quienes a cambio de ocupar permanentemente las curules y disfrutar de los beneficios del poder se pasaron al lado de Correa.
Sin embargo, con el actual Congreso el presidente Correa no puede cambiar las bases ni la organización y orientación del Estado para imponer su proyecto de “socialismo del siglo XXI”, de manera que se ha debido llamar a un plebiscito que tendrá lugar el próximo domingo 15 de abril corriente, en el que se decidirá si se convoca o no a una asamblea constituyente.
La asamblea constituyente solicitada por Correa tendría poderes absolutos, podría hacer todo lo que el izquierdista presidente ecuatoriano quisiera. De esa manera el fantasma del comunismo que ahora es llamado “socialismo del siglo XXI”, se convertiría en una trágica realidad en Ecuador, que “avanzaría” hacia atrás para convertirse en un Estado y una sociedad ni más ni menos como es Cuba.
Según analistas políticos ecuatorianos 9.2 millones de ciudadanos ecuatorianos están llamados a votar el domingo próximo. Y de acuerdo con una encuesta dada a conocer esta semana por una firma privada que se denomina Cedatos, un 63 por ciento de los encuestados votaría a favor de la convocatoria de la constituyente de Correa, 20 por ciento votaría en contra y 17 por ciento anularía el voto o votaría en blanco. Se asegura que Correa necesita que al menos 3 millones de personas voten a favor de la convocatoria de la constituyente, considerando que podría haber un ausentismo de 30 por ciento y tomando en cuenta el porcentaje de votación en blanco o nula que está previsto.
De manera que depende de los mismos ciudadanos ecuatorianos y no sólo de la voluntad del presidente Rafael Correa, que se pueda imponer en Ecuador el “socialismo del siglo XXI”, o que el país se enrumbe por el camino de la democracia y la libertad. Precisamente, la principal diferencia que hay entre el comunismo del siglo XIX y XX y el “socialismo del siglo XXI”, es que el primero tenía que instaurarse por medio de la violencia armada, a sangre y fuego, en tanto que el segundo utiliza las instituciones democráticas y aprovecha el voto de los ciudadanos para imponerse. Pero el fin es el mismo.
Es crucial, por lo tanto, y no sólo para los ecuatorianos sino también para los nicaragüenses y todos los latinoamericanos, la votación que habrá este domingo en Ecuador. Y ojalá que los ecuatorianos puedan elegir la democracia y la libertad.