Sin duda que una acción parlamentaria unida del PLC con ALN, más el MRS, frenaría el impulso autoritario del gobierno sandinista de Daniel Ortega. En realidad, la Asamblea Nacional es el escenario más apropiado para defender la democracia y el sistema de libertades públicas e individuales imperante —hasta ahora— en Nicaragua, pues los diputados tienen a su disposición los instrumentos legales e institucionales necesarios para impedir que el país sea arrastrado a una nueva dictadura.
Pero lamentablemente hasta ahora no se ve ninguna posibilidad de que las bancadas del PLC y ALN se unan en pos de ese objetivo primordial. Al contrario, la insistencia de los portavoces del liberalismo arnoldista en que en vez de concertar acciones parlamentarias hay que unificar al partido —bajo el liderazgo, por supuesto, del reo Arnoldo Alemán— indica que a ellos no les interesa defender la democracia y la libertad de los nicaragüenses.
De manera que cabe preguntarse si el PLC es aún una fuerza verdaderamente democrática. Al respecto es interesante considerar el planteamiento de los ideólogos del sandinismo orteguista, en el sentido de que el acuerdo de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán y del FSLN con el PLC, ha dejado de ser un simple pacto de conveniencias políticas y económicas y se ha convertido en un proyecto estratégico para asegurar la estabilidad del país a largo plazo, mediante la alternancia en el poder de las dos fuerzas electoralmente mayoritarias. Un proyecto estratégico, dicen, que basa en la creación de una nueva “burguesía nacional antiimperialista y antioligárquica”, la que está integrada por quienes amasaron sus capitales por medio de la piñata sandinista y la corrupción arnoldista.
El concepto de burguesía nacional es una antigua tesis leninista para países en vías de desarrollo, como Nicaragua, basado en un planteamiento de Vladímir Ilich Lenin en 1920: “Los imperialistas son opresores no sólo de los obreros de sus países, sino también de la burguesía de los pequeños Estados”. Pero ese planteamiento leninista es demasiado sofisticado para aplicarlo a un caso tan pedestre como el pacto libero-sandinista. En todo caso no es más que un esfuerzo intelectual a fin de darle respetabilidad a un vulgar entendimiento entre cabecillas políticos para asegurarse jugosas cuotas de participación en el poder; un pacto que por la situación de rehén de la “justicia” sandinista en la que se encuentra el reo Arnoldo Alemán, ha obligado a los liberales arnoldistas a hacerle el juego a la estrategia del sandinismo orteguista que persigue restaurar la dictadura e imponer el “socialismo del siglo XXI” en Nicaragua.
Sin embargo, al quebrantar la institucionalidad democrática del país y facilitar los objetivos estratégicos de Daniel Ortega y el sandinismo danielista, la política pactista del PLC le ha causado un grave daño a toda la nación y ha perjudicado también a los miembros de base, líderes intermedios y simpatizantes del PLC que son genuinamente democráticos. De manera que una acción común de las dos bancadas liberales en la Asamblea Nacional para contener el impulso dictatorial y autocrático de Daniel Ortega, sería en beneficio de todos los liberales, tanto de los que militan bajo las banderas de la ALN como de los que pertenecen o simpatizan con el PLC.
El reo Arnoldo Alemán calcula que él puede recuperar las bases liberales que se llevó la ALN y cree que no importa darle a Daniel Ortega la reforma constitucional que le permita presentar su candidatura presidencial para la reelección, en los comicios del 2011, así como mantener el umbral electoral del 35 por ciento, porque él, Alemán, al ser también candidato presidencial derrotaría fácilmente a Ortega. Lo que al parecer no advierte el reo caudillo del PLC, o no le importa, es que de hecho le está dando a Daniel Ortega la posibilidad de quedarse en el poder para toda su vida, como Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela, y de volver a destruir el país con el socialismo como ya lo hizo en los años de 1979 a 1990.
Entonces, ¿está todo perdido? Creemos que no. Aún hay tiempo y posibilidad de salvar a Nicaragua. El PLC tiene todavía la posibilidad de rectificar, de recuperar su honor y ponerse al servicio de la democracia y la libertad de los nicaragüenses. Y ojalá que las fuerzas sanas que sin duda hay en el PLC se animen a dar la batalla, antes de que sea demasiado tarde.