La ausencia de un Poder Judicial independiente, no sometido al poder político y del gobierno del momento, es hoy en muchos países de la región latinoamericana el mayor escollo para asegurar el pleno funcionamiento de las instituciones republicanas. Constituye la demostración más elocuente del nivel de la crisis de la democracia.
El reconocido filósofo y autor vasco Fernando Savater, interrogado (1) sobre la “permeabilidad” de los sistemas democráticos, dio en el clavo: “Creo que en Latinoamérica —respondió— aparte de que cambien los políticos primero, tendrían que cambiar otras instancias. Por ejemplo, yo creo que la clase judicial en casi todos los países americanos es… bastante infiel”.
Quizás sea esa la palabra precisa. ¿Pero infiel a qué? Infiel a la misión casi sagrada que la sociedad le ha confiado. Una buena parte de los jueces hoy parecen haberse olvidado de la majestad de la ley, haber renunciado a la independencia y estar afiliados, por la presión, el miedo, el interés, la ideología o “voluntariamente” a una especie de régimen de “obediencia debida” a los poderes y a los mandamás del momento. Indigna y produce un genuino rechazo ver a los jueces moverse al “vaivén” de los gobernantes, ya sean los militares de ayer o los neoautoritarios de hoy.
Y Savater no se quedó ahí; haciendo gala de su fina puntería advirtió que “…los políticos más o menos de izquierda consideran que deben tener más o menos impunidad ante los jueces, o los jueces son utilizados como herramientas políticas.”
¿A quién se referiría el escritor vasco al hablar de “políticos más o menos de izquierda”? ¿Al ecuatoriano Rafael Correa que se vio “beneficiado” de la decisión de un tribunal electoral que le eliminó la oposición en el Congreso unicameral de 100 miembros, “destituyendo” de “un saque” e ilegítimamente a 57 diputados? ¿Probablemente fuera a Chávez y su congreso legislativo (nunca tan bien utilizado el posesivo) que han cuestionado al Supremo Tribunal por una decisión que les ha disgustado? En cuanto al tema de la impunidad, para el caso del “comandante bolivariano es total. En eso ya igualó a Fidel. Nadie se atreve ni siquiera a preguntar cómo maneja la inmensa riqueza de los venezolanos ni a quiénes ni adónde van a parar tanto petrodólares.
También encaja perfecto con Kirchner, el que en estos días ha reanudado su ataques a tribunales judiciales, jueces y hasta enfrentado a la Suprema Corte de Justicia. El verborrágico mandatario argentino con su caballito de batalla de los derechos humanos reprocha y presiona a los magistrados. La táctica kirchnerista de “los blancos fáciles”, le sirve para desviar el tema de los “blancos reales” que quiere ocultar. En sus diatribas alardeó de que no lo iban a asustar con investigaciones judiciales sobre casos de corrupción en su gobierno. Kirchner trata de meter miedo y busca impunidad para sus “investigados” ministros, colaboradores y amigos y para su comprometida administración.
Sin duda lo de Savater le cae justo a cada uno y a todos ellos, y también a los otros gobiernos que presionan o ya cuentan con “sus” jueces y fiscales, a cuya acción suman otros instrumentos como la vía impositiva y las oficinas recaudadoras para “registrar” a los ciudadanos y mantenerlos en vilo creando una especie de espanto permanente.
Para peor aun, esa “infidelidad” de los jueces, de por sí gravísima, no se agota en sí misma sino que nos descubre una realidad más terrible y es que hoy en Latinoamérica muchos millones de sus ciudadanos viven en estado de libertad condicional.