Hace unas semanas, con motivo del Día Mundial del Agua que se celebró el 22 del recién pasado mes de marzo, una organización ecologista internacional llamada en inglés World Wildlife Fund (WWF), presentó un informe sobre “los principales diez ríos del mundo en peligro”, en el que mencionó que cinco de ellos se están muriendo o padecen una alarmante reducción de sus caudales: Ganges, Indo, Yangtsé, Mekong y Salween, en Asia; Danubio, en Europa; Nilo-Lago Victoria, en África; Bravo o Grande, en América del Norte, De la Plata, en América del Sur; y el Murria-Darling, en Australia.
El nicaragüense río San Juan no aparece en el reporte de World Wildlife Fund, seguramente porque no es uno de los más grandes del mundo. Sin embargo, el río San Juan es muy importante en la historia y el ecosistema de Nicaragua y con toda seguridad debería de estar entre los que actualmente corren grave peligro de perecer.
En una frase de promoción turística por medio de la Internet, se dice que el río San Juan “es un verdadero trozo del paraíso encarnado en la geografía nicaragüense que insufla vida, esperanza e inspiración al visitante”. Esa hermosa frase refleja una realidad que existió hace muchos años pero que ahora no existe porque el río San Juan ya no es lo que fue en el pasado; y no por su propia culpa sino por la indiferencia de los mismos nicaragüenses y sobre todo por la irresponsabilidad de los gobernantes, que no sólo lo dejan morir sino que son causantes de su enfermedad y agonía.
No hace mucho, el 23 de marzo recién pasado LA PRENSA publicó la información de que el municipio de San Juan de Nicaragua (antes San Juan del Norte), “está al borde de una verdadera hambruna, provocada por la reducción del caudal navegable del río San Juan, que ya no permite el paso de las embarcaciones de carga y tiene a la población sin la mayoría de los alimentos que necesitan, sobre todo en las comunidades localizadas en las montañas”. Agregó la mencionada información que en el delta del río Colorado, “casi el 90 por ciento de las aguas se internan en territorio costarricense y desembocan en el Caribe; mientras el río San Juan se convierte en un pequeño y lento riachuelo que no permite la navegación de lanchas de carga. Hay puntos en los que el caudal no sobrepasa los cincuenta centímetros”.
Pero el problema del río San Juan afecta no sólo a los habitantes de ese municipio. Todos los habitantes de las zonas situadas a lo largo de las riberas y en la cuenca del río San Juan, están padeciendo las consecuencias de la enfermedad y de la lenta agonía que sufre el otrora gran río de Nicaragua. Las autoridades civiles y militares que tienen que ver de una u otra manera con el río San Juan, dicen que es imperiosamente necesario dragarlo por lo menos en el tramo de 30 a 46 kilómetros que va desde el delta del Colorado hasta la desembocadura en la barra del San Juan. Y “apenas” son de 10 a 15 millones de dólares, los que podría costar ese dragado, según el director de la Empresa Portuaria Nacional.
El dragado del San Juan es un proyecto que supuestamente se ha querido impulsar desde hace varios años. Sin embargo no se ha hecho porque no se ha podido conseguir el financiamiento externo, pues aquí las obras de progreso sólo se hacen con fondos extranjeros mientras las contribuciones de los nicaragüenses son consumidas por un Estado despilfarrador y una burocracia tan grande en número como en codicia y rapacidad.
Por supuesto que no sólo dragado necesita el río San Juan, sino también la reforestación de su cuenca así como acciones efectivas contra la contaminación causada por los desechos agroquímicos y aguas residuales, que proceden sobre todo de Costa Rica. Y es evidente que nada de eso se ha hecho ni se está haciendo al respecto, mientras, como escribiera hace 37 años el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, el río San Juan sigue siendo como “los pies descalzos de una Nicaragua, que habiendo nacido de las aguas, jamás ha aprendido a navegar sobre ellas”. Peor aún, ahora estos pies no sólo están descalzos, también están llagados y en grave peligro de ser amputados.