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El discurso de Goliat
Franklin Bordas Lowery
El autor es escritor.

Relacionamos el lenguaje amenazador, ofensivo, dañino y venenoso con Goliat, hombre de elevada estatura, voz estentórea y retador por excelencia. Enemigo voluntarioso y lleno de soberbia; capaz de retar al mundo por una mala mirada. Goliat dijo a gritos: “Hoy yo he desafiado el campo de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo”.

La seguridad de Goliat era estremecedora. El relato habla de un hombre con una estatura de casi tres metros, un casco de bronce y una coraza de escamas, cuyo peso se estima en más de 110 libras. Polainas de bronce en sus piernas y una jabalina, cuya punta tenía un peso mayor a las quince libras. Un hombre monumental, capaz de atemorizar a cualquier guerrero israelita de primera clase.

Este gigantesco guerrero estaba poniendo en la mesa de negociación dos estados, cuya soberanía se resolvería por un combate entre dos hombres, lo que evitaría mayor derramamiento de sangre. El perdedor haría a su nación, esclava de la otra. Simple. Pero nadie en el ejército israelita tenía la condición física del orgulloso retador, que durante cuarenta días aterrorizó, con sus imponentes y desafiantes gritos, a que se presentase un hombre a luchar contra él.

Las naciones muchas veces son manoseadas por sus gobernantes. Si fuera posible la pondrían sobre la mesa en un juego de póquer, como si se tratara de cualquier inútil bien personal, que a gusto puede prendarse, canjearse o negociarse. El lenguaje empleado por Goliat es atrevido, altanero, confuso, demagógico. ¿Quién autorizó a Goliat a semejante proposición? Seguramente fue a espaldas de los ciudadanos, que este aterrador gigante estaba comprometiendo la seguridad y la honra de la nación, arrogándose un mandato tan riesgoso, que ni el mismo rey hubiese autorizado.

La búsqueda de gloria personal parece ser muy popular en la historia de los gobernantes, es como una enfermedad letal. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a creerse más grande que Dios, y terminó comiendo hierba del campo, como los bueyes. Herodes murió engusanado. Los gobernantes y su sed de gloria convierten a sus naciones en territorios de miedo, inseguros, desérticos. Sus pobladores comienzan a acariciar ciudadanías foráneas y tienen que renegar del suelo que los vio nacer y que tanto aman.

El proceso es el mismo. ¿Qué tenía Goliat que le daba tanta arrogancia? Su tamaño, era mayor en estatura que los demás. Pero también tenía soberbia y una boca incontrolable. En el presente, quizás algunos miden su tamaño, por su capital y éxito financiero, el éxito político, los bienes etc. y con su boca igualmente incontrolable y desafiante, retan sin evaluar riesgos y consecuencias de su lengua disoluta, que finalmente convierten en su mayor debilidad.

Goliat es el típico e incontrolable “bocazas”. Que hasta podría retar cucarachas con el fin de ser aplaudido. Imprudente, impertinente hasta la saciedad, cuarenta días estuvo fastidiando con sus gritos a los soldados israelitas, buscando un buen enemigo, un contendiente que quizás no encontraría. Pero el relato bíblico es sorprendente, un jovencito, casi un niño, sin tamaño ni preparación militar, sin casco, ni armas de guerra, de una artera pedrada le dio muerte. Y Goliat fue silenciado y termina el relato bíblico con una gran terrible derrota para los filisteos.

Hoy los psicólogos cristianos definen a Goliat como ese “ogro interior” que cargamos dentro, ese personaje que nos obliga a retar a los demás haciéndonos creer superiores. Sólo Jesús puede librarnos de esa infame mentira con que ocultamos nuestras debilidades, vociferando y retando en contra de los demás. Ser como Goliat es voluntario, pero recuerda, siempre serás el blanco de la más ignominiosa derrota.

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