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Noticias >> Economía
(FOTOS LA PRENSA/ AMÉRICA ECONOMÍA)
Los ojos en la banca
Los mayores grupos financieros del mundo invierten millones en el istmo, pero aún tienen dudas
Andrea Tunarosa
Ciudad de Guatemala

Sin corbata y con las mangas enrolladas, el mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, recibió al presidente del tercer banco más grande del mundo, el Hong Kong Shanghai Banking Corporation (HSBC), a mediados de febrero.

La visita de Stephen Green a los países centroamericanos era de esperarse. Después de todo, el pasado noviembre HSBC compró el banco panameño Banistmo, por US$1,800 millones. Una movida con la que demostró que “el banco local del mundo” también quería estar en el pedazote de tierra que va de Guatemala a Panamá.

HSBC no es el único que hace amigos en Centroamérica. Una semana después de la visita de Green los presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador se reunieron con Charles Prince, director ejecutivo de Citigroup, en un lujoso hotel de México D.F. Tampoco extraña. Entre octubre y diciembre del 2006, el mayor banco estadounidense adquirió dos de los grupos financieros más grandes de la región: Grupo Financiero Uno (GFU) y Banco Cuscatlán.

La llegada de HSBC y Citigroup no es casualidad. Es parte de un proceso de internacionalización de la banca centroamericana que comenzó cuando la estadounidense GE Consumer Finance compró el Banco de América Central (BAC) en mayo del 2005, unos meses antes de que Scotiabank ganara la puja por el salvadoreño Banco de Comercio. Dos hechos que hicieron de Centroamérica la niña más codiciada de los bancos globales.

A partir de entonces, “la industria bancaria del istmo se convirtió en un juego de las sillas, donde el competidor que no adquiriera pronto un banco se quedaría sin jugar”, explica Mauricio Choussy, director ejecutivo de la calificadora de riesgo Fitch Ratings Centroamérica. “De ahí que la llegada de nuevos jugadores a la región estimulara a los demás a buscar una silla donde sentarse”.

Para Citigroup, ganarse su puesto no fue pan comido. En el primer caso, Scotiabank y General Electric (GE) pulsearon por quedarse con las operaciones de GFU. Incluso HSBC veía en el grupo la oportunidad de entrar a la región de la mano de una institución sólida que, según datos del propio banco, tuvo un crecimiento acumulado superior al 25 por ciento anual en los últimos tres años y alcanzó más de un millón de clientes. En el caso de Cuscatlán, la transacción alcanzó los US$1,510 millones, pero le sumó a Citigroup 1.2 millones de clientes en el área de banca personal y unos 45,000 en banca corporativa.

¿Por qué Centroamérica? Al parecer, la región se ha puesto más atractiva que nunca. Después de los ochenta, las economías centroamericanas alcanzaron niveles aceptables de estabilidad, bajas tasas de inflación, altas reservas monetarias y tasas sostenidas de crecimiento económico. Según José Guillermo Salazar, presidente de la Fundación para la Investigación Económica (FIE), todos ellos son “requisitos indispensables, mas no suficientes”, para explicar por qué el istmo seduce a los extranjeros.

“Sólo el crecimiento de las remesas familiares desde EE.UU. supuso el ingreso de aproximadamente US$14,000 millones en el 2006”. Eso, sumado a la llegada de importantes flujos de capital privado, una industria turística de US$3,000 millones anuales y la suscripción del tratado de libre comercio con EE.UU. apuntan hacia un futuro muy prometedor, donde la banca jugará un papel protagonista. Basta con ver que el nivel de bancarización (crédito al sector privado como porcentaje del PIB) de la región alcanzó apenas un 36 por ciento en el 2006.

El problema es que la región también es temeraria. Especialmente porque en el tema de regulación, internacionalización y solidez no necesariamente van de la mano. Según un estudio de Fitch Ratings, los esfuerzos de los entes reguladores se han dirigido a mejorar las prácticas en cada país, pero no a homogeneizar la regulación. “Una necesidad cada vez más imperante en un contexto de intensos procesos de fusiones y adquisiciones, aumento de operaciones no domiciliadas y existencia de conglomerados financieros regionales”, señala el estudio.

La falta de coordinación pone en la cuerda floja la buena salud de la industria. “Mientras existan marcadas diferencias en el nivel de desarrollo y de regulación de los mercados financieros de Centroamérica, su volatilidad propiciará conductas riesgosas y el continuo aprovechamiento del arbitraje regulatorio”, concluye el estudio. Jeanne del Castillo, analista de Moody’s, coincide con esta visión: “Una cosa es tener la legislación en papel y otra es que esas reglas formen parte de un sistema”. Podría ser cuestión de tiempo, pero el riesgo es perder la confianza de la gente.

Temblor en Guatemala

El caso de Guatemala, aunque aislado, ilustra cuánto incide el tipo de legislación en el desarrollo del sistema financiero de un país. En menos de tres meses se produjo la quiebra de dos bancos por razones que iban “más allá de la mera ineficiencia gerencial del banco”, explica Fritz Thomas, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala.

Bancafé, el cuarto banco del país por número de activos, se vino abajo por la quiebra de Refco, una firma de corretaje en EE.UU., donde Bancafé International (BIB), el brazo off-shore del grupo guatemalteco, tenía más de US$200 millones invertidos.

Para cubrir sus pérdidas en BIB, el banco incumplió con la legislación guatemalteca, extendiendo créditos a la off-shore por más del 15 por ciento de su patrimonio. Por su parte, la quiebra de Banco de Comercio fue “el clásico caso de un banco pequeño que es utilizado por los socios para obtener créditos a mejores tasas y financiar sus propios negocios”, explica Thomas.

No obstante, como la legislación permite “socializar” las pérdidas de un banco, las autoridades echaron mano de más de US$250 millones para cubrir los depósitos. Una decisión cuyos efectos inflacionarios ponen en tela de juicio el carácter proteccionista del sistema.

Si la supervisión fue oportuna o no, aún está por determinarse. Lo cierto es que Guatemala puso de manifiesto la importancia que tiene la información financiera que publican los reguladores en cada país. Así, la llegada de bancos internacionales será un espaldarazo a la seguridad del sistema. Al haber una mayor diversidad de jugadores, los bancos locales se verán obligados a competir de acuerdo a estándares de clase mundial y bajo regulaciones prudenciales más altas.

El analista Francisco Beltranena agrega que los jugadores globales cambiarán el paradigma bancario. “La banca del istmo creció en el contexto proteccionista del Mercado Común Centroamericano de los sesenta, que promovía el financiamiento de las industrias locales mediante la sustitución de importaciones”, explica.

Hoy, mientras las economías de escala sean los motores de esa consolidación, la banca centroamericana seguirá una tendencia similar al resto del mundo: “Más variedad de productos financieros en canales más baratos, como internet”, señala Del Castillo, de Moody’s. Asimismo, el respaldo de las corporaciones globales servirá como una inyección de liquidez al mercado.

La pregunta que todos se hacen es qué estrategia seguirán los bancos extranjeros para crecer en la región: ¿banca de consumo, banca corporativa o una mezcla de ambas? Citigroup parece tenerlo claro. Con la compra de GFU, el mayor emisor de tarjetas de crédito en la región, el grupo estadounidense expandió sus horizontes hacia el consumo. Mientras que con la de Cuscatlán, un banco orientado a la banca corporativa y al comercio internacional, se garantizó una posición sólida en el segmento de empresas. Las decisiones van bien con la estrategia del grupo. El mismo Prince afirma que su banco apostará por los mercados emergentes, donde las tasas de crecimiento son más prometedoras.

Negocios no tradicionales

Por esa misma razón, los jugadores globales tendrán que competir incluso en áreas de negocios no tradicionales. Para Citigroup, “la adquisición de Cuscatlán abre un canal con los inmigrantes latinoamericanos que envían remesas desde EE.UU.”, señala Salazar, de FIE. De hecho, los planes del banco salvadoreño incluían la ampliación de su presencia en el país norteamericano, aumentando el número y tipo de servicios que ofrecen a los inmigrantes.

La estrategia de HSBC va en la misma línea. En un cuestionario escrito, Stephen Green dijo a AméricaEconomía que “en las próximas décadas, la mitad de las oportunidades de negocio se originarán en mercados emergentes de alto crecimiento”. Por eso la compra de Banistmo coincidió con la reciente creación de una oficina central para Latinoamérica y el Caribe en México. De hecho, previo a ser adquirido, el banco panameño impulsó el área de medios de pago para competir con Credomatic, propiedad de GE, y con la compra de Banco Salvadoreño, a finales de 2005, abrió la puerta al microfinanciamiento. “Nuestra ventaja será la experiencia que tenemos en el segmento de banca comercial, que incluye productos para la pequeña y mediana empresa”, afirmó. De igual forma, ampliar su presencia en el istmo les permitirá “servir a las grandes multinacionales que, como Bimbo, Petrobras y Maseca, siguen creciendo en la región y el continente”.

Esto no significa que el futuro sea gris para los bancos locales. “Existe un espacio para los que tengan una base de clientes bien establecida”, apunta Del Castillo, de Moody’s. Claro, “siempre y cuando logren niveles de eficiencia similares a los de la banca internacional”.

Banco G&T Continental se mueve en esta dirección. Al comprar al salvadoreño Banco Americano, en el 2006, el grupo guatemalteco apuesta por atender a las empresas del país vecino que tienen relaciones comerciales con Guatemala.

No obstante, Leonardo Bravo, analista de crédito de Standard & Poor’s, advierte que, extranjero o local, “el desempeño de los bancos dependerá mucho de las economías de los países, que en su mayoría están vinculadas al precio de los commodities”. Además, la consolidación apenas se inicia. “En Costa Rica, donde la banca pública aún es fuerte, la consolidación se dará entre los pequeños, mientras que en El Salvador y Panamá, dominados por bancos extranjeros, las fusiones serán pocas”, explica Bravo.

El escenario guatemalteco podría ser muy movido en los próximos años. “El país llegó a tener 35 bancos en el año 1997, un número ilógico para el tamaño del mercado financiero local. Hoy tiene 18”, explica Salazar, de FIE. “Las fusiones continuarán, tal vez con mayor intensidad entre los grupos nacionales”. Los últimos casos ocurrieron cuando Banco Agromercantil absorbió las operaciones del Banco Corporativo y Banco Reformador, las de Banco SCI. Las quiebras de Bancafé y Banco de Comercio también fueron motivo de absorciones a finales del 2006.

Para Choussy, de Fitch, “el problema es que si los bancos salen de compras, pero no capitalizan al mismo ritmo, se crea un mercado con menos bancos, pero no por ello más consolidado”. Los internacionales tampoco han terminado su shopping. A comienzos del 2007, GE puso un pie en Honduras para comprar el Banco Mercantil y tras bambalinas se comenta que HSBC está ansioso por sacar la billetera una vez más. En su mira está el Banco Industrial, el mayor banco de Guatemala por número de activos.

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