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La rebeldía necesaria
Francisco Blandón
El autor es Presbítero, Párroco de Catedral San Juan, Jinotega

Cuando Jeannette Rodríguez canta aquello de “soy rebelde porque el mundo me hizo así”, yo en verdad no puedo evitar que me suba a los labios una sonrisa entre irónica y compasiva. Porque ni la carita de la niña, ni la musiquita de su canción, ni los contoneos de sus bailes con los que acaompaña la canción me parecen a mí, precisamente, un ejemplo de rebeldía. Cuando una rebeldía de payasada, con la que vive la mayoría de nuestra generación.

¿Estoy, con estas palabras, metiéndome con la idea de la rebeldía? ¿Voy a aconsejar, a continuación, el conformismo, el dejar la cosas como están, el no hagan olas? ¡Dios me libre! La verdad es que entre un conformismo burgués y una rebeldía, apuesto siempre por lo segundo. Porque pienso que el que está satisfecho o se siente a gusto en el mundo en que vivimos, o está ciego o tiene muy corta el alma. Y quien, a continuación, se asome a su corazón y encuentre placentero el panorama es que nació con espíritu de durmiente. Un hombre, joven o viejo, pero más si es joven, ha de pertenecer a la raza de los insatisfechos, y esa insatisfacción le llevará, inevitable y afortunadamente a alguna forma de rebeldía

Pero, precisamente porque esa rebeldía es tan necesaria, es por lo que tenemos que examinarla con lupa, en especial los nicaragüenses. Y preguntarnos contra qué nos rebelamos, de dónde nos brota esa rebeldía y cómo vamos a realizarla para que no se nos convierta en resentimiento y amargura. Porque rebeldías hay muchas y no todas exactamente constructivas.

Había que empezar por preguntarse contra qué nos revelamos. Y la respuesta es sencilla: contra el mal, contra la injusticia, contra la mediocridad, contra la corrupción, contra la pobreza... Y, para ello, habrá que empezar por el propio corazón.

A mí me hacen gracia esos rebeldes que no estudian, ni trabajan, ni son justos con los que les rodean. Esto no es rebeldía, cuanto más son simples ganas de molestar. Toda rebeldía verdadera empieza en el espejo... me hace gracia la rebeldía de Hugo Chávez, Daniel Ortega... ¿Contra quién son rebeldes...?

La segunda gran pregunta es la que nos advierte sobre los peligros históricos de todas las rebeldías y nos obligan a estudiar con qué fuerzas y con qué alma contamos para emprenderlas. Porque hay dos hechos que la historia confirmó miles de veces: que de cada cien rebeldías (en lo político —revolución sandinista— en lo militar, en lo cultural) fracasaron, aún mas grave; que como escribía Concepción Arenal, de las pocas rebeldías triunfantes, ni una sola llena el objeto que, al rebelarse, se habían propuesto los rebeldes. Nuestra historia está dramáticamente llena de rebeldes (Daniel Ortega de los más actuales)... que, al llegar al poder, se volvieron burgueses, o se fueron a extremos opuestos, o comenzaron a aplicar las misma leyes que combatían. Lo mismo que al fracasar (1990) se convirtieron en simples resentidos con una oposición destructora. Hay que tener mucha cantidad de alma para soportar un fracaso. Y mucha más para sobrellevar una victoria. Sin ello se hace verdad la terrible constatación de Scherr: “Los rebeldes de ayer son siempre los déspotas de hoy”.

Pero más importante es aún la tercera cuestión: ¿qué tipo de rebeldía es la nuestra? Y aquí la respuesta tajante la da Ortega y Gasset: “La única verdadera rebelión es la creación. El diablo es el patrono de los pseudo rebeldes”. Exacto: rebelarse para destruir es lo más fácil del mundo; decir “esto no me gusta”, “esto hay que cambiarlo”, “esto está mal hecho”, es muy sencillo; lo difícil es saber por qué lo cambiamos, qué construiremos en su lugar.

Crear y curar, ésa es la verdadera rebeldía. Destruir el mundo, arrasar lo que no nos gusta, elaborar grandes proyectos, gritar con el mal (Hugo Chávez y Ortega) eso es como un niño que, en la playa, se cree rebelde porque destruye de una patada un castillo de arena. Pero la rebeldía que Nicaragua necesita es la que crea, cura, ayuda, alivia, mejora, alimenta a la humanidad. Lo demás, los que se quedan en sueños y palabras, los que son muy agudos críticos, los que sólo saben lo que quieren destruir, son simples rebeldes basura.

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