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Entre las consejerías y el diseño
Ena María Pérez, su propia experiencia fue su inspiración
Gloria Picón Duarte
Un consejo y sus metas

En el futuro desea dedicarse por completo a las consejerías.
Metas: en el futuro le encantaría dedicarse por completo a las consejerías y tener un lugar propio para hacerlo. “Yo siento un deseo de servir a Dios y lo hago sirviendo a esta gente (personas con adicciones), me di cuenta de que el motivo de estar aquí es servir a Dios a través de ellos”.
Consejo: “sean ustedes mismas, no se dejen influenciar por los demás, siéntanse valiosas por sí mismas”.

De hablar pausado, tierna, espontánea y optimista, así es Ena María Pérez Garay, quien después de criar a sus tres hijos empezó a estudiar una carrera profesional. Actualmente tiene una carrera técnica en consejería de adicciones y, además, es diseñadora de interiores.

Se casó cuando tenía 17 años, ni siquiera había terminado su bachillerato, durante muchos años se dedicó al hogar pero cuando sus hijos crecieron y cada uno se independizó, se quedó con el síndrome del nido vacío, entonces decidió usar su tiempo para realizarse profesionalmente, porque tenía un vacío que necesitaba llenar, para esta época ya pasaba de los 40 años, “me probé a mí misma que nunca es tarde y que siempre que uno quiera se puede realizar”, afirma muy orgullosa.

Primero empezó con una carrera técnica en consejería de adicciones, luego decidió estudiar diseño de interiores, ya que la decoración es algo que siempre le ha gustado y se le ha dado de forma natural, cuando abrieron la carrera de diseño de interiores en Nicaragua, miró la oportunidad de profesionalizarse.

“Actualmente me estoy dedicando a dar terapias a personas que se están recuperando de adicciones, las dos carreras me encantan y una se complementa con la otra, porque en terapia usamos mucho la terapia de arte ya que cuando la gente no puede decir algo de forma verbal, lo expresa mediante el dibujo”, dice.

Lo que motivó a doña Ena a trabajar en terapia de adicciones fue su propia experiencia, confiesa que hubo un momento en su vida en la que se sentía vacía y recurrió a los tranquilizantes, luego no podía dejarlos. “Fue duro dejarlas, me sentía encadenada, tuve que luchar duro, sentí como que me quitaban un bastón y comprendí que cualquier tipo de adicción es encadenante. Entonces decidí luchar, la primera noche que logré dormir sin una pastilla sentí que había ganado una victoria. Yo siento un deseo de servir a Dios, sirviendo a esta gente”.

En el 2002 entró a la universidad a estudiar Diseño de Interiores, todas sus compañeras eran jovencitas y ella pasaba de los 40; sin embargo, cuenta que fue una etapa muy linda, se llevó muy bien con las muchachas y vivió lo que de jovencita no pudo vivir.

Actualmente está viviendo una nueva etapa en su vida, es abuela de una bella niña y su segundo nieto está en camino, señala que se siente en armonía con Dios, con su entorno y con ella misma.

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