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Hasta el ex Presidente Enrique Bolaños se detuvo un día a visitar a la popular Tere Armijo, de Somoto, a quien el cantautor Carlos Mejía Godoy inmortalizó en una de sus canciones. (LA PRENSA/ ARCHIVO)
Luto en Somoto por la Tere Armijo
Marlon Caldera Balladárez
CORRESPONSAL/ MADRIZ
nacionales@laprensa.com.ni

La torre del reloj de la colonial iglesia de Somoto, marcó con acento grave seis campanadas.

La Tere Armijo ha muerto a los 98 años, mientras en la Calle Real, la principal de la ciudad, una multitud se apostó en las aceras aledañas a la antigua casona que habitó hasta hace unos días.

El Almendro de’onde la Tere, la canción que ha recorrido el mundo en la voz del cantautor Carlos Mejía Godoy, le dio la fama a este personaje. Se trata de una historia de amor cantada, que tuvo como escenario la norteña ciudad de Somoto, a la sombra de un árbol de almendro, en el patio de la casa y a la vez pulpería de “la Teresita Armijo”, como cariñosamente era conocida.

Fue una mujer menuda pero fuerte, que hace apenas dos semanas cerró las puertas de su pulpería, aquejada por un delicado estado de salud, motivo por el cual fue trasladada a la vecina ciudad de Ocotal para ser atendida por familiares cercanos.

Los restos de Armijo regresaron ayer a Somoto, donde fueron velados toda la noche entre amistades, curiosos, y homenajes póstumos.

“La Tere fue una excelente amiga. La verdad era una mujer muy trabajadora y especial con sus amistades. Ella dejó de trabajar hasta que cayó en cama, porque siempre fue muy esforzada”, dijo con la voz quebrada su vecina y amiga, la profesora Isabel Ordóñez de Molina.

EL CIELO “LLORÓ A LA TERE”

A las nueve en punto de la noche, el féretro llegó a Somoto en medio de una multitud, justo en el momento en que comenzó a brisar. Para algunos, el cielo somoteño lloró la muerte de “la Tere”, que hace apenas un mes cumplió 98 años.

Muchos de los curiosos que llegaron a la vela, buscaron la manera de asomarse al patio para ver si en realidad existe “el almendro” en la casa de la que fuera por años mayordoma del Nazareno de Somoto, que este Viernes Santo hará la tercera estación del Viacrucis frente a la pulpería, sin que María Teresa Armijo se persigne a su paso.

Su estado de salud estaba deteriorado. Había perdido la vista hace algunos años y el sábado sufrió un derrame cerebral. Sus allegados esperaban la mala noticia y los rumores de su gravedad causaron gran pesar entre los somoteños que le tenían mucho aprecio.

PUNTO DE REUNIÓN

María, su gran amiga y empleada de años, lloró desconsolada su partida. María Teresa Armijo era más que su patrona, fue como su madre. María recuerda las largas conversaciones nocturnas en la pulpería, a menudo abarrotada de clientes y amigos que llegaban a comer sus famosas cajetitas, lecheburra y chupetas (helados) de leche.

Anoche, una barata (carro con parlantes) anunció con voz melancólica la muerte de “la Tere Armijo” por todos los rincones de Somoto.

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